7.06.2012

75. Dilemas


En la vida existen decisiones difíciles que debes de tomar, muchas pueden que marquen tu futuro y otras marcan tu presente. Algunas, puede que hagan un cambio drástico en la forma de vivir tu vida y como la has visto y tomado hasta un momento determinado.
Hace unas semanas atrás estuve conversando con mis amigos y luego de pensar en una decisión sobre mi futuro por horas, decidí de dejar de lado este mismo y vivir mi presente. Faltaba muy poco tiempo para terminar este ciclo y exactamente dos semestres para terminar toda la universidad y como había acumulado ahorros en estos meses, decidí gastar mi dinero justamente en los tres amores de mi vida que han hecho de la misma más llevara, viajaría con mis mejores amigos, ya amistados, a Cusco.

Todos aceptaron, compraron el pasaje y semanas después, nos embarcamos en un avión. Por un par de horas estuve rodeado de las estupideces y sexo hambriento de Jerly, las caras de horror y risas de Guillermo y las peleas incontrolables e indescriptibles de Edgardo. Los miré desde mi asiento de adelante y me dije a mí mismo ¿cómo dejar esta vida?

En un vuelo junto a comida fresca y servido por un apuesto tripulante de cabina, acepté la idea de que había por fin creado una familia, aquella biológica que por cosas de la vida habían partido a diferentes rumbos y que de los que me libré ya hace varios meses atrás. Padre y Madre en una ciudad Europea disfrutando de los años que le quedan de vida, como toda persona debe hacer. Hermanas que se habían independizado o viajado a ciudades muy lejanas de mi amada y eterna Miraflores. Sí, me quede solo como muchos jóvenes dentro de una enorme y hermosa casa con mucho en físico, pero sin cumplir su función principal, albergar una familia. Sin embargo, nunca me quejé ya me había preparado para aquél día en el que tenga que aceptar que mis tres almas gemelas y/o mejores amigos, se conviertan en parte de mi familia. Para algunas personas la familia son las personas que llevan tu sangre y siempre están a tu lado en las buenas y malas, para otras son las personas que tú mismo escogiste para vivir aquellos momentos maravillosos.

Sería redundante decir que aquellos días de sol y nubes esponjosas en Cusco fueron realmente maravillosos, divertidos y felices. Aún puedo recordar nuestro gran secreto, aunque ya no creo que lo sea tanto, que encontramos en nuestro cuarto de hotel para mochileros zapatos y ropa de mujer encima de una cama donde se supone que solo dormían hombres, al parecer era de un huésped, muy apuesto él, que había olvidado llevarse aquellos atuendos y nosotros aprovechamos para jugar un poco con ellos, no dudo que fue extraño y loco, pero muy divertido y broma al fin y al cabo, historias de hebillas, shorts diminutos y zapatos de cueros que nunca olvidaré.

En un tren rumbo a la ciudadela de piedra más hermosa del mundo y comiendo choclo con queso, me di cuenta que con aquellas tres personas podía vivir el resto mi vida, pero me he estado preguntando una y otra vez ¿realmente es esto lo que quiero, una vida sin riesgos y tranquilidad?

Fiestas, turistas, promesas de amor de una noche y amigos curioseando detrás de una casa con muros de piedras gigantes. Aún lo tengo en mi cabeza como si fuera ayer. Aquel apuesto joven que volví a ver y que cuando viaje a Nueva York encontré en un tren rumbo al aeropuerto, Mr. Big, lo llamé. Era una gran coincidencia que lo haya vuelto a ver en Cusco, según él viajó por una investigación sobre cocina que tenía que explotar en el restaurante de Manhattan donde trabajaba y del cual ya me había contado. Esa noche hicimos una promesa, desde el cielo la luna nos veía y desde la tierra, tres almas gemelas detrás de una gran roca. “Volvernos a ver en la misma ciudad donde nos vimos por primera vez” fue la promesa, mi respuesta fue una sonrisa y un beso, no iba a perder la oportunidad, no una vez más. Al día siguiente salía su vuelo, el mío esa misma noche.

De regreso a casa, había tomado una decisión sobre aquél gran dilema del inicio de esta historia. Tenía una propuesta para trabajar con un contrato extendido en la misma empresa en donde trabajé el verano pasado, tenía dos opciones quedarme y probar suerte acá con todas las comodidades que mis padres y hermanas al irse me dejaron o arriesgar y forjar mi propio destino, sin actrices de serie americana que imitar o sin tranquilidad de la cual sentirme contento y conforme. Escogí arriesgarme, porque creo que soy de las personas que busca nuevas aventuras y experiencias para sentirse vivo, volver a iniciar y terminar una y otra vez la vida porque esa es mi esencia y espero que mis amigos y muchas de las personas encuentren la suya.

No fue fácil, pero ya lo he asimilado. Esa misma noche envié los correos para confirmar mi trabajo y la reserva de mi matricula para que los dos últimos ciclos los termine de estudiar por partes. Si bien regresaré, sé que no será lo mismo. Aún recuerdo las palabras de Jerly diciéndome “Sé que si MAIN te hubiera dicho que no te vayas, te hubieras quedado”. Nunca le contesté y me pareció raro que haya dicho eso, dado que él nunca hablaba de MAIN o de mis conflictos amorosos. Sabía que era difícil para Jerly aceptar la idea que yo ya no iba a estar ahí para contarme sobre sus últimos puntos del día o de las características sexuales de los mismos, pero era así y tanto como él y todos mis amigos tenían que aceptarlo. Me iba y era lo mejor para mí.


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