2.16.2014

A escondidas


Joshua y Gonzalo iniciaron su relación en octubre del 2008. Cada sábado iban al mismo parque y se sentaban debajo el mismo árbol. Se quedaban hasta altas horas de la noche, contemplando el oscuro cielo limeño, sin estrellas pero acogedor.

Ambos se esforzaban para que nadie en la facultad se diera cuenta de la relación.  El principal preocupado era Joshua. Su formación extremadamente católica no le permitía sentirse completamente cómodo con su sexualidad.

Cuando cumplieron un mes, Gonzalo le regaló un peluche y una carta con un poema. Para variar de escenario, salieron a Miraflores y entraron al bar Etnica. En el bohemio lugar, había un cuarto al final de un angosto pasadizo, donde a veces organizaban muestras fotográficas o artísticas. Como encontraron el lugar vacío, entraron y se besaron un par de minutos.

Ese instante parecía eterno, pero la noche no fue perfecta. Gonzalo esperaba más. Para empezar un regalo, pero también deseaba que pudieran pasar más tiempo juntos a solas.  Ese día caminaron por el romántico malecón mirando el mar y se sentaron en una banca.

Joshua estaba cansado y se acomodó en el regazo de su novio. De pronto, pasó un grupo de adolescentes en patines. Uno gritó sorprendido: Miren, son dos hombres;  a lo que su amigo respondió: No importa, es normal.

Gonzalo no se preocupó, pero Joshua se levantó inmediatamente y mostró su incomodidad. Decidieron cambiar de lugar y llegaron a unos juegos para niños. Se sentaron en dos columpios que estaban juntos y por instantes se tomaban de la mano.

-Gracias por el día Gonzalo.
-Pero no pudimos estar solos.
-Ya tendremos tiempo, todo a su momento.
-.Sí, eso creo.
-.Creo que eres muy impaciente.
-¿Eres virgen?
-No, lo hice con el chico del coro con quien estuve, en un viaje.
-¿Cómo fue?
-No siempre el sexo es lo que uno espera.
-¿Te hizo doler o algo así?
-¿Por qué me preguntas todo eso?
-Disculpa, no es que  quiera todos los detalles.
-Cuando sea el momento, podremos estar juntos.
-Disculpa. Quizás soy virgen, pero siempre sospeché que era muy sexual.
-jaja ya te lo dije Gonzalo, no siempre el sexo es como uno espera.


Hasta ese momento,  el mayor nivel de intimidad en su relación fue un día que Joshua metió su mano por debajo del short de Gonzalo, subiendo hasta tocar su verga. Solían recurrir a este tipo de juegos cuando las muestras de afecto encendían sus instintos. 


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