5.15.2011

19. Sentimientos excluyentes

Hoy me puse a pensar a cerca de la exclusión, es decir, todos sabemos que somos una sociedad bastante excluyente, sobre todo, con las personas que no son “iguales” o con nuestras mismas costumbres, pero ¿cuál es el límite? acabo de regresar hace unos minutos de una exclusiva disco limeña donde suelo ir con mis amigos, ahí comienza la historia.

Cuando llegamos, todo estaba un poco aburrido así que nos paramos por donde estaba el DJ pinchando discos y justo después de la segunda botella de cerveza, que estaba en promoción, le pregunté a uno de mis amigos, Aldo Estrada, él es un viejo amigo que conozco hace varios años y que llevó a Jorge Nieto a quién conocí hace varios años, pero que por cosas del destino desapareció y que reapareció este año, que pensaba sobre la gente que había ido ese día, que sin lugar a dudas era espectacular, gente muy bien cuidada y bastante simpática, Aldo me dijo que a comparación de otras discos en esta, cuando estabas aburrido ni siquiera te podías burlar de la gente, ahí tenias que burlarte de los mayores con sus bailes ridículos, pero que a pesar de eso, se veían bien, en parte era verdad.

Alonso Castillo esa noche estaba un poco incomodo conmigo porque había ido con Carlos Tudela, quién es uno de los pocos amigos mayores que tengo y que me invitó a esa disco esa noche, dado que yo no tenía el dinero suficiente, el punto es que no entendí su incomodidad, pero creo que era por la edad de Carlos y por lo mayor que se le notaba, minutos después Carlos decidió irse sin decirle nada a nadie, tengo que aceptar que ello me dio un poco de pena porque a pesar de todo, Carlos es una buena persona.

Así que me quedé con Aldo, Alonso y Jorge; minutos después, se fue Jorge, ya que había visto a una de sus ex a quién aún no había superado olvidar, yo tenía planeado tener una de las noches más geniales del año; sin embargo, mis deseos se estaban haciendo humo. Me quedé con Aldo y Alonso, después de unos minutos de la nada se fue el segundo, como nos tiene acostumbrados, también de la nada, así que Aldo y yo nos quedamos solos, estábamos algo aburridos y no nos quedé más remedio que hacer lo que siempre hemos hecho desde que nos conocimos, opinar sobre la gente.

Después de conversar largo y tendido, sobre la gente que estaba ahí, me di cuenta que en ese tipo de ambiente donde la gente es muy estirada y bastante superflua, no iba a encontrar algo bueno y si lo hacía, no sabía si iba a durar mucho. A los pocos minutos, llegaron un grupito de “chicas” que en realidad parecían “transformers”, la gente comenzaba a huir despavorida como si hubieran visto al diablo.


-       No entiendo cómo pueden dejar entrar a ese tipo de gente – dijo Aldo y otro grupo de gente bastante horrorizados.

Yo no dije nada en ese momento, pero después me puse a  pensar, ¿a caso no tienen el mismo derecho que todos de divertirse? A mí me parece sorprendente como la gente que normalmente es discriminada por su condición de gay, pueda tratar de excluir a gente que también tiene la misma condición, en vez de apoyarse mutuamente, lamentablemente, en esa disco de todas maneras eras excluido y discriminado si no tenias algún rasgo aceptable para ellos, en otras palabras los que lograban entrar a esa disco sólo eran personas “con rasgos aceptables”.

Cuando salimos de la disco como a las tres de la madrugada, no pude resistir ver a la gente que estaba tratando de entrar y que no podía, me sentí un poco mal por ellos, pero a la vez tuve que aceptar que este tipo de cosas pasan en una ciudad como Lima.

Mientras regresaba, me puse a pensar sobre cuán infelices y solas podrían ser aquellas personas, que necesitaban de hacer ese tipo de cosas para sentirse importantes, pero por otro lado, era irónico que pensara esto, dado que muchos tenían a alguien a su lado y yo, que me sorprendía y horrorizaba, estaba solo, después me pregunte ¿Por qué la gente que estaba afuera de esa disco, insistía en querer entrar, acaso no tenían dignidad? Tal vez, los que querían  sentirse importantes no eran los de adentro, sino los de afuera, por su afán de mezclarse con la “alta sociedad” limeña. ¿A caso esto no se relaciona con el amor? la gente siempre quiere entrar en la vida de alguien a pesar que esta no tenga interés, pero insistimos porque queremos sentirnos importantes con esa persona; sin embargo, en el camino nos hacemos daño y sufrimos, al final, te das cuenta que todo ha sido en vano, cortas con todo por lo sano, te vas a tu casa a dormir y a pesar ¿en qué me equivoque? Cuando en realidad nadie se equivocó sino es que hay cosas que están marcadas para ser así y lo mejor es seguir el rumbo, porque todo pasa por algo.

Ahora que estoy en mi casa y converso con Diego Alvares, quién es un amigo que viajará muy pronto a Canadá por estudios, con quién tuve alguna relación hace varios años atrás, pude sentirme un poco más tranquilo, a pesar que no hizo nada extraordinario y ni siquiera sabía que me sentía mal por estar solo en un mundo lleno de altos, rubios y gente superficial, que solo tiene dos cosas en mente, su novio/a y la exclusión social.

No había de que estar triste en realidad, aunque creo que lo estuve porque me sentía en desventaja, dado que por lo menos ellos tenían algo o alguien en quien pensar, mientras que yo tenía amigos a quienes sólo escuchar. Sin ilusiones, sin sueños de romances y aunque a veces me haga el fuerte tengo que aceptar que la soledad duele y pesa, se acerca mi cumpleaños, y es un año más que no tengo a alguien por quien soñar o por quién llorar cuando se deba, sí, es duro, pero no puedo ser ingrato, tengo que aceptar que a pesar de esta soledad que duele y pesa, junto a mis amigos, la he hecho más llevadera, también tengo que reconocer que soy algo emocional, es verdad, pero siento que puedo con esa barrera y eliminar las complicaciones que esto conlleva, no creo ser bueno para relaciones, pero si soy bueno para la amistad.  

Lo cierto es que en una ciudad como esta, es un poco complicado vivir con gente que te recuerda día a día que las apariencias son lo más importante, que lo físico es lo que debe de primar y que los sentimientos de otras personas no valen nada si no tienes para pagar treinta o cincuenta soles para una entrada de una discoteca cara, pero estoy condenado a vivir en este mundo, estoy condenado a vivir en un mundo de soledad, del dinero, de apariencias, de hipocresías y de altos; sin embargo, acepto que yo escogí meterme a este mundo, no sé si estaré pagando mis decisiones, pero la verdad es que no me quejo, porque a pesar de todo, tengo amigos que me ayudan a sobrellevar todo esto y a sentirme más querido que la gente que aparenta serlo.

Cuando llegue a mi casa y bajé del taxi, justo me encontré con Daniel Fort de casualidad, quién también regresaba de una reunión, lo saludé y me preguntó cómo me sentía, le respondí “fenomenal” y sonreí, a pesar que no era verdad; sí, aparentaba estarlo, encendí un cigarrillo y luego fui a dormir.

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