6.01.2014

Eligiendo el taxi

Eran las cinco de la mañana. Gonzalo y Mariano salían de la discoteca cansados y sobrios. Cerca al parque Kennedy, se dispusieron a tomar un taxi.

- No, ese no Gonzalo.
- ¿Por qué?
- Tenía pinta de delincuente, feísimo.
- Ay, te pasas.
- Ese creo, está guapo el taxista.
- ¿Ese es tu criterio de selección?
- Sí.
- Zorra, ni que te lo fueras a tirar.

Diez minutos después de dar vueltas y de compartir algunos dilemas existenciales, eligieron la movilidad.

- ¿Qué tal la pasaste Gonzalo?
- Bien, aunque estoy un poco cansado.
- El chico al que me agarré estaba en algo.
- Sí, estaba maso.
- Había un hombre que me estaba mirando también, pero era viejo y encima calvo.
- Qué feo.
- Te hubieras agarrado a alguien. Un chico te estaba mirando cuando fuimos al segundo nivel.
- No me di cuenta. Qué webón.
- No era guapo, pero tenía pinta de ser pingón jajaja

Gonzalo no frecuentaba discotecas gays. Con Mariano, ya tenía compañía. Y comenzó a conocer más cosas de ese mundo que hasta entonces era casi un misterio.

Cada vez se sentía menos celosos de los chicos de iban en grupo y hacían grandes círculos en la pista de baile. Las salidas de los viernes o sábados en la noche se hicieron más comunes.



Quizás algo seguía faltando, pero al menos Gonzalo ya tenía alguien con quien compartir su experiencia homosexual, sus problemas amorosos, en fin, un poco más de la vida.
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