9.30.2012

80. Citas con la soltería

- ¿Dejaste de salir con el tipo que me mencionaste esa vez? el que tenía ese detalle, que tú ya sabes que para mí es muy importante – preguntó Jerly, mientras comía una jugosa fruta en su dormitorio.
- Sí. Él buscaba algo más duradero y yo soy de las personas que la piensa dos veces. Además no creo que sea el chico ideal para mí - repliqué a Jerly.
-¿ideal para ti? Pablo, nadie es perfecto. Para mí lo mejor es probar antes de comprar. Por eso, nunca compro nada. Siempre pruebo. Al menos hago algo, sí… me aburro rápido, pero al menos trato de arriesgarme un poco y si uno se engancha y yo no, pues yo sin pendientes con ellos.
- ¿Entonces no te importa que Lucas te haya dejado plantado hoy? – pregunté-
- No, porque sé que me buscará. Además, ya llamé a otro hombre en su reemplazo, necesitaba pene ahora. Así que…
- Sí, sí… hablamos más tarde – cogí mi maleta y justo antes de irme, Jerly me detiene.
- ¿A dónde vas?  - preguntó
- Me iba a mi casa…
-No, no, no, tú me esperas en la sala. Termino con el otro y salimos a la disco como acordamos. La pulga de Guillermo nos ha abandonado.
- Te espero en el café de abajo. Adiós – colgué mi maleta en el hombro y salí.
 
¿Acaso la filosofía de Jerly era cierta? ¿Lanzarme hacia lo desconocido, sin que nadie o nada me importara?
Mientras estaba sentado en el café y miraba a una señora muy atractiva con sus hijas que la volvían loca. Recordé lo que mi madre me había dicho hace algunos días “conversa con gente mayor que tu, quizás ellos puedan darte la experiencia de vida que necesitas para saber que realmente quieres en la vida”
Lo cierto es que ella no sabía que ya había hablado con muchos. Bien o mal, la verdad es que ya había tenido demasiado de filosofías gay.
Hace unas pocas semanas atrás, salí algunas veces con un chico, su nombre era Jorge, un chico normal, apuesto, alguien con quien podría tal vez comenzar una buena relación. Al primer defecto que detecté, preferí dejar las cosas como estaban, es decir en nada.
Luego salí con un chico algo mayor que yo, recién entraba a este mundo y lo cierto es que ya había tenido una primera decepción. Luego de unos cafés y una larga charla donde yo me convertí en algo parecido a un psicólogo aficionado, quedamos en volvernos a llamar. Algo que nunca pasó, él tenía que arreglar otros problemas internos primero como el de aceptarse, como el de aceptar como iba a ser su mundo ahora y cosas amorosas con su primer amor gay, que no sé porqué suele ser una gran basura. Mal para la reputación gay sin duda.
Salí con un chico de mi edad, que vivía muy cerca a mi casa. Pues pasó, lo que siempre pasa con alguien muy apuesto que tiene mi edad y tiene un gran cuerpo a explorar. No nos volvimos a llamar, luego del suceso.
Finalmente volví a salir con un chico menor que yo. Charlas sin sentido, superfluas, aburridas. Ya había tenido mucho de eso, antes. Quizás vuelva a salir de nuevo con él, pero no ahora.
Siento que esto del amor es como la pesca, hay que estar sentado esperando con muchas redes, hasta que por fin, uno cae. Al menos que yo quisiera algo más rápido al estilo de mi buen amigo Jerly, meterme al mar, mojarme y atrapar un pez con mis propias manos. Algo peligroso, pero tal vez mucho más efectivo, sin embargo, sea el estilo que fuere, el amor se encuentra en  el lugar donde menos crees. Tal vez lo mejor en mi caso, sea dejar la pesca y dedicar mi tiempo a lo que mejor sé. Sin embargo, no puedo evitar enfrentar la soledad y verme en un espejo hoy, no me arrepiento de salir con muchos chicos y lo seguiré haciendo, así son las reglas en este juego.
-          ¿Jerly?  ¿ya? – pregunté.
-          Sí, sí, pene pequeñísimo, vamos al vale… ven acá pedazo de caga – me cogió del hombro, bastante hetero diría, tomamos el taxi y fuimos hacia el vale.
No quise preguntar nada, dado que al parecer había pasado algo malo en el dormitorio. Aquella noche, conocí a dos chicos más. Uno, algo mayor era de Brasil, a quien agregué al Facebook y con quien sigo conversando, el otro, pues era Guillermo y su nuevo amigo, muy pequeño él, nos los presentó y nos pusimos a conversar un rato. Nada que los amigos no puedan arreglar, en un momento donde tu o las circunstancias, hagan que te sientas un poquito solo.
 


 
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