4.29.2012

67. La Despedida II


No sólo fue John quien dejó esta ciudad llena de estrellas, que se descongelaba poco a poco de un crudo e intenso invierno. Una semana después, llegó Edgardo a vivir a mi casa pasamos mil y un aventuras con las que podría hacer otro post, una amiga que salía con diversos latinos fogosos y que coqueteaba a decenas de americanos por doquier, otras con las que organizábamos fiestas que duraban hasta el amanecer y con las que teníamos que crear mil y un maneras para que la policía no nos pille en el acto, también aquella noche en donde despedimos a Amanda, Kathy, Mary, Antonio, en fin, fiestas de despedidas que quedaran en el recuerdo y que con mucha nostalgia hoy las tengo en mi memoria.

He visto a amigos partir, compañeros del trabajo, conocidos, jefes e inclusive vi a Franco y a todo el grupo de chilenos que paraban con él. Ahora que me encuentro al frente de mi ventana y pienso en aquellos momentos inolvidables con la carta de Edgardo en mano, me doy cuenta de algo que tal vez no quise aceptar desde un inicio de este largo viaje, que si bien me tengo a mi mismo y a la fortaleza que he podido generar en este tiempo, tengo que reconocer que la palabra de aliento de un amigo no se compara con nada, que la presencia de alguien en momentos difíciles y de aquellos ángeles que te ayudan sin querer en aquellos momentos en los que desearías no haber arriesgado, son mucho más importantes que la fortaleza que crees tener.

Aún lo recuerdo como si fuera ayer, aquella noche fría y oscura cuando llegué a este lugar, aquel joven tímido y de mirada soñadora que pensaba que encontraría flores al amanecer, nunca pensó en todo lo que pasaría en este viaje, nunca pensó pasar por momentos complicados, felices, amargos, en fin, no me gustaría cerrar esta etapa sin antes mencionar que aunque ellos me odien tengo que agradecer a Franco y sus a amigos, pero sobre todo a Franco, que me haya dado la oportunidad de conocer aquel mundo que nunca me permití conocer, aquel mundo que había encerrado en un hoyo sólo para que solo pocas personas conocieran y que después de que el rompiera la barrera de ficción y la convirtiera en realidad, las cosas para mi cambiaron completamente, cambiaron para bien e hicieron de mi viaje una experiencia inolvidable.

Conocí aquel mundo de altos, como quieran interpretarlo da igual, pero para mí fue salir al mundo y descubrir que la gente no sólo te quiere por lo que aparentas o por las opiniones que dan otros sobre ti, sino sobre lo que tú mismo demuestras.

A la mañana siguiente, no fui a trabajar y decidí ir a caminar. Era oficial la temporada había terminado y aunque a mí me quedaba aun una semana y media para irme, sentía que mi tiempo en Keystone ya había acabado, estaba solo y mi nuevo compañero de piso o polizonte hacia de las suyas por otros lares. Aun no sé qué pasara en estos pocos días que me queda en este país, lo cierto es que los aprovecharé y seguiré tan afuera del mundo como todas las personas que he conocido.

Extrañaré mi libertad, los momentos de ocio, los momentos de trabajo, mis jefes que se quedaran por sólo dios sabe cuánto tiempo, el paisaje maravilloso, mi cuarto, mis amigos, las tocadas de puerta de gente que se escondía de la policía a las dos de la madrugada, los problemas, a la cultura maravillosa que me enseño que la felicidad sólo se gana con esfuerzo y siendo tú mismo, hay tanto que extrañar, pero tan poco tiempo para recordar.

La gente entra y sale de este pueblo que me albergó por más de tres meses, las ciudades se quedan inmóviles, pero cambian porque las estaciones ayudan a que esto pase, así como la gente también lo hace por diversas circunstancias; sin embargo, es bueno saber que estas personas que te quisieron de verdad o que te dejaron alguna huella importante que recordar siempre permanecerán en tu corazón, en tu memoria y formarán parte de tus recuerdos, hay tantas experiencias que hasta llegas a olvidar, pero no hay de qué preocuparse porque siempre las mejores son donde estuviste acompañado y son justo aquellas personas que guardan ese recuerdo por ti, hoy digo sin temor que el miedo se acabó en mí, gracias a esas personas a quienes guardaré en mis recuerdos, es inevitable imaginar que esas ciudades y personas que se cruzaron en mi vida desaparecerán para siempre, pero si el destino lo quiere, ante otras circunstancias o con algo de suerte, puede que los vuelva a ver.

--Disculpe joven, ¿en donde queda Keystone Lodge? – me preguntó una tailandesa que recién llegaba    de intercambio, mientras regresaba a mi casa.
--Debes de tomar aquel bus – respondí.
-Muchas gracias – respondió.

Sólo atine a sonreír. Una vez más, la historia volvía a comenzar en Keystone, pero esta vez ya no para mí, sino para otros.

Cansado y con muchas cosas en que pensar y sentado en uno de esos incómodos asientos de aerolínea americana en Miami en mi último día de estadía en los Estados Unidos, vuelvo atrás en mis recuerdos y en mi vida, vestido de pies a cabeza con la última colección de Calvin Klein y pienso en los innumerables momentos que pasé, las personas que perdí y las personas que gané, vuelvo atrás en mi vida y lamento no haber podido arreglar los problemas que tuve con ciertas personas y no haber podido haber sido más honesto conmigo mismo desde un inicio. No sé si algún día volveré a ver a esa maravillosa ciudad que ayer dejé entre sollozos, que ayer dejé alejarse entre innumerables piezas de chocolates. No sé si la vida me vuelva a dar otra oportunidad como esta, aunque yo ya se lo haya pedido a la Directora del Departamento donde trabajé, quien acepto gustosamente y quien inclusive me ofreció un mejor puesto del que tenía, no sé si volveré, porque para ello necesitaría una vez más de muchas cosas que aún no sé si tendré.

-;Mariana, te traje chocolates, hoy es mi último día de trabajo y mañana regreso a mi país…
-Oh, es una pena, espero volverte a ver el siguiente invierno y que sigas trabajando con nosotros, hiciste un magnífico trabajo… ¿hiciste amigos?
-;Muchísimos - respondí
-;Bien, Bien… - respondió.
-Sí estoy interesado en volver Mariana…

Luego de volverla a ver con los ojos rojos de la emoción, tuve un pensamiento, tal vez algunas personas sintieron que me iba a rendir, tal vez algunas personas pensaron que había perdido todo después de mi salida del cuarto de Franco y que esto me destruiría, pero encontré la receta perfecta para que esto no sucediera; salí a aquel mundo, del que entre cuchicheos, él se burlaba; salí a aquel mundo, siendo yo mismo y eso fue el condicionante para empezar de nuevo, salir al Mundo de Altos, un mundo creado por cada uno de nosotros, donde nosotros mismos somos los protagonistas y es sólo así como encuentras aquello que toda persona busca, la felicidad.

Han pasado casi cuatro meses desde que salí de Lima y después de conocer la ciudad de Miami junto a un argentino con quien pasaron algunas cosas, siento que no me quiero ir. Posiblemente vuelva, no lo sé, lo único que sé es que cumplí con lo que tenía planeado y con lo que todas las personas sueñan cuando vuelan a un país como este, ser libres. Hoy he comprendido que si en algún momento de mi vida ciento que me caigo, haré lo que todo hombre o mujer debe hacer, levantarme y comenzar de nuevo.


Dedicado a Keystone y a todas aquellas personas que me dejaron alguna huella en este viaje.



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