4.03.2011

13. Psicólogas y el amor

Mientras veía las luces de la disco y sentía la música, la energía y el alcohol recorrer mi cuerpo pensaba cuan afortunadas eran algunas personas por tener la suerte de creer en el amor. La historia se remonta algunos días atrás, Gian Benavente había estado conversando hace casi un mes con un chico, Jesús Olivera, de quién se había ilusionado bastante, aquél había estado de viaje, por ese mes, en la tierra que lo vio nacer, Trujillo. Fueron semanas de llamadas constantes, envíos de fotos, juegos por CAM y peleas tontas; ellos lograron pasar la valla de las dos semanas, es decir, sí eran compatibles, ahora sólo esperaban verse este fin de semana, exactamente el viernes; o sea, ayer. Mientras Gian estaba muy ilusionado con este asunto, Marco Velarde, quién es uno de los mejores amigos de Gian, había salido de una larga relación donde creyó haberse enamorado, por ello, en los últimos días le aconsejaba a Gian que se cuidara y que deje de pisar el acelerador porque podría salir lastimo, algo muy raro en él porque solía ser el que más creía en el amor en todo mi círculo de amigos. Marco, es una de esas personas muy convencionales, tal vez un poco reservadas y problemáticas, quién a pesar de ser guapo no había podido tener algo realmente serio; sin embargo, sólo hubo una persona quién realmente le robo el corazón y en quién pudo confiar de verdad, aquel era Mr. Main. Lamentablemente por cosas del destino Marco decidió dejar de verlo y continuar con su vida, aquello hizo que ponga en duda su creencia sobre el amor; “¿existirá el amor realmente o tal vez el amor no exista para algunas personas?” pensaba, había perdido la seguridad que el amor le daba.


Por esa razón, Marco decidió ir a una de esas charlas que suelen haber en Lima para “reforzar la confianza en el amor” y tuvo la brillante idea de invitarme para acompañarlo. Antes de la charla, Marco y yo recibimos un cuadernillo, un lápiz y un papelito con credos ósea un mensaje que comenzaba siempre con “yo creo en…”.



-yo creo en la belleza de la gente, ¡eso es lindo! Pablo, ¿Qué te toco a ti? – me preguntó muy emocionado, porque iba a comenzar la charla de una de las psicoterapeutas más locas de Lima.

-A mi me toco… “yo creo que esta charla es una tontería” – respondí sonriente.

-¿Por qué no lo puedes tomar en serio? Vamos a sentarnos que ya va a comenzar – me respondió Marco.

-sí, pero antes ¿te contó que Gian sigue viendo a Jesús Olivera? – pregunté.

-No me dijo nada – respondió asombrado.

-sí, parece que quieren algo serio, es raro porque hace unos años Gian no creía en esas cosas, yo no creo que sea gran cosa formalizar una relación - dije.

- ¡Sí es una gran cosa!, ¿Cómo que no? Acaso tú no sabes ¿qué las personas tienen sentimientos? – me refutó Marco muy alterado y cogiéndome de los brazos.

-¿Por qué te molestas? – pregunté extrañado.



Sin embargo en ese momento recordé que Marco había terminado su relación con Mr. Main, justo porque aquél no había querido “formalizar” algo con él.



-Marco, disculpa lo había olvidado – le dije, luego que nos sentamos.

-No quiero hablar – me dijo mientras miraba el escenario.

-¿Ya podemos hablar ahora? – pregunté, luego de unos minutos.

-Está bien, si tu no hablar hablare yo. Yo creo que va a hacer una larga y aburrida tarde… yo creo que somos los únicos hombres aquí… yo creo en mi buen amigo Marco, quién me ha enseñado mucho del amor y la verdad – le dije.

-¿Cuándo visitamos a Gian? – me preguntó.



