5.13.2013

99. Esperanza de un matrimonio anunciado


Sonaban las campanas, la gente entraba a la iglesia, los invitados esperaban a la novia, el novio bastante nervioso en su podio y yo sentado en el auto hasta que me dieran la señal de poder entrar, pues sí, yo era el que me casaba con un terno blanco al igual que el cura que auspiciaba la misa.
Mientras tanto mi madre me pasaba la voz para poder entrar, una rosa amarilla en el pecho y un ramo de rosas rojas aquellas que siempre he amado. Mis amigos mirándome, mi familia llorando porque al fin ya me iba de casa, Jerly, Arturo, Edgardo y Guillermo al lado del altar. Todo perfecto como lo había soñado, hasta que se acerca Daniel, mi reemplazo en el ex trabajo.

-¿Pablo? Qué bello es este día para Evelyn ¿verdad?
-¿Qué hablas? Soy yo quien me caso.
- No digas tonterías, mira ahí viene… ¿Pablo? ¿Pablo? ¿Pablo? Ya van a ser las once de la mañana ¿vas a ir al matrimonio?

Era mi madre, era hora de vestirme e ir a la boda de mi jefa. Zapatos negros, terno negro, camisa Calvin Klein y perfume de la misma temporada. Mi padre me dejó en la puerta de la iglesia y mi acompañante no llego sino hasta cuando toda la misa termino. Así que tuve que entrar solo a la misma, ni modo. Tuve que sentarme en la parte izquierda de atrás de la iglesia donde se encontraban todos los solteros y niños juguetones de la pareja.
Días atrás me había contando una noticia no muy bonita, más bien diría trágica. Existe solo dos momentos en que un chico puede vestir totalmente de negro, la primera cuando vas a una fiesta emo con la esperanza de conocer a chicos gay simpáticos encubiertos y la segunda cuando te encubres para conocer situaciones donde ya no hay esperanza. Un funeral.
Lucio era un chico amante de la moda y principal comprador de las principales tiendas de ropa en Lima. Sin duda era un buen amigo, habíamos tenido en algún momento algunas diferencias. Lucio amaba la moda, infortunadamente amaba más velocidad en estado de ebriedad. Tocaron la puerta.

-          ¡hola! ¿Estamos listos para irnos? – dijo Jerly.
-          ¿No crees que un poco desapropiado vestir rojo en un funeral? – pregunté.
-          No, tú sabes que yo solamente voy a chismear y conocer hombres.
-          Diosito te va a castigar – dije.
-          Sí, ya me ha castigado muchas veces dejándome hombres con pene pequeños – dijo Jerly, luego tocaron la puerta de nuevo.
-          ¡Hola! ¿hola? – exclamó  y preguntó Guillermo a la vez – ¿has invitado a Jerly? – luego, solo preguntó
-          Sí, tu sabes… compromisos van vienen, lo que sea. Vamos que ya es tarde…
-          Esa ropa es demasiado inapropiada – dijo Guillermo.
Aparentemente Jerly y yo no éramos los únicos inapropiados en el funeral de Lucio, era un completo show de gente vestida como yo supongo que Lucio hubiera querido. Guillermo quería morir, no solo por el peinado que se había ido a hacer para entonar con la dolorosa ocasión sino porque todos usaban al menos un accesorio rojo. Fue entonces que le pidió el saco a Jerly para no desentonar.
-          Hagan silencio los familiares van a hablar – dije decorosamente.
-          ¿Quién es el que está al lado del micrófono? – pregunto Jerly.
-          Creo que es el primo mayor de Lucio – dijo Guillermo.
-          Delicioso, ya vengo – dijo Jerly y sin pensarlo dos veces se acerco a la familia sin conocerla a darle su más sentido pésame.
Tenia que darle algo de crédito a Jerly, pues él siempre termina siendo el más apropiado entre los tres. Un hombre fallece, es la mejor oportunidad para poder presentarse a los primos del mismo.
-          Hola ¿este es tu saco? – preguntó un apuesto joven a Guillermo.
-          Sí, gracias.
-          Es una pena lo ocurrido ¿verdad?
-          Siempre una muerte va a traer dolor – respondió Guillermo
-          ¿fuiste su amigo? –preguntó.
-          Conocido ¿viniste solo? – preguntó Guillermo.
-          Sí.

