9.23.2012

79. El Retorno II

Era una noche fría de lluvia, regresé  al cuarto que había rentado y vi una carta debajo de la puerta.
-          ¿Pablo? ¿cómo que volviste a casa de tus padres?  - preguntó Jerly
-          Es una larga historia ¿tienes tiempo? – pregunté.
-          A ver cuéntame.
Fue una noche antes de irme de Lima, regresé a mi casa y mi familia estaba  despierta. Estaba arreglando mis maletas, estaba de mal humor y la frustración de no llevarme bien con todos ellos daba mil vueltas sobre mi cabeza. Escuché bulla que hacía mi pequeña prima fui a reprocharle a mi tía sobre su desinterés al respecto, dije cosas que no debí decir y fue entonces cuando exploté. Me dirigí hacia el cuarto de mi hermana y desfogué mis miedos, mi furia, mi cólera, mi frustración. Mi madre estaba detrás la puerta escuchando. Nunca dije que era gay, solamente que estaba solo.
Fue entonces que mi hermana atinó a decirme que todo iba a mejorar, pero tenía que ser sincero conmigo mismo ¿Cuál era el problema? Ella lo sabía.
Mi madre fue a llorar a su cuarto, mi padre bajó hacia mi cuarto a conversar conmigo. Nuestra relación había llegado al límite. Después de tener una de las mejores conversaciones que he tenido en mi vida con mi padre, una pregunta que nunca le contesté quedó rodeando en mi cabeza “Pablo ¿necesito que me digas cuál es tu problema?” ¿Acaso él también lo sabía?
A la mañana siguiente salí muy temprano de la casa para no tener que cruzarme con nadie, tenía de comprar algunas de las cosas que me faltaban, así que me tomé todo el día para hacerlo. Fue un día muy largo de cartas hacia mis amigos de despedida y de conversaciones en espera que tenía que cerrar con mi familia. Así que unas horas antes de que mi vuelo saliera regresé a decidido a arreglar las cosas con mi madre.
Ella conversaba por teléfono, la esperé y minutos después estaba sentada en mi habitación escuchando sobre mi soledad, frustración, sobre los sentimientos que tenia hacia ella porque pensaba que se ponía en mi contra. Había llegado a una conclusión todo era por un motivo que me mataba lentamente y no me dejaba vivir en paz.
-          Mamá, no soy como los demás chicos de mi edad, soy distinto – a buen entendedor, pocas palabras.
Mi madre asintió con la cabeza. Luego de unas repetitivas palabras y lágrimas más, terminé de hablar. Ella se había quedado en silencio en todo momento.
-          ¿y cómo vas a creer que no te voy a querer por ser distinto? – me preguntó.
Me reprochó el no habérselo dicho antes, porque si lo hubiera hecho, tal vez no hubiéramos tenido una relación tan penosa. Me quería a pesar de cualquier cosa o distinción que yo mismo me hacia sobre el resto de los demás, me dijo “Pablo, tú no eres distinto, simplemente eres el hijo al que siempre amaré”.
Lloramos, nos abrazamos y terminamos con un fraternal beso. Faltaban pocas horas para irme del país y pues eso hice, ya no había marcha atrás. Cuando salí hacia el aeropuerto pensaba en que me tenía que hacer de la idea a acostumbrarme a esto y hasta ahora me sigo adaptando a este nuevo panorama, antes me había acostumbrado a vivir oculto, hoy trato de acostumbrarme a vivir tal y como soy frente  a las personas que sí puedo considerar quienes son las que más me aman en esta mundo.
Nunca me lo contó, pero sé que ella, mi madre, lo sabía. Hay veces que nosotros mismo nos acostumbramos al miedo, pues ya no más. Romperlo es la mejor manera de comenzar a vivir de verdad, al fin y al cabo no se puede vivir con miedo por el resto de tu vida, mejor es enfrentarlo.
Nunca me lo contó, pero ella sabía muy bien el día y hora de mi regreso, además de cuanto amaba una serie de televisión donde la protagonista regresaba sola desde un lejano país, así que decidió mirarme de lejos desde un rincón del aeropuerto, junto a mi padre, para que yo pudiera realizar aquel sueño de serie norteamericana. Yo sí me había dado cuenta de ellos, pero también de cuánto querían que yo realice mis sueños, así que preferí hacerlo realidad, teniéndolos a ellos mirándome, orgullosos de un hijo que no los defraudará y que al que siempre amarán.
Cuando recogí la carta que estaba debajo de la puerta de mi habitación en Miraflores, era de mi madre, solamente decía “Pablo, te estamos esperando, tu madre”.
Para bien o para mal, he regresado y aunque sé que no muchos tienen un final feliz con respecto a este tema, lo que sí sé es que aquellas personas que te trajeron a la vida y lo decidieron así, no lo hicieron por las puras, lo hicieron porque dentro o muy dentro de ellos tenían algo muy importante para darte, depende de cada uno encontrar qué es.

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