3.20.2011

10. Carnaval de la vida

Sin lugar a dudas, me había levantado con el pie equivocado. Luego de un fantástico viernes, quería cerrar mi semana con un fantástico sábado y así no tener que asistir a la que para mi iba a hacer uno de los más grandes desastres que el pobre distrito de Barranco iba a soportar, es decir, el Carnaval de Malambo, que se realizaría en plena plaza de ese hermoso distrito de Lima y al cual me habían dicho para ir. Luego de llegar en la madrugada aquél viernes de una espectacular noche con mis amigos y de tener que repartirme entre varios grupos de amigos gay quienes habían asistido a la disco, llegue a mi casa, descansé, esperando con ansias al sábado, día que conocería al chico con quién había estado charlando hace un par de semanas por MSN. Desperté el sábado, arreglé mi cuarto, me alisté y justo antes de salir, me llaman por teléfono, era un joven con voz bastante aguda y femenina que me ofrecía trabajo en un Scort de la ciudad, no puedo mentir, la propuesta era muy buena, con un sueldo muy jugoso, pero tenía muchas preguntas; la primera, ¿Cómo consiguió mi numero?, ¿Quién pudo habérselo dado?, ¿Lo filtro de algún lugar?, la verdad es que no me sorprendió que el joven aquél haya conseguido mi número, dado que muchas personas tienen acceso a mis cuentas de redes sociales, lo que me sorprendió fue el sueldo que me iban a pagar. Después de decirle que no estaba interesado en una propuesta así, deje mi celular en mi escritorio mientras me peinaba en el espejo de baño, fue entonces que vuelve a sonar el teléfono y mi madre contesta, justo antes de salir de mi casa, mi madre me dijo que había llamado alguien con voz muy femenina, lo primero que pensé fue que mi madre pensaba que yo iba a salir con aquél sujeto y la segunda que al joven no le había quedado muy en claro mi decisión; sin embargo, nunca más volvió a llamar. Con aquella preocupación sobre “¿Qué habrá pensado mi madre?”, salí para encontrarme con Alejandro Romero, el sujeto con quién ya casi me había ilusionado, después de salir muy tarde de mi casa y pelearme con el taxista por haberme dejado más lejos de lo que le pedí, me quede muy molesto, también algo desesperado, porque había planeado que ese día iba a ser mejor que el anterior, lamentablemente, no fue así, Alejandro nunca llego, luego de esperarlo casi tres horas, me dijo que se iba a demorar más porque había salido con su padre y recién llegaba a su casa, nos estuvimos mandando algunos mensajes en el transcurso, si sabía que se iba a demorar de esa manera ¿no pudo llamarme antes para cancelar?. La verdad no me interesaron sus demás escusas, yo no quería saber nada de Alejandro, lo mande a la mierda y con ello mande a la mierda mis ilusiones de tener una relación seria con alguien, me di cuenta que por más que intente la vida no está hecha para personas soñadoras y débiles, está hecha para personas que disfrutan su día a día. Desde aquel sábado, pensé que tal vez lo mejor sea tener amigos con y sin derechos; no sé lo que pase, no me importa.


Luego de conversar aquella noche sobre lo que me sucedió con un extraño en la calle, mi mente quedo en blanco y recordaba la magnífica noche anterior, todas las cosas inimaginables que pasé con mis amigos, aquello me robo una sonrisa y luego de que la tristeza se fue, pude sentirme tranquilo porque tal vez no es una relación lo que necesito para sentirme completo, tal vez necesito a una persona o a personas que me roben una sonrisa para hacerme sentir mejor aunque no estén presentes. Gian Benavente me dijo esa noche por teléfono.



- Bueno… ¿y qué, te siente mal por alguien a quien acabas de conocer hace unas semanas?, Pablo… estoy seguro que conocerás al más extraordinario, sexy, divertido y brillante hombre. Hay muchos de chicos en el mundo, no mueras por uno sin haber visto la carta primero, puede que haya un plato mejor o un plato que sea exactamente lo que buscas. Al final tú no sabes que si de todos los que llegas a conocer, cual podría quedar como tu mejor amigo o como tu mejor amante – me dijo Gian, demostrando una gran seguridad.

- Sí es cierto, pero relaciones o romances, no – dije muy decidido.

- No creo que dure mucho – respondió Gian.



Quede en silencio, no sabía que contestar porque Gian a la larga tenía algo de razón, me despedí y colgué. Al día siguiente y con los ánimos un poco caídos, decidí ir al dichoso carnaval con Gian Benavente y Alonso Bazalar, el último es uno de los mejore amigos de Gian quien estudian en la católica, me llevaron al evento. La verdad que los cinco primero minutos me asusté un poco por la gran cantidad de pintura, talco, tierra, agua sucia, agua limpia, agua de bomberos, temperas, etc. Que corría en el distrito de Barranco, sin contar los palomillas que pintaban todo el cuerpo como “peaje de carnavales” por cuanto pasaje hubiere y que dicho sea de paso me pintaron. La experiencia carnavalesca fue el santo remedio que me hizo borrar todo pequeño sentimiento que sentía por Alejandro (si es que lo habré sentido, en todo caso), no tanto por el baile, baracuda, locuras, amistad, olor a marihuana, olor a desodorante y olor a taxista borracho aprovechándose de la situación, sino a la cantidad de chicos guapos que había en todo Barranco, hasta ahora recuerdo como a Gian y a Alonso se les arrugaba el culo de sólo ver a los chicos esculturales que caminaban por toda la plaza o mejor dicho que trataban de caminar por ella, dado que si es que no te metían mano, te metían rata; yo me quedo con lo primero.
¿Qué puedo hacer, la vida es así? A veces ríes, a veces lloras, a veces te aprovechas de turistas borrachos metiendo mano, a veces se aprovechan de ti mintiéndote mano; es que la vida es así, como un carnaval.



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