6.22.2012

72.Semana sin fin


Fue un miércoles por la mañana el día en que mis dos últimas muelas del juicio o como diría Jerly Castillo, terceras molares, desaparecieron de mi boca. El doctor era un sueño de hombre, alto, guapo, con un buen cuerpo, divertido, en fin, todo lo que cualquier chico de veintitantos años podría imaginarse. Fue rápido, no hubo complicaciones y al día siguiente volví a ir a la universidad.



Ha pasado una semana desde entonces y desde que me retiraron los puntos hasta hoy se me ha hecho costumbre salir al jardín de la casa de mis padres a ver cómo llegan las pocas palomas que no emigraron por el invierno, la brisa del mar que está por doquier y las hojas que una a una caen como la lluvia en un día por la tarde. Estos días he reflexionado muchísimo, dado que Jerly ya no gastaba mí tiempo con llamadas sin sentido, reflexioné sobre la madurez, sobre mí, sobre las cosas que he hecho y sobre las cosas que haré. Reflexioné como haría cualquier persona al alcanzar sus veintidós años y sin el ánimo de sentirme viejo, pensé en el rol que cumplen cada una de las cosas que me gusta hacer.


No puedo negar que he sido indisciplinado para muchas cosas, que mis amigos se han convertido en un especie de coraza ante mi soledad; no puedo negar, que estoy intentando salir con personas que valgan la pena para poder tener algo especial y volverme a enamorar. Lo cierto es que desde que sentí que ya no estaba enamorado he tenido una mezcla de sensaciones entre libertad y soledad. Mañana saldré con un nuevo chico, inclusive me pongo nervioso porque siendo realista, hace ya varios meses que no salgo con nadie nuevo y hace muchos meses atrás que no intento en “formalizar” algo. Sobre todo cuando no tengo nada que perder y la imagen de MAIN desapareció por completo de mi mente.

Digo todo esto porque en ese tiempo de reflexión entre jardines y parques como si fuera un demente encerrado en alguna prisión siquiátrica, en las que pase dos días mientras cicatrizaba la sacada de muela, he pensado muchísimo en lo he tratado de hacer con mis amigos: siempre tratando de mantenernos juntos, de no separarnos, de que tengan los mejores partidos, inclusive con Jerly aunque es algo imposible saber con quien se acostará; tratando de que los cuatro siempre estemos reunidos y no haya fin de semana en la que la pase en mi casa metido en alguna página para buscar a hombres sin ningún tipo de resultados palpables.

-          ¡Guillermo! ¿Cómo se te ocurre meterte con ese ser humano? Déjalo, además es solamente un agarre más de la noche, nunca más lo volverás a ver; además, ¡vamos Guille! tu sabes que si pasa algo con ese sujeto, van a terminar. ¡záfate del drama! hay que ser realistas – decía mientras todos bailaban y Jerly había desaparecido en una disco.
-          Pero eso ya lo sé, yo solo quiero divertirme y pasar el momento. Yo no quiero zafarme del drama, así es la vida, unos van y otros vienen… ya regreso – me dijo Guillermo, mientras iba a buscar al chico que le hacía ojos.

Esa noche salí temprano de la disco y fui a caminar un rato por el malecón a comer algunos chocolates, sentado en una banca al costado de unos señores algo mayores, algo humildes que habían llegado a Miraflores a pasear como hace cualquier pareja de clase media-baja. Estaban juntos y hablando de cosas sin sentido y como yo estaba solo decidí escuchar.

-          ¿recuerdas cuando íbamos a bañarnos a las playas de Chorrillos? Todo era diferente, no había carros – preguntó el hombre
-          Sí, todo era más bonito, no había muchas luces tampoco… nuestros hijos ya se han ido, me gustaba mucho cuando el sol se ocultaba ¿ya regresamos a la casa? Mira la hora– preguntó la mujer.
-          En un momento, quiero saber a dónde va aquella bolichera de al fondo – respondió el hombre
-          Tú y tu pesca, nadie te la saca de la cabeza… - respondió la mujer y el hombre la abrazo para que no tuviera frio.

En ese momento me di cuenta que tal vez mis amigos no eran el soporte incondicional ante mi soledad, sino mi escusa para no arriesgarme a intentarlo otra vez. Hay cosas que no cambian y otra vez en mi vida tuve que hacerme una pregunta sobre el futuro ¿eso es lo que quiero para mi vida?

Terminé regresando a la disco, con mis tres amigos solteros, quienes no habían conseguido nada bueno y regresando en el taxi Jerly preguntó.

-          ¿cómo ese ser humano, con nariz ancha, me pudo quitar al chico que no me sacaba la mirada de encima? – mientras miraba el celular de Guillermo.
-          Esos tipos son patéticos… - reprochó Guillermo mientras veía a un grupo de chicos guapos por la avenida.
-          ¿y nosotros no? – respondió Edgardo, ante el fracaso de la noche, todos reímos.
-          Dejen de ser pesimistas… ¡hay que tomarnos una foto! – exclamaba, mientras le decía al taxista que se detenga un momento para que nos haga el favor.
-          Sí claro, un gran día por recordar… - dijo Jerly en ironía.

En realidad sí, sí era para recordar. Nos tomamos la foto y días después me iban a sacar las muelas del juicio. Comencé a recuperar muchos hábitos que había dejado de lado, hasta que llegamos al presente, día en que comencé a reflexionar sobre las cosas que había hecho.

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