3.25.2012

62.¿Ficción o realidad? - EDICION ESPECIAL

A algunas personas se emocionan por tener un nuevo romance en sus vidas, otras por cumplir logros profesionales, sin embargo, no hay gay o lesbiana en la faz de esta tierra que no se puede sentir emocionado cuando le nombran la eterna y liberal ciudad donde los sueños se hacen realidad, New York.

Hace unos días tocan mi puerta, era mi nueva amiga lesbiana a la que pude identificar gracias a que ella me dijo que era, Amanda. Ella me contaba sobre uno de los viajes más importantes en su vida, un viaje que la haría soñar, vivir en la realidad, pero iluminada por miles de experiencias que sólo pueden pasar en pocas partes del mundo, ella viajaría a New York, al igual que yo hice un mes atrás.

Lo cierto es que sabía de muchas personas que harían la misma travesía, pero muchas de estas personas no iban a sentir las mismas sensaciones que siente alguien como nosotros, es decir, un heterosexual no puede sentir la misma emoción que sentiría un gay o una lesbiana al viajar a esa ciudad, dado que ellos no tendrían que esperar a respirar aquel aire de libertad sexual que se vive ahí. Obviamente no puedo generalizar, las personas somos distintas y existen heterosexuales que piensan como gay y viceversa.
Como sea que fuere, New York despierta sentimientos inesperados e inimaginables en aquellos que lo único que han vivido hasta el momento sólo es rutina y desilusiones sean o no sean homosexuales.

-       Viajaré a New York mañana es el viaje de mi vida y no sabes lo emocionadísima que me siento -  me dijo Amanda mientras dejábamos la ropa en la lavandería.
-       ¿Cuándo sale tu vuelo? – pregunté.
-       Mañana a las diez de la mañana, iré a tu habitación en un rato ¿estarás?
-       Absolutamente - respondí
-       Sí, tenemos que hablar antes que me vaya.

¿Hablaríamos de New York o tal vez de nuestras vidas? Aquello me pregunté luego de despedirme de ella, lo cierto es que había retrasado aquella conversación que ella me pidió desde antes que ella me dijera que era lesbiana. Esta es una de esas conversaciones que esperas por mucho tiempo y que te trae muchas dudas en la cabeza, pero iba a estar preparado para ella y para enfrentarme a lo que sea.

Sin embargo, nunca hablamos y aquella conversación fue la última antes del viaje que pude tener con Amanda, mientras tanto otras personas habían decidido mi suerte y momentos inimaginables en mi vida se acercaban.

No sé si lo que pasó días después era inevitable o era lo que el destino me había tenido preparado, es decir, enfrentarme a la realidad dentro de la ficción, una pregunta salto en mi mente aquellos días ¿la ficción supera a la ficción?

-       Edgardo me voy a ir del cuarto, mágicamente un vodka que había comprado hace algunas semanas atrás se convirtió en agua, la verdad es que siento que esto es una estupidez, si lo querían me lo pudieron haber pedido, yo no iba a tener problema en regalárselo, tu sabes que no tomo – le conté por teléfono a Edgardo.
-       Sí está mal, pero tranquilízate, posiblemente sea un mal entendido, habla con ellos – respondió.
-       Trataré.

Estaba renegando y me quedé dormido, minutos después aparece Franco, mi compañero de piso. Para ello, ya estaba decidido a irme del cuarto, dado que la relación desde aquella noche de desenfreno, semanas atrás, había desgastado la relación entre Franco y yo. En realidad, siempre estuve dispuesto a irme, nunca creí que Franco  estuviera cómodo con mi presencia, sobre todo después de que yo pusiera sobre la mesa de que él sea gay frente a sus amigos, pero por las cosas que te trae la vida decidí quedarme.

