3.25.2012

60.Extremos II – La habitación

Definitivamente aquella noche fue una de las más largas de mi vida y no es que trate de narrar una de esas historias de ebrios de las tantas que publican en los periódicos sino las consecuencias sobre lo irracional y lo sorprendido que quedé al día siguiente sobre todo lo que me enteré en esa noche de secretos, las sorpresas que te da la vida y lo equivocado que muchas veces puedes estar respecto a tu soledad.

Me encontraba una vez más en el salón del edificio veía a todos bailar y divertirse sin parar, fue entonces cuando lo vi, era uno de los mejores amigos de mi compañero de piso, Franco, aquel que en algún momento había ido a mi habitación para pedirme que vaya a una disco con él, algo que obviamente no acepté y no porque sea sobrado sino porque aquel personaje, amigo de Franco, no tiene una buena reputación, él se llamaba Ricardo Montoya. Sin embargo, con el paso del tiempo digamos que se ha ganado mi confianza y ese día de la fiesta nos saludamos y me pregunta por Franco.

-¿aun no viene Franco? – pregunta Ricardo
-iba a venir, pero creo que no vendrá – respondí.
-qué pena ¿sabes si vendrá Gabriel con él?
-no sé quién es Gabriel.
-Pablo, no te hagas el tonto… si supieras que ha pasado con él…

Me quedé anonadado, había dado por sentado que Franco, mi compañero de piso, no era gay, pero lo cierto es que su mejor amigo, por lo menos en ese momento, me confesaba algo que dentro de mis envenenadas venas de alcohol no comprendían. Seguíamos discutiendo sobre el susodicho cuando un disturbio me desconcentra, lo típico, un peruano haciendo escándalo. Lo malo de esto era que lo estaba haciendo junto a un americano, se estaban peleando, lo cierto es que aquella pelea era un poco injusta para aquel americano quien estaba bastante ebrio y drogado, dado que era él y su amigo contra más de veinte peruanos que inundaban el edificio. Fue entonces cuando lo vi, no sé a quien defendía o si sólo quería calmar las aguas o si sólo era que yo estaba muy ebrio, pero era Franco con su conocido grupo de amigos chilenos e incluía la presencia de Alberto, pensé que no iba a volverlo a ver más en la noche, debido a lo que paso en la habitación, había decidido ir a dormir, algo que no pasó.

Todos gritaban, corrían y hacían una bulla infernal. Yo trataba que no apagaran la música, dado que la policía podía escuchar los gritos, sin embargo la encargada la apagó, la pelea seguía y la sangre corría en los dos bandos. Veía a gente correr hacia sus habitaciones y no tardo en llegar la policía, era el fin de una noche pensé, sin embargo esta recién comenzaba para mí.

La pelea se inició básicamente porque los encargados de las dos puertas habían cerrado una y el americano quería entrar por aquella, al no entender esto y agregando el alcohol y la droga que la mayoría tenía encima, incluyendo a los encargados peruanos dio la receta perfecta para desencadenar una pelea que trajo como resultados a un peruano detenido y al americano en la clínica más cercana.

Mientras tanto, yo salía corriendo del edificio y ayudaba al americano a ser transportado, gracias a mi dominio del inglés pude pasar como un americano más y no tuve que pasar por la humillación de tener que estar sentado en el suelo con decenas de policías. Franco, dentaras mío, hacía lo suyo con su cámara, haciéndose pasar por la prensa. Luego de que se llevaran al americano, atiné por ir a mi cuarto, rendido y con incontables tragos de más.
En el camino, me percaté que Franco aún seguía detrás mío, fue entonces cuando se lo dije.

-       Sé algo de ti…
-       ¿Qué cosa? – preguntó Franco
-       Sobre tu y Gabriel…
-       No entiendo – respondió Franco, lo cierto es que aún puedo recordar su cara de sorpresa ¿era Franco gay?

Llegué a la habitación de mi cuarto y para ello ya no estaba solamente Franco también habían llegado Alberto y Omar, quienes también son mis compañeros.

-       No tengo la llave ¡vino la policía! – exclamé al ver a Alberto y Omar, entre por su puerta, algo que jamás hubiera hecho sobrio sin pedir permiso.
-       Entra por nuestra puerta -  dijo Alberto.
-       Sé algo de Franco y no se lo voy a decir… - dije cachacientamente a los dos.

Entré a mi cuarto y segundos después entra Alberto, cierra la puerta y me coge de los hombros.

-       Dime qué pasa con Franco – dijo Alberto
-       Nada, no pasa nada…
-       Vamos Pablo, tú me lo prometiste – rogo Alberto.
-       ¿por qué estas tan interesado? – pregunté, en ese momento me di cuenta de algo, que tal vez yo jamás estuve como una de sus prioridades ni en amor, ni en amistad, ni en nada, sino todo lo contrario, nunca le importé.
-       Es mi amigo, él me importa…
-       ¿Qué cosa crees que puede ser? – pregunté después de confirmar lo que creía.
-       ¿está saliendo con alguien? -  preguntó.
-       Mas o menos…
-       ¿una mujer? – preguntó ironicé, yo lo quedé mirando como diciendo “no te hagas el idiota, muy bien que los sabes”.

