4.13.2014

Un pequeño detalle


Gonzalo quería ser libre e inconstante, pero era de los que no olvidaba la tarea, o no salía de casa si tenía exámen al día siguiente aunque hubiera terminado de estudiar.

Era una especie de paranoia respecto al fracaso. Y es que todo el tiempo intentaba demostrar que podía ser mejor que los demás. Era como un hambre de reconocimiento convertido en obsesión.

Toda su vida se había sentido diferente, no solo por su sexualidad, sino porque además siempre fue el nerd y el hombre de menor estatura en su clase.

Gonzalo medía 1.52m, pero seamos prácticos y digamos un metro y medio. Esto nunca había sido un impedimento para correr o bailar -y menos aún para sacar buenas notas-, pero no era un tema menor cuando se trataba de acercarse con un interés más que amical hacia otra persona.

Él nunca olvida que cuando estaba en tercer año de secundaria una amiga muy cercana le dijo un día en el recreo, tocando su mejilla y tomándolo desprevenido: Ojalá fueras más alto. No obtuvo respuesta, solo una mirada de desconcierto y un nudo en la garganta invisible a simple vista.

"¿Gonzalo está guapo últimamente no? Solo le falta carro y ser más alto", le dijo un amigo hace poco. En esa oportunidad, solo se dibujó una falsa sonrisa en su rostro.

"La próxima vez que intentes conquistar a una chica, si te dice que eres muy bajo repóndele: Sí, y los bajitos somos malvados. A ellas les encanta eso", le dijo un de sus profesores en la universidad que le llevaba solo unos centímetros. Gonzalo se preguntó si eso se aplicaba también a los chicos.

Por último, no olvidemos el refrán que siempre repite su madre: "Lo mejor viene en frascos pequeños, pero también el veneno".


Share:

0 comments:

Post a Comment