-       Pablo necesitamos hablar… - dijo Franco, chileno y compañero de piso.
-       ¿ahora que hice? – respondí, dado que pensé que era algo relacionado con lo que había pasado aquella larga noche.
-       Los chicos de al lado y yo hemos leído tu blog… - me dijo, me quedé en shock.
-       De acuerdo ¿y? – pregunte, dado que no pensé que había algo malo en ello, pero sí me sorprendí porque no pensé que lo iban a leer.
-       Estamos muy incomodo con tu presencia, dado que tú te expresas de una forma impúdica y asquerosa en el, Alberto está muy afectado y no quiere volverte a ver… les das asco y creo que es mejor que te vayas.

Me quede completamente anonadado, primero, porque estas personas habían confundido la ficción con la realidad y segundo, porque habían creado un prejuicio sobre mí. Obviamente, Franco no sólo dijo esto sobre mí, sino muchas cosas más, él pensaba que escribir sobre sexo o bromear sobre este tema era anormal y por ello me convertía en un enfermo sexual. Todo el momento creí y creo firmemente que el sexo es humano, al igual que la homosexualidad y heterosexualidad de las personas y cualquiera de las dos opciones son aceptables para discutirlas, pero sobre todo para comprenderlas.

El hecho es que en el blog había colocado hechos reales con personajes reales, pero con una trama meramente ficticia para hacer volar la imaginación de las personas optimistas acerca de una forma distinta de amar. No sé si será el choque cultural entre nosotros o tabús que ellos mismos forman, lo cierto es que me dijo cosas que jamás pensé que alguien podía tener sobre mí, una concepción errónea, equivocada y completamente prejuiciosa. Lo deje hablar y deje que se desfogue, pero cuando se metió con lo que hacía y basureo la forma en cómo otros soñaban y se sentían identificados con la historia que yo publicaba, me molesté y eso es algo que nunca hago, porque lo veo innecesario, sin embargo me insultó y también lo hizo a las cientos de personas que siguen este blog.

Cuando se fue y le deje en claro sobre lo que era mí blog y no entendió o mejor dicho, no quiso entender, dado que es una persona cerrada en sus paramétricas ideas realmente ordinarias y completamente pasadas de época, me di cuenta que iba a ser en vano tratar de hablar con él o hacerle entender. Me di cuenta que las dos personas con quien compartía el baño y de los que había escrito cosas como “me gustó limpiar su semen” en un contexto burlesco y burdo de la historia, iba a ser en vano tratar de hacerles entender que lo que hago  día a día es que cientos de personas solitarias, incomprendidas y burladas por una sociedad latina que no entiende, o como Álvaro, que no quiere entender, se sientan un poco más comprendidas, entendidas y menos solas.
Hable o no hable de sexo, semen o romances platónicos.

Creo firmemente en lo que hago y por eso, esa misma madrugada, después de una de las tantas charlas que estos tres personajes tienen diariamente sobre derechos humanos, religión o moral, algo que me parece irónico de su parte, le escribí a la directora del área de donde trabajo, dado que, como todo maricón y cobarde hace, Álvaro me amenazó con contarle sobre el accidente a ella como si eso tuviera algún sentido, esa fue la primera vez que conocí al primer gay maricón en mí vida. Yo soy hombre y me responsabilizo de todo lo que hago, toda mi vida lo he hecho y esta vez iba a ser igual, no le tengo miedo a las jerarquías y sobre todo no le tengo miedo a mis actos y a mis pensamientos. Lo que pase en mi cama o en mi mente perturbada sólo se entera la gente que lee este blog. Así que le envié un mensaje esa madrugada y comuniqué a todos los lectores de mí blog un cese hasta que me den la carta libre para saber si este blog interfería con mi trabajo, dado que a pesar de que estaba seguro de las libertades de este país, no puedo negar que con la seguridad con la que hablaba Franco me hizo dudar.