¿Guillermo queriendo tener relaciones en un funeral? Bueno lo cierto es que la situación era pasada de vueltas. Jerly iba a quedar como la perra, queriendo jilearse a los primos y Guillermo posiblemente a uno de los ex del finado ¿algo de respeto al menos?
Mientras Lucio iba dirigiendose hacia un sitio más celestial, Edgardo iba a moverse a un nuevo departamento lejos de su madre.
Fue en ese momento que me puse a pensar ¿cuánto me falta por hacer en esta vida? Posiblemente me falta lavar mi ropa, comprarme un departamento, un auto, un viaje a Egipto y terminar mi carrera… no puedo dejar de lado quizás tener una familia o llegarme  a casar.
Regresando al tema de Edgardo, esa misma tarde, luego de firmar los papeles, pudo conocer a sus vecinos. Lo saludo una señora de algunos cuarenta y tantos años, algo subida de peso que vivía al lado de él con un gato blanco.

-          Así que tú eres mi nuevo vecinito ¿solito?
-          Sí, estaré acá por algún tiempo hasta que pueda comprarme uno propio.
-          Qué bueno que venga gente joven al edificio ¡le da vitalidad al lugar! La antigua inquilina era un mujer, escritora. Era algo parca, nunca se casó. Algunos vecinos me han contado que murió acá hace unas semanas, yo estuve de viaje por eso no pude ver.
-          Oh ¿ella murió?
-          Oh sí. Las malas lenguas dicen que las ratas le comieron la cara, tú sabes, la cara ¿Así que estás solito por acá?

Esa misma noche Edgardo tuve una mala experiencia en su nuevo departamento. Se atragantó. No fue nada del otro mundo, solo que no dejó de sobre alimentar a su gato por al menos dos semanas. Sin embargo, el temor de Edgardo iba mucho más allá. Ese fin de semana,  justo después de ir a lavar su ropa, mientras caminaba por Miraflores sintió que los edificios se caían, que la gente se convertía en gigantes y que los taxis eran gaviotas. Casi lo atropellan, horas después él y yo estábamos en una conocida clínica miraflorina, Good Hope. Eso es lo malo de los taxis en Lima hay veces que no sabes si te van a salvar o matar, quizás ambos.

-          Dios… eso si que fue terrible – dijo Edgardo.
-           Ellos dijeron que fue un ataque de pánico ¿Cuál es el problema? – pregunté, mientras miraba los ojos llorosos de Edgardo.
-          Toma un segundo de tu tiempo y mira mi cara porque en mi funeral solamente podría estar mi nana que es muy anciana, mi gato que va a estar feliz y muy gordo, Jerly y Guillermo estarán jileando a mis familiares o teniendo relaciones en los baños…
-          Tranquilo… respira, respira, respira…
-          Estoy muy solo Pablo, las primeras personas que están en mis llamadas de emergencia son mis padres y no me caen y ellos viven muy lejos de acá…
-          ¿y yo no podría estar en esa lista? – pregunté.
-          ¡Pero tú ni contestas el teléfono!
-          Lo voy a hacer, te lo prometo. Mira, tú has hecho una gran elección en mudarte solo, lejos de tus padres y no vas a estar solo por siempre, de verdad…

Lo cierto es que no sabía si él iba a estar solo por siempre, pero al menos iba a ayudarlo a que no tenga otro ataque de pánico.
Continuará.


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1 comment:

  1. Me gustó mucho lo que has escrito, así que de blanco no? jajaja al menos estabas sin velo. Saludos!

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