2.09.2014

El primer beso


Hace seis años, la universidad absorbía la vida de Gonzalo. Llevaba por segunda vez el curso de informática (el único que había repetido en su vida), y le tocó compartir el aula con Joshua, un joven alto, de cabello castaño, ojos café y lentes.

Su apariencia intelectual y sencilla atrajo la amistad de Gonzalo desde un primer momento. Aunque no compartían muchas clases, se juntaban más de una vez a la semana para almorzar o estudiar.

Cuando entraron en confianza, Joshua reveló su afición por el canto. Él había formado parte del coro de su iglesia durante más de diez años, hasta que decidió alejarse para dedicar más tiempo a la universidad. Pero no era su única habilidad relacionada a la música, también sabía tocar el piano y el violín.

Gonzalo no tenía ninguna virtud artística en particular que pudiese compartir con su nuevo amigo, pero un día que salieron al centro comercial sintió que podía hacerle una confesión sobre otro asunto.
-Quería contarte algo, pero no sé cómo empezar.
-Vamos, dilo nomás, nadie está escuchando.
-Soy gay
Luego de un minuto de silencio, Joshua sonrió y respondió:
-Yo también.
-¿Desde cuándo lo sabes?
-Bueno, sospechaba desde que era chibolo pero luego estuve seguro cuando pasó algo con un chico del coro.
-¿Se lo dirías a tu familia?
-No, ni loco, mi padre me mataría ¿Y tú?
-Yo creo que algún día tendré que decirlo, pero no estoy preparado.
 -¿Te habías dado cuenta de mí?
-No, pero quizás nos hicimos amigos por algo…

A la semana siguiente, caminaban por el parque que estaba a la vuelta de la casa de Joshua y se sentaron a conversar detrás de un árbol, en un lugar donde no podían verlos fácilmente.
-¿Cuál es tu tipo de chico Gonzalo?
-No tengo un estándar, creo que mis gustos son variados.
-Quizás no estás seguro, pero ya te darás cuenta.
-Sí, eso creo.
-¿Y a ti? ¿Cómo te gustan?
Joshua no respondió la pregunta. Tomo con su mano la mejilla de Gonzalo, se acercó y lo besó



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