5.19.2013

100. Real e Inolvidable



Las campanas sonaban, el viendo acariciaba mi rostro, los pétalos de las rosas bailaban sobre mi cabeza y mis ojos brillaban como un pequeño lucero o haz de luz. Era el día en que por fin había encontrado al amor de mi vida, en realidad eran dos, dado que en mi sueño uno iba por la derecha y otro por la izquierda. Pepe era el de la derecha y Carlos el de la izquierda, lástima que haya sido solo eso, un sueño.
-          Así eres tu pues, volteador – dijo Jerly, mientras tomábamos por la fiesta de Guillermo.
-          No fue mi culpa, es que para mí los gay no deberían tener una opción sexual definida, es decir creo que no debemos de ver todo por la parte sexual, si cambiamos nuestro modo de ver las cosas a una más romántica, si es que lo quieres llamar así, en realidad solo deberíamos disfrutar del sexo con amor y cariño sea quien sea el pasivo o activo.

-          Yo pienso lo mismo, excepto sobre el amor y cariño, si no tiene un pene grande queda descartado – dijo Jerly luego de mi ceremoniático discurso. Todos los heteros de la mesa rieron.
Guillermo había llevado a un grupo de heterosexuales a su cumpleaños, era raro que no haya mujeres, dado que él siempre se ha caracterizado por juntarse con ellas.
El punto es que Guillermo se ha superado bastante y eso me alegra, quizás esté más conversador o quizás yo me esté comenzando a conocer un poco más. Tal vez yo no fui quien más conversaba o era el más extrovertido del grupo, sino Guillermo. 


Lo cierto es que nunca me había pasado algo similar. Había conocido a un chico muy guapo por MANHUNT, una red social para gente gay, hace algunas semanas atrás, conversamos, nos gustábamos, éramos felices. No había salido con alguien hace mucho; hasta ahora, que fue el cumpleaños de un viejo amigo, Diego Martellini, un chico con quien en algún momento agarré, eso fue cuando él y yo aún usábamos brackets. En su reunión conocí a mucha gente nueva y también me re encontré con gente a quien no veía hace mucho, Alonso y Yonmar, amigos de toda la vida.

Cuando salí, estaba muy mareado y llamé a mi compañero de largas charlas nocturnas, quien también estaba muy mareado. Me invitó a su casa y yo de enseguida acepté, es más me iba a quedar a dormir ahí.

Mientras me disponía a tomar un taxi, entro a mi cuenta de SKYPE para ver si tenía algún mensaje que no había leído, pues sí, tenía uno. Él se llamaba Carlos, fue amor a primera vista, ya habíamos tenido una que otra conversación “hot” por el mismo medio. En ese momento, estaba conectado, no sé qué me pasó, quizás fue el alcohol. El punto es que a los diez minutos, desde su departamento en un exclusivo pent-house en San Isidro, salía para darme a mí, pequeño mortal de 1.68 cm, el encuentro en uno de las tantas estaciones de servicios dentro de Miraflores. Me sentía volar mientras entraba a su hermoso carruaje plateado. Nos vimos y fue amor a primera vista. Conversamos, nos miramos y a los diez minutos nos besamos. Besos apasionados, de lujuria y deseo carnal. Fue casi una hora en que vivimos una noche fantástica a la luz de la luna, teniendo a Miraflores como el único testigo de nuestro pecado. Las dudas jugarían su último partido días después ¿es cuando se debe vivir solo el momento o respetar nuestros ideales morales?

Le dije que tenía que ir a la casa de mi tía en La Molina, en realidad iba a dormir con Pepe. Llámenme como quieran, las cosas siempre van a pasar por algo. Casi dos horas después de lo pactado, la noche ya casi terminaba. Era obvio que iba a hacer en la casa de Pepe, muy linda y arreglada por cierto, pues pasó lo que tenía que pasar, pero algo en el trayecto no cuadraba, pues siempre me dijo que él era activo, al final los roles se invirtieron. La cuenta la pagaría horas después; primero, me tuve que ir muy temprano por la mañana; segundo, me borró de sus cuentas y finalmente, nunca más supe de él ¿qué pasó? Pensé que lo había disfrutado tanto como yo ¿acaso los miedos internos, prejuicios y la casi nula aceptación de uno mismo pesa más de algo que pudo haber sido tan precioso? Me gustó esa noche, terminó mal o quizás yo la inicié así.





