11.20.2011

43.Sin Mentiras

Mientras me dirigía al instituto de siempre a estudiar inglés, pensaba en lo que últimamente me ha estado dando vueltas en la cabeza. No sabía si era locura o algo parecido, pero el pensar en voz alta se me había hecho costumbre y creo que algunas personas que me oían pensaban que estaba loco. En realidad no me importaba, en lo más mínimo, porque tampoco hacia un escándalo de ello.
Sin embargo, no sólo eso estuvo dando vueltas por mi orbita sino también una pareja de la que hace mucho no hablaba y de la que ya me había olvidado. Daniel Fort y André, en realidad pensé que habían terminado, pero al parecer no. Las dos veces en las que me vi obligado a tener que pasar por su lado, traté de ignorarlos, dado que ellos ya habían hecho lo mismo, algunas veces atrás.
Lo cierto es que no le quiero dar mucha importancia al asunto, pero lo menciono porque siempre esa relación me pareció una farsa y es justo de lo que quiero tratar ahora, las farsas que nosotros mismos nos ponemos frente a nuestros miedos ¿acaso las mentiras maquillan nuestra felicidad?

Las dos últimas veces o mejor dicho la mayoría de veces en las que me he visto obligado a tener que cruzármelos, no he estado ni fabuloso, ni lo suficientemente cómodo para enfrentar sus miradas y cuchicheos, no sé si sobre mí, pero cuchicheos e incomodidades al fin y al cabo.
La realidad es que sí siento que lo soy, la mayoría de veces, pero no mucho en las tardes, después de los estudios, cansado y con mil cosas en la cabeza. Sin embargo, después de cada encontrón con ellos, de camino a mi casa, me he tenido que preguntar a mi mismo ¿fabuloso y soltero?

-       No puedo negar que ellos irradian felicidad – le dije a Guillermo, después de llegar a mí casa.
-       Puede que lo sean y bien por ellos, lo que no entiendo es ¿por qué te afecta?
-       No me afecta, simplemente me parece extraño, después de todo, Daniel creo que no le guarda ni un poco de resentimiento…
-       Sí, es verdad. Yo creo que Daniel se engaña a sí mismo, creyendo que su relación es honesta – dijo reflexivamente Guillermo.
-       ¿Sabes? A veces me pregunto si estando soltero, me podre ver de la misma manera que estando con alguien…
-       Claro que sí, fabuloso y soltero con signo de exclamación – exclamó Guillermo.

Sin embargo, luego de unos minutos me puse a pensar ¿realmente mis amigos y yo nos vemos así? 
Así que decidí salir ese fin de semana con uno de mis mejores amigos Gian Benavente a un conocido bar en Miraflores, después de hablar sobre este tema y veinte minutos de tragos después, estaba ebrio, había fumado más de lo que tenia permitido y Gian me pedía que nos fuéramos, dado que estaba comenzando a coquetear con héteros.

-       ¡jódete! Con signo de exclamación… - dije mientras el apuesto chico hetero se alejaba.
-       Pablo, ahora sí nos vamos.
-       Puedes irte si tu quieres, déjame aquí yo estoy muy bien – dije mientras agarraba mi bebida favorita, Cosmopolitan.
-       Tú no estás nada bien, estas ebrio. Vámonos, ya es tarde.
-       Gian, ándate tú si quieres, quiero conocer a chicos lindos.
-       No hay nadie interesante aquí Pablo…
-       No lo creo… - dije, mientras miraba a Diego Cassinelli, soltero, alto, guapo y fumador, era todo lo que buscaba en esa noche.

Minutos después de seguir tomando, bailando, él me invito a ir su departamento. Subimos a su carro. Minutos después, él decide ir a comprar más cigarrillos en una estación de servicios, así que paramos y mientras él compraba, me miré en el espejo retrovisor ¿de qué tenía miedo? Seguía siendo joven… deseado y tenía muchos amigos que me querían. Luego de ver por la ventana, me percate, que dentro de la tienda, Diego había estado  hablando con alguien a quien yo conocía, era uno de los mejores amigos de la pareja de Daniel Fort, estuvieron unos minutos ahí, entretenido con su IPHONE, se despidieron y luego regresó, para ello viene sonriendo y me muestra una foto que en algún momento colgaron de broma en una red social, donde realmente salía pésimo. No sé cómo la tenia, pero me la mostró.

-       ¿ese eres tú? – preguntó, como burlándose.

Ahí estaba yo, al frente de mi pregunta inicial ¿fabuloso y soltero?, ¿Ese realmente era yo? Me di cuenta que tal vez para él esas no eran preguntas, eran hechos.

-       Mira es tarde, tengo que regresar a mi casa.
-       No, no dejaré que te vayas.
-       Bien…
Salí del carro y tomé un taxi. No iba a dejar que mi vida sea una mentira al igual que la vida de la pareja del inicio. Esa mañana no quería regresar a mi casa, así que le dije al taxista que me dejara en Miraflores, había amanecido y decidí tomar desayuno en un conocido restaurante. Deje de pensar en el asunto de la soltería y preferí llenar mi estomago, dado que no había cenado.

-       ¿Mesa para dos? – dijo el mesero.
-       No, gracias, sólo yo.

Pedí una taza de café y con los anteojos de sol puestos, mire hacia el cielo, sin hombres, sin amigos, sin fotos, sin mentiras, sin farsas.



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