Cuando Franco regresó de las conversaciones de siempre, le dije que me iría de la habitación la mañana siguiente y que quería que me devuelva mi cable y el dinero que le presté semanas atrás. Aceptó y esa misma mañana empaqué mis cosas y me fui para siempre de sus vidas, para bien o para mal una buena amiga me aceptó en su habitación y es donde actualmente me encuentro escribiendo estos panfletos o trastornadas líneas. Me fui a pesar que no me daban carta libre para hacerlo formalmente, el lunes me entregarán mi nuevo apartamento y espero que sea solo como siempre ha sido, no me importó tener que pensar que tenía que pagar para irme, de todas formas lo iba a hacer con o sin este problema.

-       Si preguntan por mí, no le digas donde fui -  le dije a una vecina de los departamentos continuos

No me arrepiento de escribir, de demostrar mis sentimientos, inquietudes y fantasías sexuales ante la gente, porque yo no hablo de moral, política o religión como si fuera algo sencillo o fácil de descifrar, hablo de amor, hablo dentro de la ficción de algo real y es por ello que cientos de personas leen este blog semanalmente, porque no es falso y estoy seguro que muchas cosas que supuse entre líneas sí son verdad. Le guste o no a algunos.

Mi vida está llena de aciertos y caídas, esto es un acierto porque me hizo dar cuenta que no puedo vivir con una venda en los ojos, sino que tengo que enfrentar como un hombre la realidad. No niego mi realidad, pero creo que la ficción es la mejor manera para poner tus sueños a disposición de otros. Sea o no sea un enfermo sexual es lo que creo y si algunas personas no les gusta, tienen la libertad de cerrar la ventana. Mi vida está llena de aciertos y caídas, esto es un acierto, todo estuvo listo y me fui para siempre de sus vidas, como ellos se fueron para siempre de la mía. En la lejanía les digo gracias y perdón, que sean felices porque yo lo seré, realmente lo seré.

Algunas personas pueden hacerte sentir triste, otras pueden hacerte sentir feliz. Lo cierto es que mientras haya gente a tu lado que te estima, te conoce y te quiere a pesar de todos los errores e impulsos tontos que hayas podido tener a lo largo de tu vida, aquellos momentos tristes se convierten en anécdotas y los felices, en momentos maravillosos para recordar.

Ayer después de salir de aquella habitación que me había dado tantos recuerdos buenos y malos, aquella habitación donde descubrí como es realmente vivir con otras personas, dado que siempre lo había hecho solo, no pude dejar de sentirme mal no por la manera en la que me iba, sino porque dejaba recuerdos y personas a las que consideraba buenas, dejaba ilusiones de convertir esa relación de compañeros de piso en amistad. Dejaba mis emociones, mis sentimientos y secretos expuestos para que ellos hagan lo que quieran con los mismos.

Esa noche fue la gran cena para los empleados para la empresa donde trabajo y era obvio que irían mis ex compañeros de piso y otro personaje, ex amigo de Franco, Ricardo. Aquella noche, recibí el apoyo de gente que no pensé que sentía tan buenos sentimientos hacia mí, no por mi estado deprimente sino porque ellos realmente no creían que yo fuera todo lo que Franco, sus amigos y aquel ex amigo pensaban de mi y que expusieron descarada y cruelmente esa noche.

-       Eres un enfermo sexual, eres un loco, lo que escribes en tu blog es un asco -  dijo Ricardo, amigo o ex amigo de Franco.
-       Sí es verdad, soy un asco, soy un enfermo sexual… sólo déjame en paz, si quieres me echo la culpa de todo, pero déjame en paz - respondí.
-       Tu y Amanda son unos enfermos, todos los chilenos están hablando de ti y les das asco, eres un enfermo. Alberto y Omar simplemente dicen que eres un enfermo sexual, no puedo creer que publiques esas cosas - dijo descaradamente Ricardo como si nadie ya se hubiera dado cuenta de quién realmente era.  Para ello Franco pasa por nuestro lado.
-       Franco, espera… - dijo Ricardo.
-       Franco, yo tengo la culpa de todo ¿está bien? – pregunté y al verme a los ojos Franco sólo atinó a responder.
-       No, Pablo yo te creo a ti – miró a Ricardo, me miro a mi con una mirada extraña que no quiero tratar de descifrar y se fue.
-       ¿Qué quieres que te diga ahora? – pregunté a Ricardo.
-       Amanda y tú dan asco – dijo, después de que se le escapara una sonrisa hipócrita hacia Franco que se estaba yendo.
-       No metas a Amanda en esto, ella no tiene nada que ver acá, yo tengo la culpa de todo y ¡ya déjame en paz! Sí yo soy el loco, el enfermo, la basura…
-       Tampoco  te pongas calificativos, yo sé lo que se siente… - dijo Ricardo.
-       Entonces si sabes lo que se siente ¡déjame en paz! Yo tengo la culpa de todo, pero déjame en paz, a mí y a Amanda, que no tiene nada que ver en esto… - respondí y me fui.

