12.18.2011

50. Mundo de Altos en New York

Mientras veía la fastuosa entrada del aeropuerto de Lima, iluminada como una gran esfera de color y brisa veraniega me puse a pensar en todos los buenos deseos de amigos, familiares y conocidos que como un gran halo de luz iluminaban mi vida, mis sueños y mi viaje en plena noche espesa.

Me sentía entre confundido, triste, enojado, nervioso, ansioso, feliz y emocionado por el acontecimiento que en algunos momentos iba a dar por primera vez, pero más que viajar en un vuelo hacia un país del que siempre soñé, viajaba a una tierra desconocido a una ciudad con la cual cumpliría unos de mis más grandes deseos, conocer Nueva York.

Mientras esperaba a mi compañero de viaje, Kenneth Medrano, que termine de pasar por todos los controles de aeropuerto, veía a la gente confundida, durmiendo, emocionada, con miedo, sola o muy bien acompañada. Hasta que decidí ir al baño, en él me quite las chompas que me había puesto porque quería desocupar un poco mis maletas que estaban repletas de un bulto incontrolable y estas fueron a parar en mi cuerpo que explotaba con el calor infernal de Lima.
Luego de quitarme las chompas, entró un hombre al baño, yo estaba solo, él entra a un urinario y finge misionar, sin embargo se quedo parado, no sé qué esperaba, no sé qué miraba, pero lo cierto es que era guapo, cogí mis cosas y me fui. No quería tener sexo esta noche en Lima, sino quería tener sexo en Nueva York.

Lo cierto es que no sé si la fue un sueño, si fue realidad o si fue mi imaginación, pero los días que pase en esa ciudad mágica las sentí dentro de mí, dentro de mi ser, dentro de mi alma.
Me enamore de una ciudad de la cual sólo pude aprovechar algunos días, pero fueron los suficiente para creer que el amor sí existe, en mi caso, se mi amor se llama New York, el verdadero mundo de altos.

Sentí una magia, sentí que mientras caminaba por sus calles estas me succionaban, me hacían sentir especial, me hacían sentir vivo. Miraba la luna que abrazaba a la ciudad y me quedaba inmóvil ante la belleza que respiraba, una ciudad que nunca duerme, una ciudad de la cual me cautive y enamore.

No sé cuando regrese, no sé cuando vuelva a sentir esas mismas sensaciones, pero lo cierto es que regresaré y será para quedarme.

“New York, New York… como  no extrañarla”.
Fueron las últimas palabras mientras veía el puente Brooklyn alejándose de mi mirada, mientras veía el perfecto perfil de una ciudad que ha dado en mi vida un giro que jamás voy a olvidar. Una ciudad, que sin dudas es el inicio de algo nuevo, es el inicio de algo maravilloso.

Cómo encontrar una palabra exacta para descifrarla, cómo encontrar una palabra para encerrar todo lo que viví esos días de frio apasionado con una ciudad que gritaba amor, gritaba vida, gritaba diversión, gritaba sexo.

Cómo comenzar los mil y un relatos que tengo guardados en mí y que  New York guarda, cómo no sentir emoción por ver una y mil imágenes, postales y demás, mientras caminaba por las calles y avenidas que abrazan esa ciudad de los mil y un sueños realizados. Tengo en mi memoria mil y una fotografías sobre lo que realmente es New York y que ahora trato de plasmar acá

Con mucho esfuerzo he logrado calibrar mi cerebro para comenzar por el tema más importante en una ciudad como NY, en una ciudad, donde la gente no sólo va cumplir sus sueños sino también para enamorarse, aunque este sentimiento dure pocas horas.

¿Encontré el amor en New York?
Me encantaría decir que sí, las primeras horas desde mi llegada, buscaba conocer a gente nueva en la ciudad, sin embargo no pude. Intente de todo, hice un tour por las principales discos gay con mi compañero de viaje, Kenneth, no sirvió de nada. A pesar que robe muchas miradas de deseo, no sentí que en esos momentos estaba preparado para lanzarme al desenfreno de la pasión. No sentí que debía aceptar las miradas sobre mi sexo de mi compañero de cuarto en el Hotel que era francés y jugador de futbol que casi y me violaba con los ojos, no sentí que debía aceptar ni un solo guiño, no sentí que debía aceptar su enorme bulto y culo, cuando descaradamente me lo mostraba al momento de cambiarse.

Yo sentía que esperaba algo más, que necesitaba algo más,  que había alguien que aguardaba por mí, por mi cuerpo, por mi alma, por mis besos.
Ni esas miradas, ni esos deseos, ni esas insinuaciones hicieron que caiga ante la tentación, porque yo muy bien en el fondo sabia que New York tenía algo mejor preparado para mi, tenía algo nada común que iba albergar dentro del cofre de mis recuerdos, tenía algo que mi espíritu y mi corazón agradecerían infinitamente, una historia que trato de asimilar hasta ahora, dentro de un aeropuerto esperando mi vuelo hacia donde tendré una nueva aventura, ya no en una ciudad tan especial como NY sino en otra que aún no sé que me tenga preparado  y que espero.

Me gustaría contar que tuve mil y un hombres encima de mi cuerpo, besándome, abrazandome, ultrajándome, pero lo cierto es que no fue así y es que yo rogaba a todos los santos, que New York me regale un recuerdo especial, asi como muchos de los que he leído y visto. Gracias a la ciudad de los mil y un sueños realizados, gracias a la ciudad del sexo y a la ciudad del mundo de los altos, pude tener una experiencia que jamás olvidaré y que doy gracias a mi hoy nuevo amor, New York.

 
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