3.25.2012

57. Interrogantes II

Nunca pensé tener que volver a repetir este mismo título desde que comenzara a escribir hace varios años atrás. Sin embargo, la historia que una compañera de trabajo me contó hizo que recordara a alguien con quien ya había cerrado un capitulo en mi vida y que jamás volveré a abrir.

-       ¿Alguna vez te has enamorado? – preguntó Amanda dentro de un almacén donde hacíamos el inventario para nuestra supervisora, el día de hoy, cuando volví al trabajo después de mis tres días de descanso acumulados por el accidente en el talón que tuve hace cuatro días atrás.

Amanda había dejado de trabajar por una semana, dado que se enfermó fuertemente, le dio gastritis emocional, debido a que le afectó muchísimo el cambio de vida a la que se vio sometida. Ese mismo día, nos incorporamos al trabajo ambos y nos mandaron a hacer inventarios, el trabajo más fácil.

-       … no, creo que no… y… ¿tu? – respondí algo confundido, dado que la pregunta salió de la nada, lo cierto es que no sabía que responder ¿acaso fue MAIN la primera persona de la que me enamoré? Y si fue así ¿por qué jamás intenté acercarme a él, a pesar que tuve la oportunidad?
-       Yo sí hace casi un año. Su nombre era Dante, un militar de rango alto, que tenia mujer y un hijo pequeño. La verdad es que nunca me molestó eso, hasta que me di cuenta que extrañaba a su mujer y lo tuve que dejar, dado que la pena y tristeza invadían mi cuerpo. Era duro saber que cuando me besaba un poco de su familia también lo hacía. Duramos casi tres años y para mí fue el amor de vida, fue durísimo aceptar que lo nuestro nunca iba a poder ser… ciento que hasta ahora lo extraño.
-       Lamentablemente había un nexo que los unía ¿no crees? – dije tratando de seguir la conversación.
-       Sí, lo peor de todo es que hace poco traté de buscarlo por una red social y lo cierto es que me deprimió lo que vi. Había terminado con la madre de su hijo una vez más y ahora salía con otra. Creo que no volvería con él nunca más… ¿sabes? No sólo me enfermé porque me afectó el nuevo estilo de vida que llevamos, la comida y demás sino también porque el día de mi cumpleaños, que cae en navidad y año nuevo la pase sola, es decir, vivo con cinco personas y me hablo con ellos y trato de ser la más sociable, pero esos días no me sentía muy bien. Extrañaba a alguien. A alguien con quien salgo hace algunos meses es marino, su nombre es Alonso – me contó mientras tomábamos una taza de café que trajimos de la oficina principal, encerrados aún en el closet, felizmente nos pagaban por hora.
-       ¿otro militar? – pregunté asombrado por la similitud.
-       Sí, lo conocí cuando salía de una relación, en realidad, él estaba en una, pero aquella estaba muy desgastada. Siempre lo vi como algo pasajero, pero nunca creí que iba a llegar gustarme tanto. Cuando él terminó con su novio me seguía gustando, pero yo tenía las cosas muy claras, sabía que él había dejado de lado al amor y que sólo buscaba una buena compañía, es más, una vez me dijo que era un tonto y que no sabía amar y que tampoco quería aprender.
-       … entiendo…
-       Yo siempre he estado de acuerdo en ello, sin embargo, no puedo negar que me he ilusionado de él, alucina que simplemente voy a su casa, no conversamos nada y sólo es el hecho de estar a su lado, de tenernos uno al otro, con miradas, sin palabras y con un tierno beso. Es más, nunca hemos tenido sexo.
-       …entiendo... ¿y dices que no te has enamorado él? – pregunté muy asombrado e identificado.
-       Creo que no, puede que me haya ilusionado, pero lo cierto es que no lo he visto muchas veces, tiene una vida muy complicada, sólo lo puedo ver algunas veces y en todo este tiempo sólo lo habré visto veinte veces, sé que es poco, pero creo que es lo suficiente para darte cuenta que alguien vale la pena.
-       Sí, es verdad…
-       Yo sé que tal vez no llegué a pasar nada ahora, pero tal vez en algún momento nos podamos juntar y recordar… pero aún guardo la esperanza de encontrar a alguien, créeme que he perdido la confianza en los hombres. Antes no era tan despreciativa, sino todo lo contrario me mostraba más amable y cordial, sin embargo, hoy siento que soy más fría que antes, sí, era diferente, pero la vida, cuando te golpea en el corazón lo hace más fuerte que cualquier accidente que hayamos podido tener, porque te cambia y modificar esos cambios es muy difícil y muchas veces son permanentes – dijo Amanda sabiamente.
-       ¿tú no crees que puedas tener miedo a que te vayan a lastimar otra vez? – pregunté.
-       Sí, lo he pensado y creo que sí.
-       No puedes vivir con miedo toda tu vida, es decir, en algún momento vas a tener que enfrentar la situación con el marino y con todos con los que sales ahora. No puedes ser como una tortuga que saca la cabeza y cuando la tocan la mete por temor.

