9.16.2012

78. El retorno*


Entonces me despertó, había estado durmiendo como nunca al lado de un señor de aproximadamente cuarenta años y su mujer de aproximadamente veinte. Minutos antes, le había pedido a la señorita de cabellos rizados que me cambiara de sitio. Como no me hizo caso atiné por ver una película de matanzas donde imaginaba que yo era el asesino. Pues ¿qué se iba a esperar de una aeromoza? Es decir, los aeromozos son mucho más apuestos y atentos definitivamente, quizás por su misma inclinación a trabajos sumisos sin que ello quiera decir femeninos.

Había estado babeando por algunas horas. El viaje había sido muy tranquilo. No había estado pensado en que, días atrás, había terminado una relación con Nicolás, aquel americano que conocí en Cuzco y que meses después contacté para seguir saliendo con él mientras estaba en Nueva York. Tampoco, en la jugada fallida al momento de tratar de continuar mis estudios universitarios en alguna casa de estudios en Manhattan, que fue la principal causa del que ahora esté regresando. Digamos que no perdí ocho meses de mi vida, digamos que fue una inversión en tiempo muy valiosa que hoy me ha hecho recapacitar respecto a mi vida y es que hay veces que de los errores se aprende y tal vez uno necesite estar a kilómetros de distancia de donde uno pertenece para darse cuenta de cuánto vale.

Esta vez ya no regresaría a la casa de mis padres, sino a una propia que había rentado. Después de que mis amigos regresaron a Lima de su viaje de vacaciones en Nueva York cada uno siguió su vida, si bien se seguían viendo, las cosas entre ellos se comenzaron a enfriar un poco. Jerly siguió conociendo hombres todos los días en diferentes puntos de Lima; Guillermo, siguió metido en su trabajo y problemas emocionales y Edgardo, pues, lo último que sé de él es que se palió con Jerly y nunca más nadie supo de él. Lo cierto es que los dos primeros se siguieron viendo y fue justamente a los dos a quienes  les pedí el favor que me rentaran un lugar donde quedarme a mi regreso.

Quizás ahora entienda un poquito a aquellas familias que suelen decir que cuando algún miembro se va, está tiende a desintegrase.

Sin duda, tratar de convivir con una familia extraña, una madre loca y un padre oculto puede ser complicado, pero más es tener que lidiar con las confusiones emocionales que estos te imparten, al menos, aprendes a conocerte un poco más a ti mismo después de que las mareas se calman.

Sentí un empujoncito, el avión ya había aterrizado, soñaba en que alguien me recogería como a muchos cuando pasan una larga estadía en el extranjero, en mi caso no había nadie, cogí mis maletas, pagué los impuestos por traer dos laptops, salí y sentí un olorcito a mar con pescado muerto, muchos taxistas trataban de obligarme que suba a sus carros, así que preferí tomar uno de la calle, con algo de temor entré, pero como el chofer era guapo decidí arriesgarme. Era lunes, todos trabajaban, el aire corría por mi rostro y el tráfico en la mañana era insoportable, pues ya no había vuelta atrás había regresado a Lima. 

Cuando el taxista llegó y bajó todas mis pertenencias, lo recordé. Tenía que pasar primero por el trabajo de Jerly para que me de la llave. Tomé otro taxi y con total confianza paseé una vez más mis maletas por toda la ciudad como si esta fuera una de las más seguras.

Jerly estaba con pacientes en espera, no podía salir, así que envió a alguien para que me diera las llaves. Típico de él, no me sorprendió que hiciera eso.

Entré a mi habitación, dejé mis maletas a un lado. Nunca me había sentido tan solo como en ese momento. No iba a volver a comenzar todo de nuevo porque lo que había dejado en Lima solo quedó en modo de espera.

Me desperté casi a la media noche, me había quedado dormido, tenía muchas llamadas perdidas, no vi el detalle. Salí por algo de tomar y fue justo en ese momento que se me ocurre ver las llamadas, eran de Nicolás, el americano.  Lo cierto es que fue algo problemática mi relación con él, no tan bonita como me hubiera gustado, lo peor de todo es que el problema se originó por mi falta de desinterés, sentía un vacio enorme después de tener sexo y no porque no lo supiera hacer bien, sino porque creía que no estaba enamorado, sentía que lo engañaba o sentía que esos te amo que salían de sus labios eran muy rápidos ¿y qué si lo eran? Hay veces en que vivir el presente es mejor que preocuparse por el futuro o recordar el pasado, pues yo no lo veía así y es que no estaba enamorado o tal vez no quería estarlo.

¿Había perdido mi fe en el amor? Hace mucho que no sentía aquello que se siente cuando uno lo está y es que me había acostumbrado tanto a mis amigos que hasta había olvidado cómo era tener una cita.

Pagué la cuenta, me puse mi largo abrigo negro fui a dar un paseo por el malecón de Miraflores. Era de madrugada, compré un Marlboro, no con la intención de encenderlo sino solo para tenerlo entre los dedos, no iba a volver a cometer errores, pero sí quería volver a sentir aquello tan rico que se siente cuando uno fuma, al igual, que cuando uno se enamora.

Me quedé pensando un momento al respecto hasta que lo entendí. Aún no había caído. Si aún tenía ganas de fumar después de tanto tiempo  ¿por qué no iba a querer enamorarme de nuevo? Boté el cigarrillo a un lado y regresé a casa, cuando me percato que habían dos hombrecillos parados con algo de frío en la puerta del edificio en donde vivo, eran mis amigos.

-          has vuelto a casa – dijo con una amplia sonrisa y los ojos llorosos Jerly.

-          ¿y ahora que nuevas nos traes? – dijo Guillermo.

-          Pues… es una larga historia, pero quiero comenzar diciendo que tengo dos citas para mañana, la vida continúa ¿verdad? – respondí.

-          Te hemos extrañado – dijo Guillermo, fue entonces cuando siento una mano en el hombro.

-          ¿Edgardo? – pregunté

-          ¡Perra cómo has estado! – exclamó.

-          ¡no te vi! ¿Dónde estuviste?

Sí, mi madre tenía razón, lo más importante en la vida de una persona es la familia. Algunas veces los amas y otras no; pero al final, son las personas en las que puedes confiar y sentirte tu mismo, a veces es la familia en la cual nacemos y otras veces, como en mi caso, es la que creamos nosotros mismos.

Share:

0 comments:

Post a Comment