11.19.2011

41. Barreras Inconscientes

Sentado al frente de su computadora portátil, algo aburrido, buscando perfiles de hombres en numerosas páginas de internet, mientras tenía muchas cosas en la cabeza se encontraba Pablo un lunes por la tarde.
Esa noche saldría con sus amigos de siempre a tratar de divertirse, pero esa noche era especial, era Halloween. Así que comenzó a pensar en cómo iría vestido aquella noche, olvidándose así de todo lo que tenía que hacer en sus estudios.

Llegó la noche y Pablo aún no se había decidido qué ponerse, tampoco es que Pablo tenga mucho que ponerse, pero ese día en especial, sentía que tenía que estar mejor de lo normal.

Mientras tanto, uno de sus mejores amigos Guillermo Rivarola, quien estuvo molestando toda la semana anterior a Pablo sobre esa noche, sentía que debía estar distinto, así que no vio otra solución que alquilarse un disfraz y pedirle ayuda a su hermana con el maquillaje.

Pablo estuvo muy aburrido, mientras esperaba a Guillermo que terminara de maquillarse, además de preocupado porque le cobren más de lo que él había presupuestado. Los demás habían llegado y Pablo sentía que todos los miraban mientras estaba parado en la esquina, esperando a Guillermo.

Cuarenta minutos después, Guillermo salió, la espera no había sido en vano, había salido el nuevo faraón de Lola Bar con una gran corona dorada, unas sandalias hasta las rodillas y un maquillaje que predecían una noche fantástica.

Los dos llegaron a la disco, se divirtieron, la pasaron genial con sus amigos y todas las locuras que una noche de Halloween traen, sin embargo, a Pablo le quedo un sin sabor en la salida.

Mientras bailaban con sus amigos de siempre, se acerca un chico que no dio su nombre y le pregunta la hora. Pablo lo miró, le gustó muchísimo, pero miro que estaba vestido de payaso así que no le prestó atención, mientras tanto se preguntaba ¿Por qué tratar de estar perfecto, si nadie se acerca a hablarte? ¿Por qué tratar de impresionar si no hay a quien? ¿Por qué bailar siempre con las mismas personas?

A Pablo no le quedaba de otra que seguir bailando con Guillermo y esperar que alguien se embriague lo suficiente para que lo invitara a bailar ¿esa era la vida que quería o él quería ser el protagonista?

Lo cierto es que esa noche Pablo no fue el único que se cuestionaba lo mismo. Guillermo compartía su paranoia de pensar que todos se burlaban de él por el cómo había ido vestido. Sentían que podían ser rechazados si se mostraban tal y como eran. Miedos tontos, dado que mientras ellos sentían esto, lo cierto es que aquellos que los miraban y cuchicheaban no lo hacían de una forma negativa sino todo lo contrario. No todos, es verdad, pero sí la gran mayoría.
Si tan solo los dos se hubieran arriesgado y hubieran pensando de manera positiva, tal vez el final de esta historia no hubiera terminado con un río de preguntas y con Pablo bailando con sus mejores amigos, sino todo lo contrario.
Aquel apuesto joven que tímidamente se acercó a Pablo a preguntarle la hora, vestido de payaso, en realidad quería sacarlo a bailar y le pregunto a uno de los amigos de Pablo si Guillermo era su pareja, después de la respuesta este decide hablarle, pero al ver que Pablo no le prestó la atención que él quería, se fue. Tal vez si Pablo no hubiera puesto barreras, no hubiera terminado bailado con Guillermo y hubiera terminado con alguien que pudo haber abierto una nueva historia para él.


Share:

0 comments:

Post a Comment