Han pasado algunos días y las dudas con respecto a Carlos no han salido de mi cabeza ¿cuáles? Hay un dicho que me gusta “Dios lo crea y ellos se juntan”. Cuando un chico no te da su celular, no acepta salir una noche en un día de la semana, solo desea salir por las tardes por un tiempo determinado y siempre te dice que eres el chico más bello del mundo y que desea tenerte todo el tiempo. Hay que dudar. Hay algo que no cuadra en esa historia.

Lo cierto es que Mr. Comely no tiene por qué mentir y en todo caso yo no tendría por qué dudar o mejor dicho, yo no tendría qué reclamarle, yo comencé a jugar sucio desde un inicio. A pesar que todo lo que hicimos fue “sucio”. Lo único que me gustaría es poder convencerme con sus actos, como hasta ahora ha estado haciendo, si es que realmente me valora y cree que soy el chico de los adjetivos maravillosos. Al menos no me está mintiendo, me estaría ocultando cosas, que no creo que sea igual.

No soy tonto, sé que algo oculta, pero hasta que se pueda, seguiré jugando. Ya no me da miedo a jugar con fuego, no tengo 16 años. De todas maneras, en algún momento voy a tener que enfrentar la situación y preguntarle de cara sobre el tema de los celulares y las citas por las tardes. Quizás sean cosas mías o es porque no lo conozco bien, sí, quizás sea por eso.

La vida me ha demostrado que ya no vale la pena tomarse todo tan en serio, quizás la despreocupación en el amor sea lo más adecuado. Quizás el riesgo nunca pueda reducirse y este no sea uno de mis tantos ejercicios financieros que resuelvo en la universidad. Lo único que nos queda será la victoria o la derrota, el ganador se lleva todo.
¿Qué le queda al perdedor? Es preferible ser un perdedor realista y preparado, a ser uno ingenuo y débil quien no se va a poder levantar rápidamente de la caída. En esta vida hay que estar preparados para ambas situaciones. Yo me estoy preparando para ganar, aún así parezca que lo haya perdido todo.





¿Cuánto uno está dispuesto en seguir las reglas que la misma sociedad nos inculca, pero cuándo uno sigue sus propias reglas para ser feliz? Esa es una respuesta que iremos descubriendo a lo alargo de nuestras vidas.

-          ¡Ya vamos a danzar! – dijo Jerly, luego de dejar a los heterosexuales en sus casa, dado su madrecitas estaban muy preocupadas.
-          Sí, la noche es para la gente mayor… - sugerí.
-          Qué rico está ese brother ¿me habrá escuchado, se habrá dado cuenta de mí? – dijo Giuseppe.
-          No creo, pero fácil y sí se dio cuenta, que eres toda una loca– me burlé.
-          Espera, espera… necesito un brindis por mi cumpleaños – exigió Guillermo.
-          Por ti y los próximos 23… - dijo Giuseppe.
-          No… mejor por los próximos nuevamente veintidós ¿qué dicen? – pregunté.
-          Perfecto… como yo – mintió Jerly.
-          Por nosotros… y los próximos 23 - preguntó Guillermo
-          ¡por los próximos 23!

Lo cierto es que en esta vida, hay veces en que no necesitamos ganar en una batalla o sentir que hemos perdido otra. Cuando en realidad, lo que necesitamos son personas que estén ahí, ayudándonos a recomponernos cuando las cosas no salgan muy bien en nuestras vidas, quizás en lo académico, en lo laboral, en lo amical y hasta en el amor… algunos llaman a esas personas  familia, para algunos puede ser la familia quien les dio la vida, para otros puede ser la familia quienes ellos mismos escogieron en algún momento. Sea la etiqueta que le quieras poner esposo, novio, amigo cariñoso o punto de la noche; para mí, simplemente son mis amigos.

Aquellos con quien converso, lloro, me peleo y quiero. Aquellos que me han demostrado que en esta vida uno puede soñar y alcanzar lo que uno quiere, solo depende de uno, la dedicación y esfuerzo que pongamos. Aquellos que a pesar que las cosas no salgan muy bien, estarán para robarnos mil y un sonrisas.
Y ahí en la misma ciudad, donde hace más de cuatro años, cuatro gay miraflorinos se conocieron,  los mismos entraban a una nueva etapa en sus vidas. Vestidos de pies a cabeza de una marca que jamás pasará de moda, la amistad. No estaba soñando, era real.


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