No puedo negar que mientras salía del salón se me caían las lágrimas de los ojos. No por los adjetivos que yo mismo me puse y que tal vez Ricardo esperaba que me los auto dijera, porque esa clase de personas siempre busca esa clase de cosas. Esa clase de personas, siempre busca poner la mano en la fogata y sacarla cuando el fuego se hace más grande. Esa clase de personas ama hacer sentir mal a las personas y cree que con ello la hacen caer y se sienten poderosos o ganadores, pero no, nunca logran su cometido.

Le pedí disculpas a una compañera que estaba sentada al lado mío y salí del salón, salí hacia el baño y no me importó recibir el saludo de las personas que me conocían, sólo quería salir de ahí.
Encontré un baño y lloré, lloré no por lo que pensaban de mí o porque habían leído en mi blog, sino porque no podía hacer nada por cambiar la realidad, no podía hablar con los verdaderos “afectados” y decirles que todo era un sueño, una ficción, una historia creada, simplemente porque ellos no querían hablar conmigo o no querían creer ya en mis palabras. Sí, algunas cosas pasaron, pero ellos  saben que no todo. No podía cambiar el presente, aunque en la ficción todo podía ser diferente.

Después de esperar que mis ojos recuperaran su color natural tuve un pensamiento, había hecho lo que nunca antes en mi vida y que Amanda esperaba de mí, enfrentar mis problemas como todo un hombre y echarme la culpa de algo que jamás provoqué. No tenía de qué sentir vergüenza, no tenía porque sentirla, al fin y al cabo lo que estaba escrito eran sentimientos y emociones de varias personas sumergidas en sus pasiones y sueños.

Salí con la cabeza en alto hacia el salón, pero no encontré a Ricardo, sino a algunas compañeras que se dieron cuenta del problema con Ricardo y Franco. Una sólo atinó a decir “Pablo, no le hagas caso, vamos todos a patinar”. Sólo atine a sonreír y seguir al grupo. Esa noche, fue especial para mí, no sólo porque recibí el apoyo de todas las personas que estaban alrededor mío, sino también porque no me sentí solo, a pesar que realmente lo estaba. Sonría sin parar en todo momento, reía con o sin bromas, aquellas que de repente no eran particularmente graciosas, sino porque quería ser amistoso con aquellas personas que me daban su apoyo. Me sentí acompañado, no me sentí un enfermo sexual y tampoco sentí vergüenza al ver a Álvaro y a los amigos de este con sus miradas forzadas hacia mí.

-       ¿Qué mierda te pasa? – preguntó bruscamente un joven a Ricardo, mientras tanto yo llegaba descontroladamente sin saber cómo parar con los patines sobre la pista de hielo hacia donde estaban los dos a punto de pelearse.
-       ¡disculpa! – exclamé, mientras le agarraba del saco a Ricardo.
-       Te voy a tirar un puñete si sigues jodiendo – dijo el joven a Ricardo, mientras este casi se orinaba en sus pantalones.

