2.20.2011

5. Taxistas Rápidos

Lo recuerdo como si fuera ayer, porque en realidad fue ayer. Había retomado mis estudios, después de mucho tiempo en un Instituto de Inglés muy conocido en Lima, deje de estudiar ahí por muchas razones, pero está vez iba a ser diferente, iba a terminar de estudiar todos los periodos para graduarme de una vez por todas. Con todas esas energías positivas llegué a la sede principal del Instituto ubicado en una esquina de las tantas que hay en Miraflores, me matriculé y esperé a entrar a clases. Antes de ello, había conversado con Gian Paul Barrera, uno de mis nuevos mejores amigos a quién le encanta el sexo, para salir esa misma noche de jueves a Lola, que es un bar gay bastante concurrido en Lima. Salí de estudiar y rápidamente le di el encuentro a Gian Paul, conversamos y caminamos rápidamente hacia el bar, para ello, Gian Paul había llamado a uno de sus gileos para que le dé el encuentro dentro del bar; sin embargo, este nunca llegó Cuando llegamos, no había mucha gente, mejor dicho éramos los únicos, era de suponerse, porque a la hora que llegamos (diez de la noche) aún la gente no suele aparecerse sino hasta la media noche; así que decidimos ir al Vale Todo, que también es una disco gay mucho más concurrida que aquella, tomamos y nos embriagamos un poco y aún no eran las doce. Lo cierto es que me entere de muchas cosas esa noche, la primera, que Gian Paul solía drogarse en ocasiones y que la noche de Año Nuevo en Cerro la Virgen, los dos habíamos agarrado con el mismo chico; además, se enteró de que yo había ido a un cine porno, algo que nadie se debía enterar. Salimos del Vale Todo y regresamos a Lola, estaba repleto, pero increíblemente todos tenían parejas y nosotros dos habíamos ido a ligar, así que lamentablemente, regresamos a nuestras casas como lo habíamos pronosticado a la una de la madrugada y sin ningún ligue. Gian Paul se fue y yo tome un taxi, como normalmente hago, el detalle es que estaba un poco embriagado; al momento de preguntarle cuánto me iba a costar la carrera al taxista, me percate que era bastante joven y algo atractivo, así que no me iba a importar cuánto me cobre de todas maneras me subiría, yo me iba en ese taxi sea como sea. Me senté y a los pocos minutos el taxista me habla.

-¿Usted tiene hora? – me dijo el taxista, típica pregunta de principiantes.

-Claro que sí – le respondí algo tímido.

Luego de darle la hora y de pensar que quería darle otra cosa más, nos pusimos a conversar, le pregunte su edad, tenía 19 años, me sorprendí y me dio mucha curiosidad saber quién era en realidad ese taxista que estaba sentado al lado mío, algo que es muy raro en mi, dado que yo no me siento nunca adelante, sino detrás del asiento del chofer.

Todo el recorrido hablamos sobre su vida, sobre la mía, sobre si él tenía enamorada, ¿sobre si el tenia enamorada?, fui demasiado lanzado creo, toda la culpa la tiene el alcohol, la gota que derramó el vaso en la conversación fue cuando él me devuelve la pregunta sobre si yo tenía enamorada, él ya me había dicho que no, estábamos a punto de llegar a mi casa y no iba a desaprovechar la ocasión así que con un descaro absoluto y con un riesgo máximo, le toco la pierna al taxista. Él me mira, se estaciona y deja que siga; se baja el pantalón un poco, me coge de la mano y hace que se la toque, lo que iba a pasar luego, era de suponerse; justo en ese momento él me dice:

-esto tiene otro precio – dijo el taxista, con una cara bastante suspicaz.

Yo me quede inmóvil ¿iba a tener “algo” con un taxista?, todo el alcohol se fue de mi cuerpo, le di lo que le tenía que dar por la carrera y me fui dejándolo con el pantalón en las rodillas, sonrié justo antes de salir como señal de haber cumplido con mi cometido, uno que ni siquiera sabía cuál era. No he vuelto a saber de ese taxista, pero si sé por donde vive, así como él sabe por donde vivo, no sé si la vida hará que me cruce con él una vez más, pero en esa ocasión estoy seguro que me sentaré en los asientos de atrás.
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