10.06.2013

113. Baños – Públicos

Para algunos sigue siendo un tabú, para otros seguirá siendo algo de todos los días, lo cierto es que hoy por hoy el cruising o ligar en cuanto sitio público exista es un práctica por muchos gay y no es de ahora, se remota a cientos de años atrás. Todo comenzaba con una mirada, un roce o quizás una palpada, suene a escándalo o no, el crecimiento económico del Perú, la construcción de malls y los adelantos tecnológicos han hecho que los gay podamos encontrar mucho más fácil algo que ya es muy común entre nosotros y se vuelva a su vez más accesible, el sexo.

Lo cierto es que mientras veía mi celular, ipod, ipad y otros artilugios tecnológicos que he podido ir acumulando en estos años he encontrado aplicaciones como Manhunt, Mister, Badoo, Bender, BoyAhoy, Gaydar, Grindr, Guyspy, VGL, Scruff, Maleforce, Flurv, entre otros, que los tengo con la esperanza que algún día se vuelvan populares, todos ellos son apps que identifican a las personas cercanas a ti y ayudan a lo más común del mundo, ligar.

-          He ido a los *“Baños de la Regla”*, tu sabes el primer piso, donde todo pasa…
-          ¿Giacomo?
-          He ligado con un hombre, churro, guapo… hicimos de todo. 
-          Ajá… ¿cómo puedes ah?
-          Es fácil, te paras al lado como si quisieras orinar, obviamente en un urinario y listo, esperas a que te la miren…
-          ¿y si soy pasivo?
-          Sí ya sé que eres pasiva…
-          No… solo quiero saber cómo funciona…
-          Ok, mira cachera te llamo después, ya salí de la ducha.

Lo cierto es que nunca me explicó y como buen gay, la curiosidad  me mataba, así que fui a investigar, lo malo es que trabajo en San Isidro y el punto es que Giacomo solo me había explicado solo de uno. Así que como aún seguía de vacaciones decidí ir a cuanto baño público se me cruce por el camino, como suelto en plaza recorría baños de Malls, supermercados, hipermercados, tiendas para el hogar cercanas… estuve casi tres horas y lo cierto es que no tuve mucha suerte, excepto en una un baño de la tienda “Sigilosa” y sí que lo era, en el segundo piso me pareció ver que alguien daba muchas vueltas para acomodarse el pantalón mientras yo trataba de orinar en el urinario, algo que nunca hago porque siempre prefiero ir a los inodoros, también me pareció raro que todos hayan estado sentados en los mismos por muchísimo tiempo sin hacer ningún ruido estomacal y en fin, quizás era mi inexperiencia o quizás era algo producido por mi imaginación, lo cierto es que pasa y si en algún momento sucede, pues yo siempre llevo protección, aunque no sé si “eso” esté permitido, dado que Giacomo solo recalcó pajas y mamadas.


Mientras chateaba con chicos asiduos concurrentes a los cientos de baños de nuestra capital, que conocí por algunas páginas que en algún momento comentaré, ellos me dijeron que si bien esta práctica se había popularizado habían muchos que no sabían aún cómo hacerlo bien y que quemaban el lugar, he aquí los pasos para no llegar a ese punto: sé espontáneo, si no llega, no llega y es mejor que salgas del lugar, andar como una momia viviente por todo el baño no ayuda a nadie y busca otro; sé paciente, ir apurado a tratar que todos liguen contigo puede que no resulte, es mejor que tomes las cosas con calma y vayas despacio si ambos no se miraron pues lo mejor es que busques a otro y siempre una mirada, vale mucho más que solo mostrar; finalmente sé inteligente, protégete siempre, lleva un condón en la billetera uno nunca sabe qué puede pasar, si las cosas llegan a más y se terminan encerrando en “un inodoro”, mejor vayan a un lugar más cómodo, al menos que ese sea el morbo que te mueva. En mi caso, mi familia me enseñó que nunca debo decir nunca, la vida me ha enseñado que nunca debo de cerrar posibilidades a nada y ese es el nunca que sí se puede decir.


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