3.25.2012

52.Colorado, historia sin fin

En una ciudad como Nueva York la pregunta aún persiste ¿Por qué hay tan buenos hombres casados y tan malos hombres solteros?
Encerrado en una casa con un grupo de compañeros de piso chilenos, la pregunta persiste en mi cabeza.
Después de gastar algunos días en Manhattan y de vivir una experiencia inolvidable. Esa pregunta, después de conocer a un amor imposible me quedó tan fija en mi cabeza que aún trato de descifrarla.

-       Happy Birthday Dear Edgardo, Happy Birthday to you! – cantaron todos un catorce de diciembre, después de llegar a Colorado, el lugar donde trabajaría y después de acomodarme en uno de los edificios para empleados del Resort.
-       Happy Birthday Edgardo! – grite después de que todos se callaron.

No sé si era la nieve o no sé si era el relajo de estar más cómodo después de mil horas de tensión dentro de varios aviones que me llevaron a este nuevo estado, entre aeropuertos, papeles y miles de cosas por hacer. Ese día, por fin pude estar más tranquilo o al menos con una persona que conocía. La vida en el campo no es muy emocionante que digamos, el mismo bus, el mismo paisaje, el mismo cielo, el mismo clima, la misma gente.

No me siento emocionado, tampoco tengo el mismo sentimiento que tuve en Nueva York, pero lo cierto es que la vida de campo es muy rutinaria. No me arrepiento de haber venido, pero tampoco me excita estar acá. Si bien hay muchos peruanos con quien compartir experiencias y la paso muy bien con ellos. No hay nadie cerca conocido con quien compartir mis emociones, mis verdaderos sentimientos.

Mi compañero de piso se llama Franco Silva, es chileno, regularmente guapo, de una muy buena condición económica, es muy amable y aparentemente gay. No lo sé, pero desde que lo vi echado en su cama, sentí que nunca iba a poder pasar nada más que una buena amistad con él. Ayer mientras teníamos una larga charla de política y economía de nuestros países, además de su cumpleaños, me di cuenta que a veces el destino te coloca en lugares no sólo para que te des cuenta de la fortaleza que tienes antes las adversidades sino también para saber cuan valiente eres para afrontarlas.

Con respecto a mis otros dos compañeros de piso, sólo mencionare a Alberto Campos, un chileno muy atractivo y extremadamente sexy. No sé si era gay, no sé si le gustaré, lo cierto es que hemos hablado muy poco y me da miedo enfrentarme a la realidad.
¿Acaso ser sincero con todos sobre lo que soy, me abrirá las puertas a nuevas historias de pasión, desenfreno y amor en un país como Estados Unidos?
Posiblemente sí, acá muchas personas sólo tienen tres objetivos en la vida que es ganar dinero, diversión y sexo. La verdad es que esa es la encrucijada de toda la vida ¿salir o no salir al mundo?

Hace unos instantes se juntaron muchos amigos de mi compañero de piso en mi cuarto. Todo hubiera sido genial si no me hubiera quedado viendo una película en vez de tratar de familiarizar con todos ellos. Lo cierto es que luego de la película, Franco me pregunta si quería ir a una fiesta ese mismo martes a unos minutos de donde vivíamos. Yo me niego. Ha pasado una hora desde que se han ido y lo cierto es que estoy muy aburrido, me siento solo y lo peor de todo es que estoy encerrado en un pequeño cuarto con la puerta del baño abierta para tratar de ver si Alberto llega, dado que me habían dejado encargado un mensaje para él sobre la fiesta.

Pensando mejor las cosas, estoy convencido que sé lo que está pasando, creo que extraño mi vida gay limeña, es decir, extraño mostrarme como soy, con mis bromas, con mis muecas, con mis miradas; extraño al jovencito que bromeaba con sus amigos, extraño ser yo mismo y no es que no lo sea acá, pero al no tener a aquellos amigos gay a los que tanto busqué y sólo tener a gente que creo que aparenta ser heterosexual, eso no me hace sentir cómodo.

A pesar de que pongo música nada varonil en las mañanas, creo que todo esto es un proceso y es ese pensamiento lo que me da fuerzas día a día para seguir adelante. Todo toma tiempo y llegará el momento en que no tenga miedo de decir lo que soy, lo que quiero y lo que me gusta.

Se me cruza por la cabeza que algunos pensarán que me siento así porque estoy a miles de kilómetros de distancia de mi hogar, no es así, sino porque creo que ha llegado el momento de que me enfrente conmigo mismo, con mis propias barreras y mis propias emociones para con los demás. Ha llegado el momento que deje las caretas y sea realmente yo, porque puedo, porque debo y porque no hay nadie que me controle. Siento que esta va a ser la prueba más dura de mi vida, la de tener que enfrentarme conmigo mismo.

Con respecto a Alberto, nunca llegó. Con respecto a mí, saldré ahora al lobby del edificio de donde vivo a hacer lo que he estado haciendo hasta el momento, conociendo gente nueva y enfrentándome solo al mundo. A veces pienso que la vida te pone retos, pero mientras confíes en ti mismo y en tus fortalezas todo lo malo sólo quedará como una experiencia más en tu vida.


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