2.23.2014

Ocaso de verano

Gonzalo se sentía bien en pareja, pero esperaba más. Un día se le pasó la mano y marcó accidentalmente el cuello de Joshua. La única solución para disimular el vergonzoso suceso fue usar una bufanda en pleno verano, y funcionó .

Pero como la suerte no siempre está de nuestro lado, un día el hermano de Joshua encontró una carta que dejaba al descubierto su furtiva relación

-El otro día no sabes lo que pasó Gonzalo. Mi papá fue a mi cuarto y me preguntó si era gay. Seguro mi hermano le contó lo de la carta.
-¿Qué le dijiste?
-Que no.
-Bueno, era una opción.
-Cuando pones esa cara es porque piensas otra cosa.
-No.
-¿Qué querías que le dijera?
-Es tu decisión.
-No entiendes.
-Sí entiendo.
-¿Entonces?
-No te pido nada.
-Quiero irme a casa.
-¿No vamos a ir al parque?
-No hoy.
-¿Por qué?
-Me duele el estómago
-Ok.

Joshua tenía una familia un tanto particular. Era el segundo de cuatro hermanos. Su hermana mayor se había casado recientemente y vivía en Tacna. Su hermano estudiaba en otra universidad y su hermana menor aún estaba en el colegio. Pero el principal problema era el padre: Machista, conservador y bígamo.

Gonzalo pensaba que la religión y la música le habían servido a Joshua para escapar de ese contexto familiar. Nunca se lo dijo.

El ciclo de la universidad acabó y Gonzalo consiguió sus primeras prácticas preprofesionales en el gremio de empresas exportadoras de espárragos, gracias a los contactos de su padre.

Joshua iba y venía de Tacna esos meses. Fue un raro San Valentín, con una breve llamada solo alimentó la insatisfacción de Gonzalo.


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