6.30.2013

105. El Heterosexual Ebrio

- Lo agregué… de nuevo
- ¿qué hablas?- dijo Guillermo
- A Mr. Special
- ¿Quién es ese?
- No me trates así, aún sigo confundido…
- Pablo, estoy ocupado ahora… ¿puedes decirme de una vez quién es para que me dejes de llamar?
- Me maltratas… es un chico que conocí hace varias semanas atrás cuando nos plantaste por tu fiesta laboral…
- Adios Pablo…
Luego de ser ignorado por uno de mis mejores amigos y no poder contarle que Mr. Special, aquél atractivo personaje del que quedé deslumbrado hace algún tiempo atrás, había enviado un mensaje a mi correo para volver a salir, luego que lo haya querido borrar de mi vida, al creer erróneamente que no quería nada serio conmigo.

Hasta el momento, no había problemas, estos mismos comenzaron cuando entra al ruedo Mr. RL, quien es otro atractivo chico algo menos que el primero, pero que me interesó de él justo lo que no he podido encontrar en otros, esa personalidad tan fuera de lo común que me encanta en las personas.
Quizás sea un imán o quizás yo los busco, pero ambos tienen algo en particular, necesitan ayuda. Hablé con un amigo al respecto y me dijo que posiblemente internamente tenga las ganas de ayudar, de querer hacer a las personas mejor o de sentirme útil porque quizás en algún momento me hicieron sentir que no servía para nada. Hay veces que las personas dicen que cuando buscas mucho algo en particular es porque ese algo es lo que te falta y lo quieres llenar buscándolo inconscientemente.

 Mientras tomaba una PEPSI en el bus treinta minutos antes de la hora normal para llegar temprano a mis clases de la universidad, me puse a pensar sobre mi última cita, que en realidad fue un encuentro de amigos. Había salido con un chico mucho menor que yo, se llamaba Chris, lo cierto es que no creo que lo vuelva a ver, recuerdo que cuando lo conocí me dijo que andaba medio confundido sobre el amor y me hizo recordar mucho a mí cuando tenía 17 años, por ello es que salimos, graso error.

-          Cuando baje del taxi y Santiago se fue a su casa, yo llegué a la mía y fui a mi dormitorio, me puse a llorar por lo que había sucedido hoy, no me había dado cuenta que me estaba ganando el sueño, y me quedé dormido.
-          ¿soñaste algo? - pregunté
-          Fue un sueño muy extraño, estaba en una habitación blanca, tenía una cama, una televisión en la esquina y un escritorio, en el escritorio vi unos papeles del colegio, me senté en la silla que estaba  al lado del escritorio, en ese momento la puerta se abrió y de ahí salió Stefan con una toalla, se acercó , puso su barbilla en mi hombro, sus manos alrededor de mi cintura y dijo “ me gustas más cuando te concentras” me sujeto de la cintura con suavidad y me caí encima de él, luego fuimos a la cama, no me había dado cuenta que me empezó a besar los labios y después besar el cuello, en ese momento desperté, en mi mente tenía todas las ideas revoloteadas, pero había algo que sí tenía en cuenta, era un sueño, un pensamiento perdido o  muy pronto la realidad.
-          Claro, claro… y después… ¿al final salieron, fue realidad? – pregunté
-          Stefan me defendió algunas veces de chicos que querían lastimarme tu sabes en el colegio...
-          No, no sé porque siempre me he defendido, pero sigue contándome.
-          La semana pasada Stefan sin asco me preguntó si estaba con algún chico, no sabía que responderle, pero lo único que tenía que decir era la verdad, el se quedó silencioso y yo tenía imágenes del sueño que tuve con él, cuando ya venía el carro para irme, yo voltee, el dejó la bicicleta que llevaba, me agarró del mentón como queriéndome besar y al final me empujó, solo atinó a decirme “ya sabía que eras una cabrilla”.
-          Dios mío… cuánto lo lamento…
-          No espera, aún falta…
-          Recuerda tengo clases a las seis…
-          Sí, esta es la mejor parte, que en la noche en la reunión de una de nuestras amigas, lo vuelvo a ver, estaba ebrio totalmente y pues me aproveché de eso para tocarlo, me quiso pegar al principio, hasta que lo besé y tuvimos algunas cosas.
-          Interesante venganza – respondí interesado.
-          Pues, lo volveré a hacer porque creo que estamos hechos para estar juntos.
-          Él es heterosexual, sobrio nunca podría hacer eso ¿entiendes?
-          No, no, pero me besó.
-          Lo obligaste… que es diferente, lo buscaste…
-          Pero quiso ¿no?
-          Mira tengo que ir ahora a mi clase, te llamo para seguir conversando después.


Obviamente nunca más lo llamé y fue justamente su última respuesta la que necesitaba para poder comprender lo que estaba pasando con mis nuevos prospectos de citas, definitivamente habían cambiado, si bien seguían siendo fuera de lo común ahora había un factor más importante, yo estaba más seguro de mi mismo para poder escoger y sentir que no obligo a nadie a querer estar conmigo o al menos no hacer sentir eso a la otra persona. A veces, ese es el error que cometemos por creer ciegamente, sin mirar a los demás, en que podemos estar con quien queramos. Quizás debemos mirar más hacia nosotros mismo porque valemos más que un heterosexual ebrio. 


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