3.25.2012

53.Lima, navidad y esperanza


-       ¿Extrañas Lima? – me preguntó un hombre en el bus mientras iba a mi centro de trabajo.
-       La verdad… no – mientras pensaba en mi futuro en un país lejano, sin conocer y sin ser amigo de la mayoría de las personas con las que estaba obligado a vivir.
-       Y ¿te gusta aquí?
-       Sí, es fabuloso – respondí.

Luego de ello, bajé del bus. Esa misma noche iba a ser navidad. Lejos de mi país, lejos de mi familia, lejos de mis amigos, lejos de aquellos a quienes no les prestaba mucha importancia cuando los tenía cerca y que ahora me doy cuenta cuánto valen en realidad.

Hay veces en la vida en que una persona tiene que madurar y darse cuenta como ha estado llevando las cosas con otras personas, de repente no era como debía llevarlas y había estado aburrido, quejándose y acusándolas como el centro de sus problemas y tal vez no lo eran. Tal vez con tan sólo algo de dinero y con todo un mundo de experiencias, te puedes dar cuenta cuanto realmente las necesitas y las extrañas y hasta te sientes mal por lo que no pudiste hacer.

No lo he querido aceptar hasta ahora o tal vez he estado siendo sínico conmigo mismo, pero es verdad, los extraño, extraño mi vida en Lima, extraño a la gente que vive ahí, extraño lo malo y lo bueno de esa ciudad que me vio nacer, pero en especial a mi eterna acompañante de buenas y malas vivencias, Miraflores.

Me hubiera gustado, que aquella noche iluminada de estrellas, con una fauna envidiable, un paisaje de dioses  y una luna eterna, compartirlas con las personas que me conocen, me quieren y a las que necesito increíblemente. Me hubiera gustado decirle a aquel hombre, sentado en el carro que sí, que sí extraño mi ciudad, mi gente y hasta la comida que rechazaba y de la que siempre negué que echara de menos.

Cuando llegué del trabajo, vi a Franco, mi compañero de piso, se alistaba para irse a donde pasaría navidad, con sus demás compatriotas y uno que otro alucinado peruano que nunca falta en una de esas reuniones. Yo había aceptado una invitación para una gran cena de navidad que haríamos en una cuarto del edifico continuo, junto a un grupo de peruanos quienes se han convertido en un soporte emocional para poder enfrentar mis miedos, mis tristezas y mi soledad.

A veces pienso cuan diferente pudo haber sido mi vida ahora si me hubiera quedado en Nueva York ¿buena, mala, mejor o peor?

Nunca lo sabré, pero lo que sí sé es que la vida en un pueblo como este no se compara en nada a la agitada vida de ciudad. Estoy convencido que si en algún momento he tenido que extrañar algo sobre mi otro estilo de vida, es ese, la agitada e impredecible vida de ciudad a la que amo, a la ciento como parte de mi, a la deseo y a la que jamás cambiaré por otra. No me molesta estar en Colorado, pero lo cierto es que no creo que vuelva a este lugar, por lo menos no para vivir.

-       ¿Aló?  Soy Pablo – pregunte, mientras llamaba a mi casa en Lima, minutos antes de que fuera navidad.
-       ¡Pablo, ya va  a ser navidad! -  me respondió mi hermana muy emocionada.

Yo le respondí que me quedaría en la línea hasta que sean las doce y así fue. Recibí el saludo de mi familia, de mis primos, de los menores quienes me decían que era el más divertido y aquellos que decían que extrañaban al alma de la navidad, recibí el saludo de mis tíos, aquellos con los que peleaba y aquellos con los que reía, de mis hermanas, aquella a la que le confesaba mis grandes secretos y aquella con la que siempre tuve una rivalidad y de mis padres, aquel al que siempre reprochaba por su manera de pensar totalmente opuesta a la mía y aquella a la que siempre reprochaba por cosas sin sentido. Todos me deseaban lo mejor y me hacían sentir un poco más cerca a casa.