Un amigo mío sólo atino a sacarme de esa pelea y me dijo “mejor vamos a sentarnos en el árbol, esa pelea es de una loca contra un gorila”. En ese momento, me puse a pensar que en realidad no era yo el del problema, sino había gente que le gustaba armarlos.
Patiné sobre hielo y era la primera vez que lo hacía, me concentraba para no caer y si lo hacía, no era tan malo, podía levantarme y seguir para adelante, porque eso es lo que hacen los hombres de verdad ante las adversidades. Abría los brazos y sentía el aire frio caer sobre mi rostro, sentía las voces de aquellos anónimos que me daban ánimos, sentía los flashes de las cámaras sobre mi cuerpo, sentía el apoyo incondicional de estas mismas personas en un día bastante complicado para mí. Esa noche nunca me caí y aprendí muchísimas cosas de las que ahora me siento orgulloso, sin vergüenza, sin tabús, sin miedos.

Lo cierto es que no sé qué problemas más tenga en el futuro, pero de lo que sí estoy seguro es que mientras tenga a aquellas estrellas limeñas y americanas que me alumbran aquellas noches oscuras y espesas, todo estará bien, me caiga o no sobre las resbaladizas pistas de hielo, ellos serán mi soporte incondicional para lo que necesite.

Existen personas que confunden fantasía, sueños y ficción con la realidad, la pregunta persiste ¿cuando la ficción se convierte en realidad? Esa pregunta la pude contestar días después, cuando me di cuenta que hay personas que no comprenden que existen otras que sienten diferente, rompen los limites de los sueños como un espejo se rompe ante una piedra para convertirlos en realidad, tan fría y seca como el clima del lugar en donde me encuentro.

Esta vez no hubo príncipe azul que me rescatara ni en la realidad, ni en la ficción. No porque no quisiera crearlo, sino porque la realidad me lo impedía. Hay veces en que la ficción se tiene que sustentar en lo real para hacerlo creíble, lo cierto es que no creo haberme equivocado hasta ahora en crear ficción, dado que he comprobado que muchos la han creído.
Sin embargo, aun no pierdo las esperanzas, como dicen algunos huachafos eso es lo último que se pierde, no pierdo las esperanzas de que aparezca y me rescate de todo este embrollo sin sentido que algunas personas armaron en mi contra como si aquello fuera un castigo, no las pierdo porque siempre he sido un optimista en la ficción, aunque en la realidad sea lo contrario.

Con respecto a Alberto, lo cierto es que no puedo negar que haya habido una atracción hacia él, pero nunca me gustó, nunca imaginé aquellas noches de pasión, nunca limpié su semen en un baño mugriento donde él dejaba sus pelos por doquier, nunca vi las fotos de él en su FACEBOOK, nunca supe quien era su enamorada o si realmente la tenía, nunca supe si atiné con el contexto de las fotos y con lo que había escrito hace meses atrás aunque al parecer así había sido según Franco, nunca pude ni quise averiguar más de él ni de su vida porque simplemente él no me interesaba por el simple hecho que su cerebro estaba tan o más podrido que el de Ricardo, su cuerpo era de un joven de dieciocho, pero sus pensamientos eran de un niño de tres,  por ello siempre puse limites y me negaba rotundamente a sus pedidos para salir, después de aquella noche de Año Nuevo.

Lo cierto es que sí hubo una persona que realmente robó mis pensamientos todo el tiempo, no quise que nadie se enterara y tampoco quise aceptarlo por cientos de motivos estúpidos sobre no ilusionarse, fue alguien que realmente hizo que la ficción se convirtiera en realidad, no me referiré a ese alguien porque creo que ahora ya no vale la pena y tampoco creo que a él le importe como me lo dijo miles de veces, he aprendido en estas últimas semanas que a veces es mejor dejar las cosas como están, pero desde aquí en mí soledad con decenas de personas dándome su hombro para ayudarme, le sigo dando las gracias por salvarme aquella noche estrellada, aunque en realidad todo haya sido obra de la ficción, eterna acompañante de mis sueños, cuya palabra nunca volveré a repetir en mi blog como tema principal de un post.


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