4.29.2012

66. La despedida


Ha pasado exactamente un mes desde que salí de la cárcel en donde estaba y decidí comenzar a vivir en plena libertad de mis derechos en un país que te abre las puertas para ser quien realmente eres. En todo este tiempo, preferí dedicarme a cosas más importantes que escribir y ello conllevó a que mil y un cosas inimaginables pasaran.
Nunca quise aceptarlo, nunca quise decirlo en voz alta, nunca quise reconocer que la presencia de un compañero de piso en mi estadía en este país siempre fue haya sido necesaria para mí, siempre fue un sostén emocional, que después de lo de Franco, me hizo ver que las personas llegan a ti con un propósito, llegan a ti para dejar una huella que dura posiblemente para toda la vida. Hay veces que tenemos miedo de reconocerlo para no querer sentirnos débiles, pero es la verdad, ahora que me encuentro completamente solo en mi cuarto y después de que John me diera ese último abrazo de despedida, junto a una sonrisa y que en mi pensamiento tenía un gracias enorme para él, dado que fue gracias a él que este viaje tomó otro rumbo y que la vida en los Estados Unidos, recién empezó cuando salí de la cárcel en donde estaba y entré a un mundo de libertades, diversión y felicidad al extremo. Pude darme cuenta, que después de volver a ver a Franco y de tener una conversación estúpida donde él me reclamaba por qué no había limpiado algunas zonas del cuarto de donde salí hace unas semanas atrás, no había perdido nada, sino todo lo contrario había ganado más, porque lo cierto es que no le había hecho daño a nadie, no había hablado mal en las espaldas de otros como él sí hacia de algunas personas y de mi también. Siempre lo sospeché, pero la verdad él y todo lo que pudo haber hecho antes, no importa ya.

Creo que John entró a mi vida no sólo para ser alguien con quien coqueteaba esporádicamente, sino también quien recompuso mi vida de par en par y que ahora que lo veo partir desde mi ventana, la gran pregunta vuelve ¿lo volveré a ver algún día? Fue en el día de su despedida en el que me di cuenta que lo más probable era que no nos volvamos a ver nunca más, tenía que ser realista y dejar de vivir fantasías, además estas ya se habían terminado con el suceso que marcó mi viaje muchas semanas atrás, es decir, la fantasía y ficción total terminó cuando todo se vio expuesto gracias a un personaje que ya no vale la pena ni mencionar y lo cierto es que después de un mes de este hecho, puedo decir que siento que me benefició más a mí que a la persona que quiso hacerme daño.

Después de ese mes de dejar de escribir y de dedicarme para lo que vine, que es divertirme y que ahora veo a mucha de las personas con quien compartí momentos inolvidables y que siempre me apoyaron, partir, siento que esta experiencia no sólo marcó mi vida sino también hizo que cambiara cualquier tipo de creencia sobre lo desconocido, hizo que madurara y que me diera cuenta que fingir y vivir en un mundo de fantasías tal vez no es lo más adecuado, dado que siempre habrá alguien que pueda romper ese espejismo.

Hace unas semanas me llamo MAIN, desde el país que dejé hace más de tres meses, había conseguido mi número gracias a que había aceptado su invitación de amistad en una conocida red social. Conversamos largo y tendido, no sabía que pretendía MAIN esta vez al llamarme, lo único que sabía era que todo tipo de contacto con él no iba a realizarse.

Decenas de fiestas, chicos con quien me besaba a escondidas en mi habitación, tragos, policías y demás han rodeado mi vida en estas semanas y lo cierto es que no me arrepiento de nada de lo que pude haber hecho. Volví a ver a mis antiguos compañeros de piso, no había ningún tipo de relación, no los he vuelto a saludar ni a mirarlos. Lo cierto es que aquel capítulo ya está cerrado, pero como siempre digo, cuando una puerta se cierra, muchas otras se abren. Personajes que quedaran en el misterio y en el anonimato para siempre, experiencias que guardaré en mi memoria, emociones que recordaré en mis momentos de soledad, miedos que rompí  y que me hicieron madurar. Aún faltan algunas semanas para partir a mi país y volver a ver a mis amigos de toda la vida en Miraflores. Aún me quedaré y veré a todas aquellas personas, buenas o malas, partir y recordaré esos momentos que me hicieron cambiar mi perspectiva de la vida para siempre. No sé si los vuelva a ver, lo que sí sé es que es oficial, una nueva etapa de mi vida ha comenzado, suena nostálgico, pero ¿Qué sería la vida sin los momentos nostálgicos? Tal vez nuestros llantos o miedos forman nuestras fortalezas, sin ellos ¿cómo podríamos madurar? Sin ellos, no habría metas que trazarnos y todo sería tan fácil ¡qué aburrida sería nuestra vida!

-Buenos días señor ¿ya se fue John? – pregunté en el lobby.
-Se acaba de ir, se está yendo en aquel taxi – respondió el encargado de los departamentos.
-No me pude despedir… ¿puedo entrar a su departamento? Está al lado del mío, me pidió el día de ayer que devolviera su uniforme del trabajo, supongo que lo dejó ahí porque no me lo dio…
-Claro, tome la llave, me la devuelve a penas saque el encargo…
Sólo encontré dos cosas en su departamento una carta y un saco con su uniforme. No hubo un último beso, ni un último abrazo, aquel día, a pesar que el día anterior había habido uno.

“Si algún día me vuelvo a sentir solo en este mundo, dejaré de pensarlo porque sé que tengo a alguien en algún rincón de la tierra que me hizo vivir la experiencia más emocionante de mi vida, Pablo siempre te recordaré”.



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