8.18.2013

112. Drama Gay

Iba a contar sobre la pelea que tuve con Giacomo, uno de mis mejores amigos, aquel que al gusta mucho el sexo y los encuentros fugaces, pero la verdad es que no valía la pena, había entrado a un nuevo trabajo, todo estaba yendo bien hasta el momento aunque con un poco de stress por el no saber nada y ser el nuevo de la noche a la mañana, siempre he pensado que lo distinto suele ser complicado al inicio, depende de uno si llegamos a adaptarnos a ese nuevo entorno, aunque creo que está en nuestra naturaleza hacerlo.

Hemos sido amigos por ya no sé cuánto tiempo, supongo que ya hace más de cuatro años, nos hemos pelado incontables veces y la verdad es que más que una relación de amistad, nos une una de hermandad y de dependencia que es la base para cualquier unión entre seres humanos, el quizás no sentirnos solos, aunque realmente sí lo estemos, el quizás no sentirnos tristes, aunque  realmente sí nos hagan sentir así, el quizás no querer aceptar la realidad, cuando lo real sea algo que no queramos comprender.

-          Pablo, me siento triste y lo cierto es que tú sabes que no he querido aceptarlo con nadie, solamente tu eres el que me comprende y espero de verdad con ansias el día en que pueda llegar el hombre de mi vida…
-          Tú sabes que eso no llega con facilidad, no solo es quererlo, es más…
-          Sí, yo sé, pero es que es complicado. Intento e intento, pero me muero de miedo de quedarme solo, de que este sea mi destino…
-          Hay cosas que deberás aprender a valorar más, pero esas cosas no te las puedo decir yo, uno mismo deberá darse cuenta. Por mientras, Giacomo haz lo que tu creas que es correcto como lo has venido haciendo, si ese amor de tu vida existe, te va a querer como eres, sin caretas, sin fingimientos.
El punto es que Giacomo estaba pasando por un momento complicado, usualmente los domingos eran días complicados para él porque se quedaba completamente solo en casa, Gerardo, mi otro buen mejor amigo de toda la vida periodista y hoy con barba, y yo nos quedábamos en casa porque vivíamos con nuestras familias aún. Mientras para algunos el vivir solo es un anhelo, para otros se le hace difícil no compartir su soledad.
El punto es que Giacomo venia saliendo con chicos desde un buen tiempo y le ponía tantas ganas y tantas sobre expectativas a sus citas que ante cualquier defecto o mal suceso, pues se desilusionaba fuertemente y es ahí donde creo que se origina el drama gay de muchos de nosotros. Siento que por alguna razón utópica nos apasionamos en todo lo que hacemos, inclusive en el amor y es tanto ese apasionamiento que para algunos se nos hace difícil comprender los defectos de lo que nosotros pensamos que estará bien y de lo cual nos hemos apasionado tanto.
-          Es que yo pensé que era el hombre de mi vida… - dijo Giacomo.
-          Te he escuchado esa frase ya ni me acuerdo cuantas veces… créeme no eres el único – respondí
-          ¿qué hago?
-          No lo sé… solo deja de fingir y muéstrate como eres, cada vez que sales con alguien nunca te muestras como eres y eso no está bien, si quieres empezar algo, lo mejor es que te conozcan como eres, si crees que él es el hombre de tu vida solo porque llevas saliendo dos o tres veces con él, pues estás comenzando mal.

En ese momento me puse a pensar en que el buen maestro sigue sus propias lecciones y lo cierto es que no las estaba siguiendo. Cuantas veces había caído en el síndrome del “perfeccionismo” solo por el hecho de llevar mis expectativas a la máxima expresión, quizás nunca hubo miedo, solamente una sobredosis de expectativas y un gran deseo a no querer seguir estando solo, a pesar que aún existe el cinismo de afirmar que no lo necesito por el momento.

-          Entonces ¿cómo vas? – pregunté.
-          ¿En qué?    - respondió Giacomo
-          En tus romances…
-          Pues nada, ya conocí a otro y la verdad es que ya se me pasó. Lo conocí en el baño, me agarró el culo sin descaro y me puso a mil… mañana nos volveremos a ver, obviamente ya no en los Baños de Vivanda, sino de frente en mi casa. Conste, sigo tu consejo, no pienso colocar mis expectativas en nadie.
-           Muy bien, no sabes lo reconfortado que estoy… pero tu muy bien sabes que no era eso lo que te aconsejé.
-          De nada…
-          Era ironía.
-          ¿Qué es eso?


Lo cierto es que el drama gay continuará por décadas o quién sabe quizás por toda la eternidad. El hecho es que hay una mano rosa que nos impulsa a dar una sobre expectativa sobre alguien que quizás no se lo merece, aunque suene un cliché repetirlo, pero mientras más con calma se den las cosas, creo que aún existirá la esperanza y con eso no me refiero al sexo, sino todo lo contrario a no sobre exponer nuestros sentimientos muy rápido, siempre es fácil salir lastimados y por ende, salir perdiendo, así es el drama, no queda de otra.


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