Luego de una larga conversación, la psicóloga comenzó a hablar Marco estaba muy atento, mientras que yo estaba a punto de dormirme, luego de una larga charla sin ningún fondo, comenzó la ronda de preguntas. Una mujer de la primera fila, le dio las gracias a esta psicóloga por lo bien que le había ido en el “tratamiento creer”. Este consistía en que todos los días escribirías en un papelito motivos de porqué creer en el amor. Luego de que dos mujeres más dieran las gracias y yo esté a punto de quedarme dormido, el micrófono paso por mi costado.



-No… yo no quiero… - dije, porque el micrófono estaba al costado mío, pero no era para mí, era para Marco.

-Yo estoy algo sorprendido con los relatos de las mujeres, todos los días yo hago “el tratamiento creer”, pero no pasa nada, tal vez esto no funciona para mí, tal vez no pueda recibir amor, después de todo– dijo Marco ante la audiencia.

-Oigo tu miedo, oigo tu duda, tienes que creer realmente en el amor, para recibir amor. Vuelve hacer el “tratamiento creer” y tal vez encuentres a alguien por primera vez – contestó la psicóloga.

- Disculpa, ese es el punto. Yo encontré a una persona con quién creí que estaría para siempre, creo que me enamoré, yo creí que esa persona era para mí y que podía amar de verdad. Pasamos momentos inolvidables, pero ahora veo que todo se ha ido y me siento perdido, estoy con miedo porque ahora ya no sé si creer en el amor y me odio por eso, porque yo siempre he creído, intento salirme del mundo como dice el libro, pero me desespero – dijo Marco, ante la mirada de todos.

-puede que no hayas salido al mundo para buscar amor, de verdad– contesto la psicóloga



En ese momento, Marco se queda callado, tratan de retirarle el micrófono y lo cojo yo.



-No, él sí sale al mundo – refuté.

-Me refiero emocionalmente y físicamente sobre todo, de repente él no busca amor realmente sino algo pasajero, de repente él no está tratando realmente de encontrarlo – contesto la psicóloga.

-Créame, él sí ha salido al mundo – volví a refutar.



Le cogí la mano a Marco, como diciéndole indirectamente que estaba con él, mientras que la psicóloga prefirió no decir nada y pasar a otra pregunta.

La siguiente noche decidí ir a la disco de siempre para divertirme, también esa misma noche Gian y Jesús oficialmente comenzarían a salir, para mi sorpresa, cuando llegamos con Marco y Diego Vera a aquella disco nos encontramos a Gian, quién nos presentó a Jesús, nos dijo que se quedaría unos pocos minutos, así que mientras tanto Marco, Diego y yo nos pusimos a bailar junto con las luces y la gente, aquella noche no era de nosotros, era de Gian, porque posiblemente había encontrado aquél amor que tanto había buscado. Con respecto a mí, esa noche sentí que mis amigos podían ser muchas veces el amor de tu vida y otras tus almas gemelas. Luego que Gian y Jesús se marcharon y que nos despidiéramos en el lobby, comenzamos a comentar.



-¿Gian piensa que ese puede ser el amor de su vida? Ya veremos cómo le va dentro de unas semanas, aquél sujeto parece que no quiere nada formal, se nota– dijo Diego.

-No lo sé, de repente no es necesario formalizar algo para sentir amor, tal vez sólo es necesario sentir aquél sentimiento en el corazón que te indica que aquella persona es la correcta y tal vez en un futuro cercano lo llegue a amar – dijo Marco, ante la mirada sorprendida de Diego y yo.

Esa misma noche, después de que llegué a mi casa, dediqué mi blog, mis post y mi espíritu a todas esas esperanzadas y solteras personas que creen en el amor, pero sobre todo a una en especial, mi buen amigo Marco, el eterno optimista, quién siempre cree y creerá en el amor.


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1 comment:

  1. Qué buena entrada. De veras en pocas líneas, ayudará mucho. No está en la forma, sino, en el fondo del asunto, encontrar al amor de tu vida.

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