Después de decir ello, me quedé pensando ¿acaso ese no es mi caso personal? ¿Acaso no he sido como una tortuga todos estos años porque tengo miedo a ser lastimado? ¿Acaso no he estado siendo sínico conmigo mismo, diciendo una y otra vez que no busco amor sino las múltiples experiencias de una noche? ¿Acaso lo que busco en sí, es amor, un amor que llegué feliz a mí, sin temor a nada ni a nadie y que esté seguro de lo que quiere conmigo?

¿Cuál es el motivo de mi lucha? ¿Es acaso sólo una experiencia inolvidable lo que busco o es un amor verdadero, un amor real?

He estado escribiendo durante meses sobre las experiencias inolvidables en mi vida, sin saber cuál es el límite, sin saber qué es lo que quiero de verdad y creo que hasta ahora no lo sé.

-       Entonces ¿lo llamarás? – pregunté.
-       Sí, creo que sí, creo que no puedo escapar de la realidad y aunque el orgullo nos carcoma tengo que arriesgar. Al fin y al cabo, de eso se trata el amor ¿verdad? – preguntó y la verdad es que no sabía que responder ¿realmente de eso se trataba? Sólo atine a responder…
-       Sí, pero una pregunta, antes de salir de este apestoso closet cafetalero… si no tenias confianza en los hombres ¿Por qué me has contado todo eso a mí?
-       Pablo… soy una tortuga y las tortugas saben más de la gente por viejas, que por tortugas…

De regreso a mi alojamiento con la nieve espesa que daba en mi rosto, me puse a pensar en cuánto había cambiado mi vida, después de dejar y olvidar a MAIN y llegué a la conclusión que había cambiado el sufrimiento y sueños irreales, por momentos felices y palpables, que no quedaban sólo en un sueño, sino que habían personas que los hacían reales. Tal vez no me arriesgué tanto como debí hacerlo en un principio con MAIN, pero estoy convencido que las cosas pasan por algo y si el destino no dejó que estuviera en una relación con MAIN, fue porque tal vez las cosas eran mejor así.

Guardo la esperanza en ser amigo de MAIN, aunque eso no lo crea conveniente, pero tal vez una amistad en la que me pueda sentar y recordar, como Amanda con su ex.

¿Alguna vez me enamoré de él? Esa es una interrogante que aún guarda respuesta definitiva. Muchos dicen que sólo hay un amor en la vida, sin embargo, yo no creo lo mismo. Creo que las personas pueden tener más de uno. Además, mi rompimiento total con MAIN no fue tan desastroso como otros rompimientos que he tenido que escuchar, no hubo reclamaciones, no hubo llanto excesivo, no hubo gente de por medio, no hubo psicólogo. Lo definitivo es que cuando uno se enamora de verdad y ese enamoramiento o relación terminan, la vida de esa persona cambia radicalmente, la gran interrogante es… ¿la mía cambió?
Amanda nunca llegó a llamar a su ex, aquella interrogante aún guarda respuesta.


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