3.25.2012

55.Año Nuevo Estrellado

Nunca pensé tener que contar esto sobre todo después de un accidente que tuve a kilómetros de mi casa en Lima, felizmente no fue nada serio y sólo quedó como anécdota de un mal día, me doblé el tobillo y ello conllevó a que tenga que pasar por una cinematográfica excursión por las mejores clínicas de la región y chequeos que jamás iba a imaginar que me harían en mi vida. Estuve en una de las mejores clínicas americanas con enfermera propia y con toda una gran atención a días después de que lo inevitable pasara. Tres largas horas rodeado de gente desconocida que me daba ánimos, pero nadie que deseaba lo que decía de verdad. Estaba echado en una costosa camilla de clínica ostentosa mirando  como los familiares de los demás pacientes llegaban preocupados, mientras que yo sólo recibí la visita de mi jefa, preocupada sí, pero nunca sabré si de verdad.

Fueron tres largas horas donde no sabía si sentirme triste, feliz, solo o deprimido por mi condición, sólo quería llegar a casa y que la doctora me diga que lo me había pasado no era nada serio. No tenía el teléfono de nadie, dado que mi teléfono lo había olvidado en mi cama aquella mañana, antes de ir a trabajar, justo fue en el trabajo donde pasó aquel accidente.
Cuando el técnico fue a revisarme, me llevó hacia el baño para darle algunas muestras, encerrado entre cuatro paredes de un exclusivo baño de clínica americana, me puse a llorar y lo extraño es que no sabía de qué, no me dolía la caída, lo cierto es que me dolía no tener a nadie a mi lado que realmente se sintiera preocupado por mí, tuvieron que pasar más de cinco horas para poder llamar a mi casa en Lima para sentirme un poco especial.

Lloré con fuerza y sin ningún motivo realmente lógico, sin embargo, mis lágrimas gritaban soledad, gritaban miedo, gritaban desesperación; gritaban, simplemente cosas que no podía decir en alto y que tenía guardado dentro. Estaba solo, realmente lo estaba y nunca antes lo había sentido tan fuerte como ahora, sobre todo en un pueblo que no tiene una vida gay activa como con la que me había acostumbrado en Nueva York o en Lima.

Cuando llegué aquella noche, estaba mi compañero de piso, Franco, se asustó al ver un sujetador que me pusieron en el talón para poder caminar con más comodidad, realmente lo que tenia no era nada malo, simplemente que la medicina en un país tan avanzado como en el que estoy es sorprendente.
No puedo negar que cuando llegué a donde vivo recibí el apoyo de mucha gente, sin embargo, aquel sentimiento de soledad aún persiste en mí.

Siento que no soy una persona tradicional, siento que soy bastante distinto inclusive de los mismos gay, siento que lo que busco acá no es vivir lo mismo que todos tratan todos los días, es decir, fiestas, agarres y sexo de una noche; siento que lo que busco es algo distinto, es algo que realmente me marque y pueda recordarlo para siempre, sea o no con alguien, sea o no con sexo.

Hace unas noches atrás fue Año Nuevo y como era de suponerse se hicieron muchas fiestas en donde vivo. Yo había ha sido invitado a casi todas y realmente estaba muy emocionado, había preparado mi vestimenta la noche anterior y había comprado algunas bebidas para compartir en la reunión. Esa día fui a trabajar y me quedé hasta muy tarde, aproximadamente hasta las siete de la noche, llegué a casa un poco cansado y encontré a Franco cambiándose para ir a una de las reuniones, había comprado muchas cosas, dado que cocinarían en su reunión, yo decidí ir a dar un caminata con el espeluznante frio de la noche del treintaiuno; caminé, pensando en mis amigos en Perú y sobre lo que iban a hacer esa noche, miraba las estrellas y me sentía un poco más cerca a ellos, cerca a Guillermo Rivarola, Jerly Castillo y Edgardo Vargas, los dos primeros estaban en Lima, seguramente habrían salido a una playa del sur a conocer a chicos y el segundo estaba en América también, él la pasaría con un mexicano a quien conoció hace semanas atrás en el trabajo, con una fabulosa cena, teniendo a la luna como su acompañante.

