3.25.2012

61. Pagando los daños


“Cuando una persona se embriaga pierde la noción de sus actos y todo tipo de racionamiento lógico, entendible por cualquier mortal”.

Se supone que aquella frase lo diría un doctor especialista en medicina general de cualquier consultorio médico de cualquier parte del mundo. Lamentablemente mi compañero de piso, Franco, no lo entendió así y vio mi actuación de la noche anterior como una burla a su confianza y a su ya desgastada reputación.

Ha pasado un día de aquella noche donde todo pasó y donde pensé que muchas cosas iban a cambiar de ahora en adelante, lo cierto es que sí, he notado que mucha gente tanto de Perú como de otros lugares de la región ha dejado de verme como un aristócrata limeño, serio, sin ningún tema de conversación interesante. Los latinos con los que estoy obligado a vivir suelen ser más sociables conmigo y es que creo que me ven más humano, después de todo el espectáculo que dicen que armé aquella noche, tratando de hacer lo que mejor solía hacer en la secundaria, figurar.

-       Pablo, tengo que hablar contigo muy seriamente – me dijo Franco, después de llegar de trabajar.
-       Sí, dime – contesté con desgano, dado que estaba muy cansado, inclusive después de varias horas de haber dormido.
-       Quiero saber… ¿cómo que has estado diciendo que yo me he estado besuqueando con otro hombre? – preguntó, no sabía que decir, sólo atiné a dar una de mis sonrisas fingidas.
-       Omar me ha dicho que tú has estado diciendo que te han contado que me besuqueo con Gabriel, quiero que me digas quién te lo dijo porque si no se lo voy a decir a Mariana – replicó, Mariana era la directora del departamento donde trabajamos.
-       ¿me crees si te digo que no me acuerdo? – pregunté, en realidad sí me acordaba sólo que no quería meter en problemas a uno de sus ex mejores amigos del cual siempre sospeché que era gay.
-       Es mejor que te acuerdes, sino le diré a Mariana – volvió a replicar. Lo cierto es que la directora no tenía nada que ver con los problemas fuera del centro de trabajo, no tenía miedo de lo que podía decirle sino de que nuestra relación se acabara, así que se lo dije.
-       Fue Ricardo, pero él también estaba ebrio. Franco, tienes que entender que las personas que estamos ebrias no tenemos el control de nuestro actos, es así.
-       Pablo, yo también he estado ebrio una vez, pero jamás ando lanzando faltos testimonios, sobre todo a todo el mundo…
-       ¿todo el mundo? ¿a quien más se lo dije? – pregunté
-       A Omar y a Alberto.

En ese momento entendí, Franco jamás me dijo que no era gay, en otras palabras él realmente lo era y no es que estaba molesto por mis actitudes sino que tenía miedo que su verdadera identidad le traiga problemas con las personas que él estimaba o les gustaba, aunque estas sólo sean dos, y tenía todo el derecho de molestarse, lo cierto es que el que no tenía derecho a divulgar, aún estando ebrio, sobre lo que él realmente sentía por las demás personas era yo. Atiné a pedirle disculpas y a conversar con Omar, dado que Alberto no me quería ver, por el pequeño incidente del vaso que voló y cayó hacia las paredes y que yo arrojé. Cuando le mencioné a Franco sobre su amistad con Ricardo, él sólo dijo “¿Ricardo? No es mi amigo”, no sé si lo dijo por molesto o porque realmente lo sentía. Un día después, Franco habla con Ricardo, lo encara, pero Ricardo había estado tan ebrio que tampoco se acordaba lo que me dijo, cuando Franco vuelve a meter a la directora, Ricardo sólo dice “haz lo que más te parezca”, él sabía muy bien que la directora lo ignoraría completamente. Con ello, la amistad con la persona que más sospechaba sobre su homosexualidad, amigo de Franco, se terminaba, posiblemente para siempre.

-       Omar tengo que hablar contigo – dije, mientras lavaba algunos platos en el caño de la cocina.
-       ¿Pablo? Si dime -  dijo tímidamente Omar, en realidad él iba al baño, no quería hablarme y creo que tampoco mirarme a los ojos, nunca supe por qué.
-       Quiero hablar contigo sobre lo que pasó ayer…
-       Sí, qué cosa – preguntó, lo cierto es que se sorprendió un poco cuando le mencioné el tema.
-       He hablado con Franco sobre lo que pasó y creo que cometí un error en decirles todo eso acerca de él, en realidad le prometí a Franco que hablaría de esto con ustedes para que no lo sigan comentando – expuse con la intención de que todo el tema quedará ahí, mientras hablaba no dejaba de mirar la mirada perdida de Omar.
-       Sí, no te preocupes. No le diremos a nadie que Franco es gay…
-       ¡no! Franco no es gay – sostuve firmemente, dado que tenía que dejar las cosas como habían estado antes.
-       ¡oh! Entonces…
-       Él me dijo que no, por favor no se lo digas a nadie -  lo miré firmemente como diciendo este es un secreto entre tú y yo.
-       Entiendo.

Nunca le pude decir gracias, ni comentar el tema sobre aquella noche. Lo cierto es que en la conversación que tuvimos él me confesó algunas cosas que pasaron, cosas que sólo quedarán en mí recuerdo. Minutos después, Franco llega, una vez más de trabajar, Omar lo saluda y yo me quedo completamente mudo como normalmente lo hago cuando  todos están reunidos. Ellos hablan de sus cosas, hasta que suena el teléfono, era uno de los amigos de Omar, Julio, les pedía que vayan a esquiar, dado que había estado nevando muchísimo por estos días.
Cuando estaban por irse, sólo bajo la mirada como diciendo, lamento no haberte besado en ese momento en el que pude hacia Omar, en realidad Franco no me importaba en absoluto, sino lo que los otros puedan pensar. Con ello, daba por cerrado otro capítulo en mi vida con mis dos compañeros de piso con quien compartía el baño, con quienes soñé e idee una realidad que tal vez no existía, pero que hice posible.

Cuando Omar se fue del cuarto y me lanzó esa mirada, no puedo negar que me dio miedo, miedo a mí mismo y a lo que pueda ser de mí más adelante. Miedo a quedarme solo por el hecho a no ser lastimado. Miedo a enamorarme, porque creo ser una de las personas que cree fervientemente en que el amor es peligroso, pero a la vez delicioso y empalagoso cuando abusas de él, es toxico, es maravilloso, simplemente es un sentimiento del que no hay que jugar sino disfrutar, pero eso es algo que jamás haré con Omar.

Pero aún no pierdo la fe, sigo siendo optimista en lo que pueda venir más adelante y tal vez en alguna oportunidad en el futuro, pueda abrirme aún más al mundo y darle las gracias a ese hombre que no sólo me rescató de la soledad en la que pensaba que estaba, que me demostró que si eres tú mismo puedes caer mejor a las personas de lo que te imaginas, a aquella persona que no sólo vio en mí a esa persona callada y tímida sino que también pudo ver en mí, como muchas otras personas, un ser humano algo especial.

Share:

0 comments:

Post a Comment