3.27.2011

12. Interminable Sala de Espera

No sé si será el destino, no sé si será la consecuencia de una vida desenfrenada o no sé si será mala suerte. La vida te pone muchas piedras en su recorrido. Mientras veía fotos antiguas de un antiguo amigo, me puse a pensar, luego de regresar de un laboratorio en Miraflores si la vida realmente era corta o si nosotros la hacíamos parecer así. Lo cierto es que esas dos horas en las que estuve sentado esperando por resultados, me sirvieron no sólo para reflexionar de la vida sino para aprender una lección.
Caminaba por una de las avenidas más concurridas de Miraflores y recordé que hace varios días en una de las esquinas de esta, habían unos promotores de salud repartiendo volantes, en estos ofertaban baratas pruebas para enfermedades veneras, guardé el volante en mi mochila y seguí mi recorrido, pasaron varios días, había olvidado aquél volante, luego de ordenar mi cuarto y de botar decenas de papeles que estaban dentro de mi mochila, volví a ver aquél volante, sabía que tenía que rehacerme aquella prueba en cualquier momento, no porque lleve una vida sexual activa sino porque siempre existen posibilidades de contraer algún tipo de enfermedad, cualquiera que esta sea. En mi caso las posibilidades eran mínimas, pero mientras existieran no iba a estar tranquilo. Boté todos los papeles inservibles que tenia y sólo me quedé con aquél volante, pasaron tres días hasta que pude tener la fuerza de voluntad de llamar a aquél laboratorio, me dijeron el precio, tenía que hacer un esfuerzo y quitarme la interrogante de la mente. Sería el lunes de la siguiente semana el día en que me haría la prueba, saqué la cita y lo único que faltaba era esperar.

Aquél era un sitio lúgubre, frio, con enfermeras muy serias, definitivamente era un lugar nada amigable, trataba de sonreír a algunas enfermeras que me miraban, no sé si eran los nervios, mi cara no producía ninguna sonrisa. Llegué a la sala de espera y en ella me encontré con cuatro personas, uno era un joven bastante atractivo y aparentemente saludable de aproximadamente veintitrés años; la segunda persona era otro joven un poco subido de peso que tendría diecinueve años, rubio y muy estilizado; las dos últimas eran unas chicas, algo descuidadas. Me senté justo al frente del primero, este me sonrió, pero mi cara seguía sin responder, minutos después se fue. La atención fue muy rápida para mí, dado que yo iba por primera vez a aquél laboratorio, a comparación de las enfermeras, los doctores que te informaban sobre lo que todos ya sabemos (enfermedades venéreas) eran muy amables y cálidos, te respondían todas las interrogantes que tenias y te delegaban rápidamente a los departamentos necesarios para que tus resultados salgan brevemente. Salí del consultorio con una sonrisa y con cincuenta condones; además, de 20 lubricantes gratuitos. Lo cierto es que me habían dado a escoger entre veinticinco o cincuenta, yo escogí la segunda, uno nunca sabe cuando tus amigos los van a necesitar.

Mientras esperaba que me vuelvan a llamar para saber los resultados me puse a observar la sala de espera que había dejado hace unos minutos atrás, aquél apuesto joven que se fue, había regresado con una bolsa blanca que contenía medicamentos o mejor dicho retrovirales; las dos mujeres estaban acompañadas por otra mucho mayor y algo descuidada también, luego me di cuenta que aquellas eran prostitutas y la mayor era la que se “responsabilizaba” por ellas; el subido de peso y rubio joven no se encontraba, luego me enteré que había ido al laboratorio para sacarse un poco de sangre. Era cierto, estaba rodeado de prostitutas, homosexuales y tal vez un VIH positivo; en ese momento, me quedé pensando sobre lo importante que era tener a alguien al lado tuyo, dado que todos los que se encontraban ahí estaban solos, y yo también. Volví a ver al joven “saludable”, este sólo esperaba a la enfermera, aquél había ido para que le dieran sus nuevas dosis de retrovirales. Llegó el subido de peso y rubio, minutos después, muy nervioso e impaciente, esperaba sus resultados. Las dos prostitutas se fueron luego que la enfermera les dijera que no tenían nada grave, excepto un herpes que podía ser curable. Me llamó la doctora, mis resultados estaban listos, luego de verlos, salí rápidamente y antes de cerrar la puerta de la sala de espera, pude sonreír y eso fue lo que hice, antes de irme el joven “saludable” me volvió a sonreír por última vez y le pude contestar la sonrisa, cerré la puerta y llamé a uno de mis mejores amigos, Luis Carrera, los resultados señalaban negativo en todas las pruebas. Me divertí con la conversación, nunca me había reído tanto por teléfono. Luego de colgar decidí caminar un poco; nunca supe los resultados de aquél subido de peso y rubio, pero sus nervios lo delataban ¿tal vez sexo sin protección?

Aquella mañana me di cuenta que la vida suele ser mucha más larga de la que nosotros pensamos, sólo depende de cómo la vives. Aquella mañana decidí vivir mi vida tomando precauciones y disfrutando al máximo lo que esta me da. No existe una doble oportunidad y una mala decisión, puede que haga cambiar todo a tu alrededor. Los minutos de espera en esa sala definitivamente cambian a las personas y no porque tomaron malas decisiones sino por tener en tu cabeza esta pregunta “¿Qué pasaría si…?” No sé si será el destino, no sé si será la consecuencia de una vida desenfrenada o no sé si será la mala suerte, lo que sí sé es que mientras vivamos nuestra vida con transparencia y al máximo, nos sentiremos vivos y saludables, pero sobre todo tendremos una sonrisa, sin que se nos paralice la cara, así como aquél personaje “saludable” de la sala de espera.

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1 comment:

  1. I am doing research for my university thesis, thanks for your great points, now I am acting on a sudden impulse.

    generic paxil

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