12.26.2011

51.New York, experiencia inolvidable

Nicholas ese era su nombre, alto, blanco, de padres italianos, con muy bellos ojos y con una belleza que asombraba.

Estaba muy feliz porque había logrado cumplir uno de mis más grandes sueños, conocer New York, conocer la gente, la cultura, la vida y todo lo relacionado con mis más grandes pasiones y gustos. Lo cierto es que si bien me embargaba la felicidad, no me sentía completo, sentía que tal vez New York no tenía nada preparado para mi, tal vez aún no había encontrado mi lugar en el mundo y que New York, a pesar de toda la belleza y sentimientos que despertaba en mi, era sinónimo de la aburrida Lima. Sin embargo, estaba equivocado.

Eran las doce de la noche, había terminado de hablar con mi familia sobre qué iba a hacer con tanto equipaje en el vuelo nacional que iba a emprender; mi tío, que residía en NY hace varios años atrás dijo que podía quedarse con una de las maletas, eran dos que pesaba cada entre veinte o treinta kilos, tomada la palabra, fui a conversar con la recepción sobre si estaba permitido el encargo de maletas, ante su negativa no tuve otro remedio que llevar las dos pesadas maletas yo solo, tomar el metro, subir hasta la Estación Pensilvania y esperar al tren que me llevaría al aeropuerto que a su vez me llevaría hacia mi lugar de trabajo.

Pero para esto, ya habían pasado mucho tiempo, mi tren salía a la una de la madrugada y solo tenía cuarenta minutos para abordar. Luego de cerrar la laptop, vi la hora y no sé de dónde saque fuerzas para coger cada maleta en cada mano, aborde el metro y en él me ayudó un apuesto joven negro, de los que había estado hablando muy mal, pero lo cierto es que las a paraciencias y los comentarios que hacen algunas personas engañan.

En la vida hay excepciones y ese apuesto joven negro americano lo era. Me baje en la estación y un policía, de los cuales también había estado hablando mal, me ayudo con las maletas, en realidad no sé si era mi cara de desesperación o mi sonrisita picarona que los atrajo, pero estos me ayudaron.

Luego de ello, corrí y corrí con las maletas, me sentía tan regio, tan “Carrie Bradshaw” (personaje favorito de mi serie favorita), tan feliz de estar como estaba que no me importó sentarme al costado de un hombre muy guapo del quien me había percatado que me estaba mirando. Normalmente me da mucha pena tener que sentarme al costado de uno, me cohíbe, pero tal vez fue la euforia del momento que lo hice y le sonreí.

Aquel me sonrió y luego le pregunte si ese era el terminal correcto, él me dijo que sí, pero no le entendí mucho porque  su forma de hablar era muy rara, pensé que era de otro país así que le pregunte si era americano, para mi sorpresa, me dijo que sí, luego atine a preguntarle “entonces… ¿estás ebrio? Él rio y me dijo que sí había estado tomando un poco, pero no tanto como para no estar lucido de lo que hacía.

El punto era que recién había salido de trabajar de su primer día de trabajo y le había ido muy mal. Él era de New Jersey, chef y muy sexy. Esos minutos de espera conversamos muchísimo, apreció mucho que mi inglés sea muy bueno. Era una conversación divertida, fluida, amable y hasta seductora. No quise lanzarme como la vez pasada, así que fui despacio; además, es peligroso hablar con extraños. Sin embargo, él me cautivo muchísimo, amé que me aconsejara, que me bromeara, que me sedujera, que me dé confianza.

Durante la conversación pude saber también que iba en mi mismo tren, cuando el tren llegó, me ayudó con las maletas y seguimos conversando dentro, me quiso invitar su cerveza, estaba casi llena, yo le dije que no bebía, él me dijo que quería que me lleve su lata de recuerdo, pero al ver que tenía dos enormes maletas cogió la tapilla y me la obsequio, luego me pidió mi FACEBOOK y yo se lo di.

Yo sé que es tonto, pero ¿acaso nadie se enamora en un minuto? ¿Acaso no se puede sentir una fuerte química entre las venas al tener contacto con otra persona en un corto periodo? ¿Acaso no existe el amor a primera vista?

Lo cierto es que no era amor a primera vista, pero sí había una fuerte química, él lo sintió, yo la sentí.
También es cierto que no sé que tengo con los fumadores de cannabis ¿un imán?
Él me dijo que fumaba y fue obvio que me hizo recordar a un antiguo amor. Me dijo que América, si bien era un país de muchas oportunidades, también era un país donde el dinero lo era todo, que le encantaría vivir en un país como Perú, después que le dijera todas las bondades y los defectos de vivir en un país como el que procedo.

El viaje en el tren fue espectacular, risas, seducciones, roces y más. Me gustó cuando me cogió la mano para mirarla de cerca a unos centímetros de su excitante boca. Al momento de obsequiarme la tapilla de la lata, me dijo que le acompañara al baño para botar toda la cerveza que había quedado, dado que él no quería tomar más. Yo acepté.

Ya en el baño, el tren iba a mucha velocidad, casi se cae, yo lo cojo para que no se caiga y minutos después me agarra de la cintura y me da un existente y apasionado beso. No sé si fue su olor a hombre, su olor a macho, su olor a dominante domando a una fiera, no sé si fue sus manos o su cuerpo que rosaba con el mío, pero hasta ahora puedo sentirlo, hasta ahora puedo sentir su pasión, su fuego, su erección en mi. Lástima que durara tan poco, pero fue creo lo suficiente para saber que New York guardó lo mejor para el final.

Cuando el tren llegó me acompañó hasta la puerta con maletas en mano y me dio la mano y me dijo que había sido un gusto haberme conocido e íbamos a seguir teniendo contacto, no sé qué tanta verdad haya en eso, pero lo cierto es que lo agregaré como le prometí y espero que algún día, pueda volver a compartir otra amena, sexy y encantadora conversación, con tanta química, con tanto fuego, con tanta pasión, con tanto sexo, con tanto de New York.

 Ahora que doy una mirada atrás y recuerdo todo lo que viví en esa ciudad mágica, no me arrepiento de haber rechazado a todos los que me propusieron algo en las discos neoyorkinas, dado que yo no quería algo convencional como a muchos les gusta, yo quería algo especial de esa ciudad, yo buscaba algo que cubra y supere mis expectativas. Buscaba algo que impresionara, algo que recordara por siempre y no solo cubra mis deseos de hacer el amor.

Esa ciudad tiene algo, algo que no sé como describir, amé New York y si bien no encontré un amor como el que describe los cuentos de adas, encontré algo mucho más especial, encontré algo por el que luchar, encontré un nuevo horizonte, una nueva ciudad a la cual quiero volver a llegar y tal vez quedarme. No es por mis gustos a series alocadas de los años noventas, es porque realmente sentí algo, sentí a NY en las venas, sentí que realmente vale la pena seguir viviendo por ideales, sentí que la gente realmente va a NY para enamorarse porque en esa ciudad sí se puede. No me queda nada más que agradecerle a esa ciudad hermosa y a todas las personas que hicieron posible que por fin encontrara lo que estaba buscando, no algo convencional y aburrido como tener una pareja de la cual dependa, sino algo mejor, experiencias que me dejen algo en el alma, espíritu y en el corazón. Tal vez no encontré a mi amor de carne y hueso, pero encontré a New York.

New York, New York… cómo no extrañarla.


Share:

0 comments:

Post a Comment