10.28.2012

83. No quiero un Aro Matrimonial

- y bueno… entonces ¿en qué quedamos? – preguntó Julián.
- Pues no sé pensé que hasta aquí había llegado todo – respondí.
- yo quiero seguir saliendo… ¿tú qué quieres?
- Yo quiero… la verdad yo no sé que quiero.
Lo cierto es que era verdad, no sabía qué quería. Había llegado el momento en que tenía que reencontrarme conmigo mismo. Ya había estado saliendo, no sé si exitosamente con algunos chicos que sí valían la pena, pero algo me impedía, finalmente, dar ese siguiente paso. Creo que ponía barreras y quizás eso no era muy justo para ellos.
Esa misma noche salí a tomar un café con Jerly quien había estado saliendo con un chico, increíblemente, por más de un mes. Lo cierto era que sí bien había podido entablar algo más o menos serio, digamos que su relación era una típica relación gay limeña, donde a ambos le gustaba la palabra “fidelidad” en la teoría, pero en la práctica era un poco diferente.
Yo no sabía si realmente quería tener una relación en estos momentos y es que el mundillo en donde todos estamos obligados a vivir es tan hipócrita que solamente tenemos a nuestras propias verdades como juez ante nuestros actos.
Por su parte, Guillermo, había estado saliendo con un nuevo pretendiente, también increíblemente, por casi dos semanas algo realmente largo en contraste a su talla. Como siempre, en este mismo mundillo, el sexo era lo que primaba.
Quizás tengo miedo, quizás los dos memorables ejemplos no me den una luz clara de lo que realmente es una relación gay en Lima, pero tampoco puedo ser ingenuo suelen ser así. Es por ello que decidí, crear mi propio modelo de relación en donde uno, según sus necesidades y aspiraciones, puede llegar a admirar a la otra persona tanto que pueda enamorarme de ella. Si no puedo llegar a admirarla, difícilmente podré llegar a enamorarme y es que es fácil, una persona que no admira a otra no puede crear un sentimiento que realmente pueda atarte, por ello es que muchas parejas terminan porque la otra persona la decepciona, el modelo inicial de admiración que tenía, desaparece.
No soy un loco de los sentimientos que va corriendo por las calles de Lima buscando al amor de su vida. Aún así no sé qué quiero del amor, no sé si quiero estar solo o estar con alguien, si quiero que me dejen o si quiero que atrapen. No sé si he perdido la noción de quien realmente soy, no sé si he perdido mi esencia.
-          Oye ¿qué paso con Julián? – preguntó Guillermo.
-          Sí ¿qué paso? ¿Ya son novios? ¡cuenta! – exclamó Jerly.
-          Nada – respondí.
-          ¿nada? – preguntaron.
-          Sí, nada.
-          ¿no te da miedo que haya ido a Epicentro solo?
-          No, hay mucha gente que le fascina ser plato de segunda mesa. Por mi parte, yo creo que él es libre de ser quien quiera. Yo prefiero seguir con lo mío.
Esa noche regresamos temprano a nuestras casas, Guillermo, porque al parecer se habían enterado sobre su opción en su casa y Jerly, pues Jerly a lo siempre y como no quería ganarme con más de lo que ya me había ganado esa noche, preferí ir a mi casa.
A la mañana siguiente, compramos los pasajes para nuestro viaje de año nuevo. Iremos a Máncora, vestidos de blanco para pasar la noche.
Mientras corría en la madrugada, antes de comprar los pasajes, me puse a pensar sobre todo lo que había pasado días atrás, en los momentos con Julián, en los momentos con mis amigos, en los momentos en Epicentro y las aves carroñeras de la vida. Me di cuenta, que uno nunca pierde su esencia sino se reinventa y se reencuentra con uno mismo justamente en los momentos inexplicables de su vida. Esa mañana corrí demasiado, al regreso un apuesto joven me levanta dos veces las cejas ¿coqueteo? Pues quizás, pero ¿qué más iba a pasar aquella mañana mientras el sol recién salía? Pues yo decidí arriesgarme, mientras el matrimonio gay siga estando prohibido no hay nada que temer, lo malo es que no hay aro que meter.
 

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