Cuando regresé, Franco ya se había marchado, así que me bañé y me cambié. Cuando terminé me miré al espejo y me sentí fabuloso, pero desganado, simplemente no me dio ganas de salir y lo cierto es que sigo sin entender por qué, en ese momento recibo la llamada de una compañera de trabajo de Brasil, quien me deseaba lo mejor en este nuevo año, cuando me preguntó qué iba a hacer le respondí que tal vez iría a una fiesta de los edificios continuos, aunque en realidad no estaba de muchas ganas para esta, no pasó ni un minuto, cuando del baño salió Alberto, aquel chileno con quien comparto el mismo baño de mi departamento.

-       Hola Pablo…
-       Hola ¿cómo estás? – respondí y colgué sin querer el teléfono en seguida.
-       Pablo ¿qué harás ahora? – me dijo tímidamente Alberto.
-       Iré a una fiesta en los edificios de al costado – respondí desganadamente.
-       Pablo ¿quieres ir conmigo a comer algo en un restaurante en la cima de la montaña? -  me preguntó. Lo cierto es que en ese momento no sabía que decir, estaba nervioso ¿lo que vivía era de verdad?
-       … ¿Qué haremos? - pregunté
-       Ver los fuegos artificiales, en realidad ahí está Omar, mi compañero de piso, así que podemos visitarlo para que no esté solo…
-       Está bien, vamos… - respondí en seguida.
-       ¿No quieres ponerte algo, hace mucho frio ahí?
-       Sí – respondí, pero como se quedó en el cuarto y no quería desnudarme al frente de él, sólo atiné a ponerme otro saco.

Conversamos, reímos, la pasamos genial en el trayecto; sin embargo, cuando llegamos a las góndolas que nos transportarían hacia la cima, estas sólo eran para los clientes VIP del hotel. Decimos pasarla como lo teníamos pensado. Al día siguiente, me enteré que lo de Omar había sido sólo una escusa para pasarla conmigo. Así como yo, había alguien que tampoco no estaba interesado en las rutinarias fiestas que suelen hacer acá.

Nos despedimos, nos abrazamos y nos deseamos lo mejor para el próximo año, cuando llegué a mi casa eran las once y media de la noche, decidí irme a dormir, no desperté hasta el día siguiente en la mañana. Lo hice porque simplemente estaba satisfecho con la noche que pasé y no necesitaba una de las tantas fiestas rutinarias a las que seguro asistiría.

Tal vez no llegué a pasar las doce mirando fuegos artificiales junto a un hombre que no sólo es hermoso físicamente sino también, que hasta el momento, me ha demostrado que también lo es internamente, tal vez no tuve una noche llena de pasión, de fiesta y licor, pero tuve una noche mágica como esperaba, fue distinta como quería y con eso para mí basta.

Hay años nuevos donde la noche suele ser desenfrenada con alcohol, sexo, drogas  y experiencias inolvidables que hasta traen secuelas para el resto de tu vida, sin embargo, hay otros años nuevos a las que llamo “años nuevos estrellados”, que son aquellos donde tal vez no cumples con el objetivo, pero simplemente hubo algo que te marcó tanto que te das por satisfecho. No puedo negar que me hubiera encantado tener sexo con Alberto esa noche, sin embargo, pasar esas horas con alguien con quien sí quieres de verdad lo hace simplemente fabuloso y te hace sentir un poco más acompañado y poco menos solo, sobre todo en un Año Nuevo a kilómetros de tus seres queridos.

No sé si Alberto lo hizo por pena o porque realmente quería pasarla conmigo y quería algo distinto en Año Nuevo. Tampoco sé si él sea gay o no, pero lo que sí sé es que por primera vez en este pueblo alejado de la vida de ciudad a la que amo tanto, me sentí especial y querido; después de mucho tiempo, sentía que para alguien era importante. No sé si me esté arriesgando demasiado, pero no me importa, afronto las consecuencias.

-       ¿Qué tal estuvo tu nochecita? – me preguntó Franco cuando llegó por la mañana.
-       Fabulosa – respondí


Share:

0 comments:

Post a Comment