Todos me sorprendieron, porque jamás pensé que sentían aquello por mi y nunca los consideré como ellos a mí y tuve que estar a kilómetros de distancia para darme cuenta que lo que buscaba lo tenía más cerca de lo que pensaba. Lo peor de todo es que he estado pensado drásticamente en que en un mediano plazo, al termino de mi carrera universitaria, venir a vivir a este país y no por las oportunidades que me pueda ofrecer, sino porque creo que esa es la mejor manera para poder descubrir quienes son las personas que siempre estarán contigo en las buenas y en las malas, pero sobre todo, quienes sí te aman de verdad.

-       Tú sabes que vivimos cerca a la playa, los fuegos artificiales son hermosos, te pondré el teléfono para que los escuches – dijo mi madre, mientras agarraba el teléfono y se asombraba con el espectáculo.
-       Ve a la azotea con los demás madre, yo los llamaré después.

En ese momento me di cuenta que vivía en otro mundo y que tenía que establecer los parámetros necesarios para que no me duela tanto como me dolió en ese momento, es decir, tener a toda mi familia junta a kilómetros de distancia, tan sólo unidos por un teléfono. Si no hacia ese corte mi cuerpo iba a estar en este país y mi alma en Lima, algo que me iba a desgastar poco a poco.

Y así fue mi navidad, con llantos en la soledad de un cuarto oscuro y con personas de las cuales acababa de conocer algunas semanas. Yo les pedí que me dejen en ese cuarto continuo para no tener que malograr su navidad de la cual cada uno tiene su propia historia. Lloré, y lloré tanto por lo que sentía, por lo que decía y también por lo que no podía decir. A pesar de todo, ese grupo de peruanos me hizo sentir en familia, luego de unos minutos dos amigas peruanas, pero no limeñas se acercaron donde estaba y me invitaron una cerveza, la noche había comenzado.

Son experiencias, buenas y malas. Yo aprecio más a las malas porque gracias a ellas siento ser más fuerte y creo que más maduro; con las buenas, las guardo en mi memoria y son mi gasolina para no desgastar mi ser.

Quisiera poder escribir sobre mis amores, mis agarres y mis encontrones con personas con las que tuve sexo, seguro esto interesaría más, pero lo cierto es que no ha habido y no sé si habrá. Me siento bien y todo esto me ha servido y me sirve para poder tener más confianza en mí mismo como hasta ahora ha sido. Quisiera poder escribir sobre un amor imposible, un amor con el que comparto las sabanas y experiencias inolvidables, pero lo cierto no sé si vaya a haber, quisiera no perder la fe, fe en que en algún momento aparecerá ese alguien que me saque de este silencio eterno.

Hoy mientras caminaba y recibía los saludos por navidad de mis compañeros de trabajo. Me percaté de la presencia de dos ancianos sentados junto al lago congelado del Resort y me puse a pensar si en algún momento iba a llegar a tener a alguien igual con quien compartir experiencias y vivencias hasta el final, alguien con quien reírme, con quien sentirme importante, alguien a quien amar, tan simple como eso, aunque en la realidad sea tan difícil. Entonces miré al cielo y al maravilloso paisaje que me rodeaba y pensé que  para algunos la navidad es sinónimo de amor, unión y familia. Para mi es sinónimo de esperanza, esperanza en que algún momento pueda llegar también a sentir aquel sentimiento que eriza la piel y te hace tan especial. Esperanza en un buen porvenir, esperanza en que mis sueños no sólo se queden plasmados en mi memoria sino también pueda hacerlos realidad y pueda ser lo suficientemente valiente para ponerlos en marcha. Esperanza en que algún día esa persona a la que tanto espero, aparezca para así no volver a sentir en mi alma la misma soledad de aquella noche estrellada.





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2 comments:

  1. La navidad es todo momento en el que sientes que tus sueños pueden hacerse realidad. Me hiciste recordar a mi hermano que está en España y este año no estaremos con él en Navidad, es muy difícil pero eso solo significa que es por algo bueno. Saludos.

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Es lindo recordar a alguien que quieres mucho, eso los hace sentir aunque sea un poquito más unidos.

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