El coloco sus manos sobre su boca y sólo atinó a exclamar un gran “¡No!”. Le hice prometer que no se lo dijera a nadie, algo que no cumplió al día siguiente.

La verdad es que no recuerdo con exactitud la cronología de los hechos, pero haciendo un esfuerzo, escuché que tocaban la puerta, era Julio uno de los amigos chilenos de Franco del que siempre pensé que algo ocultaba en su mirada. Había llegado en bóxer, dado que según él había tenido sexo con una peruana en su habitación, después del acto, no tuvo mejor idea que recorrer todos los edificios, con el frio y la mirada atónita de los huéspedes, en bóxer y con muchísimos tragos de más. Lo hicimos pasar y a mí no se me ocurre mejor idea que preparar Margaritas, gracias a un tequila y a preparados instantáneos que me encontré un día anterior en una de las tantas habitaciones que desocupan.

Omar tomó un poco, pero Alberto y Franco rechazaron mi tentadora oferta, Julio estaba muy ebrio y como sus piernas no aguantaban más su peso, lo encontramos rendido en uno de los pasadizos del edificio, felizmente ya no estaba solamente en bóxer, yo le había puesto una toalla, que dicho sea de paso era de Franco.

Mientras trataban de levantar a Julio, Franco y Alberto, yo me quedé a solas con Omar, yo siempre creí y confié en una heterosexualidad plena de este personaje, dado que venía de una de las familias de militares más acomodadas de Chile. Sin embargo aún la duda sigue en mi cabeza sobre lo que realmente pasó con Omar aquella noche, duda que esclarecí.

Antes de que Alberto saliera a ayudar a Julio, estaba molesto, estaba amargo y furioso por la anterior respuesta y la verdad en los sentimientos hacia mí de él, así que decidí encararlo, lo metí al baño y lo cogí del pecho y le dije qué sentía por mí, dentro de mi embriagado cuerpo. Él sólo atinó a decir que me vaya a dormir, que no estaba en buenas condiciones como para discutirlo ahora. Cogí mi vaso y lo tiré con fuerza hacia la pared. Esa fue la gota que derramó el vaso y fui expulsado de su habitación. No recuerdo como llegué a la mía, pero para ello, Omar fue a ayudarme y estaba detrás mío todo el tiempo. No trato de insinuar nada, simplemente sé que lo hizo de buen amigo, de buena persona.

El problema de todo esto, fue que cuando llegué  a mí cama, no me acosté en ella, sino en el piso, obviamente por error, mi condición física estaba a punto de desvanecerse y fue entonces que Omar entra y me ve tirado. Me levanta y me sienta en una de las sillas.

-Pablo ¿estás bien? – pregunta.
- No, no estoy bien, yo sé algo de Franco, pero no te lo voy a decir... – decía sin parar.
- no me lo tienes que decir, yo ya lo sé, es gay ¿verdad? – preguntó.
- sí, pero no se lo digas… tu eres muy bueno conmigo – dije y no perdí más el tiempo y comienzo a abrazarlo, él me detiene.
- Pablo, no soy gay, los respeto, pero no lo soy.

Él sólo atina a reírse y a decir que eso no era lo suyo, fue entonces que lo comprendí, mi estadía en esa habitación había comenzado su fin. En ese momento me desvanezco y no recuerdo lo que pasó después. Al día siguiente sólo me entero que él me había acostado en mi cama y que me había despertado horas después para vomitar. No sé si fue de él rescatarme aquella noche alocada, desenfrenada y de extremos o si sólo fue compasión por mí estado, lo cierto es que cambió todo el panorama que hasta ese momento había sido ley y norma en mí día a día, había salido al mundo.

El ser rescatado es algo que no estaba dentro de mis parámetros, dado que lo veía como una especie de humillación. Siempre he creído que uno mismo debe de rescatarse ante cualquier adversidad, pero tampoco puedo caer en el cinismo, me gustó. Ni Franco, ni Alberto del quien siempre creí que podía interesarle estuvieron ahí conmigo para ayudarme, no sé si fue porque desvanecí la imagen que él tenía de mi, aquella imagen de persona perfecta, que al igual que él guarda las apariencias. Lo cierto es que no lo soy, soy Pablo un ser humano con muchos errores, que no sueña con ser perfecto, pero sí con un amor de verdad que comprenda aquello y que lo ame tal y como es. En aquella noche se terminaron las sensaciones de soledad y a pesar que no fueron dos los que me rescataron como en el caso de Julio, sí hubo uno y creo que ello me marcó, no sé si por el beso o por las caricias, pero hubo un príncipe azul aquella noche para mí que me rescató de los extremos que yo mismo creé, aquellos que no sé si sean malos o buenos, aquellos que no sé si desencadenen en experiencias maravillosas que llevas en tu memoria por el resto de tu vida e inclusive a la tumba, aquellos que te hacen vivir de verdad la noche, aquellos que te marcan y te dejan momentos que cambian tus perspectivas. Fui a dormir esa noche, en efecto, pero sabía que ya no estaba solo, había alguien que me estaba cuidando. Hubo alguien aquella noche que no sólo me rescató de la vergüenza sino también de la soledad, no sé si sólo hubo uno o una. Esa noche, comenzó realmente mi historia en Colorado. Al día siguiente también comenzó el recuento de los daños.

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