6.29.2014

Saúl

Habían pasado dos meses desde la renuncia de un compañero de la oficina de Gonzalo. Ese lunes llegó Saúl, de contextura gruesa, mirada profunda y ojos cafés.

Su sitio quedaba frente al de Gonzalo y por ello fue inevitable que empezaran a conversar. En un mes, se había ganado su confianza, tanto así que un día casualmente le confesó sus preferencias sexuales.

Pero, de todo lo que le contaba Gonzalo, eso no fue lo que le llamó más la atención a Saúl.

-¿En serio eres casto? No puede ser.
-Es verdad.
-¿Ni siquiera con una chica?
-No.
-Bueno, creo que eso explica muchas cosas.
-¿Cómo así?
-Tu forma de ser, la inseguridad.
-Bueno, no estoy desesperado.
-Es porque no has tenido sexo. Una vez que lo consigas, siempre lo vas a buscar.

Saúl era normalmente discreto respecto a su vida amorosa, pero resultó que al final con sus 29 años se había casado dos veces. La primera por una locura de la juventud y la segunda en un matrimonio que duró un año.

Cuanto más conocía a Gonzalo, más le hacía recordar a un persona muy cercana.

-Yo tenía un amigo gay que era como tú, me haces recordar tanto a él. Falleció hace dos años en un accidente. Manejaba a toda velocidad en la carretera y se mató.
-¿Su familia sabía?
-Sí, su padre era militar, pero al final tuvo que aceptarlo. Me acuerdo que un día fuimos a la marcha del orgullo y le tomé unas fotos muy pajas. Hasta ahora me cuesta creer que se fue a los 27.

Gonzalo escuchaba a Saúl, pero había muchas cosas que aún no comprendía. Sobre todo, cuando hacía ciertas predicciones de su vida sexual.

-Creo que en el fondo eres una perra. Cuando ya no seas virgen, te tirarás a muchos, y cuando tengas una pareja estable, lo seguirás haciendo.
-Te pasas para decir esas cosas.

-Es cierto. Lo que necesitas es una buena chucha o una buena pinga.


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