6.08.2014

118. Sincera Confesión


Hoy en la mañana decidí ser honesto conmigo mismo, quizás sea una etapa de reflexión, de filosofía, de drama o de una simple pérdida de tiempo.

-          Hola Jerly
-          ¿Cómo es eso que terminaste con Carlos?
-          No terminé porque nada empezó…
-          ¿Cómo te sientes?
-          Me siento bien…
-          No me mientas, cuéntame.
-          Tú sabes que me va a durar algunos días como mis relaciones promedio.
-          Pablo, solo cuéntame.
-          No es que me sienta raro porque haya terminado con Carlos, sino…
-          No me vengas con orgullos, sincérate.

Pues así lo hice, creo nunca antes habíamos hablado tanto Jerly y yo sobre un tema amoroso mío, sin que él interrumpiera sobre los suyos, nunca antes me había desnudado tanto y es que me resisto a pensar que Carlos y yo íbamos a tener algo más que salidas nocturnas, pero lo que sí tengo que reconocer es que él revivió el lado más tierno, me hizo conocerme, me hizo dejar más claro mis limites y revivió algo que pensaba había dejado de lado. Una relación con él era imposible, él lo sabía y yo también, acercar o alejar la fecha de caducidad no tenía importancia.

Tengo que reconocer que sí quería volver a vivir ese drama tan adictivo del que siempre me quita largas horas del día y de los que me dedico a escribir y es que sí, sí quiero una vida de dramas, de excitación, de angustias, de pasión, de belleza y de intensidades. Quiero una vida de emociones y de novela, pensé que Carlos iba a ser la persona con quien vivir esos dramas y es que no hay peor daño que borrar un sueño.
Aún así y todas mis complicaciones elevadas al cien tuve un pensamiento, quizás no es que yo no sea para Carlos, lo más probable es él no sea para mí, desde un inicio lo supe y quise correr el riesgo para vivir mi dramática experiencia y así quizás sentirme un poco más vivo. Luego tuve otro pensamiento, quizás no es que necesite un hombre para toda la vida, quizás algunos chicos como yo nunca podrán ser atados, quizás su libertad sea más grande que el propio ego de tener a alguien para toda la vida y ser “felices por siempre”, quizás lo que necesite sea alguien igual de indomable como yo, alguien igual de dramático como yo, alguien igual de libre o quizás aún más que yo, para encontrarnos un día de invierno por la tarde y correr tan lejos y fuerte posible, igual de fuertes para desvanecernos en la neblina citadina.

Luego tuve otro, último y extraño pensamiento, MAIN lo recordé y se me vino a la mente lo que una vez me dijo un sábado por la noche, pues era simple él no sabía que era el amor y nunca iba a aprenderlo, lo entendí perfectamente algunos años después, nunca me lastimó que él no supiera amar y que no quisiera aprender, era yo, era yo quien no sabía amar y quien no quería aprender. Era yo quien por miedo ocultó sus sentimientos y los congeló, para que Carlos llegara y le enseñara aunque sea un poco como mostrarlos. Lo entendí, no sé amar y aún no me queda claro si es que quisiera aprender, no sé amar y es que no sé si eso se deba aprender. Lo único que sé es que estas etapas de sinceras confesiones o de conversaciones conmigo mismo, no hacen nada bien para mi tiempo y para el de Jerly, al menos aprendí un poco más de mí y quizás un poco más de un antiguo amor.


Share:

1 comment: