1.18.2015

123. Juegos Absurdos


Era un día soleado, decenas de personas aparecían de muchos rincones de la ciudad, estendían sus toallas, se echaban bronceador, disfrutaban del sol, el mar y los cuerpos que en algunas ocasiones habían sido trabajados perfectamente y mientras tanto yo los veía desde el balcón de mi casa, pensando que ya había comenzado una nueva temporada donde no sé por qué siempre suelen pasar cosas inesperadas, oficialmente era verano y yo no era de los que había trabajado su cuerpo perfectamente, pero sí había madurado lo suficiente para poder enfrentarme a un nuevo verano de intrigas, nuevas interrogantes y posibles retos.

Hace algunos meses Arturo Jr. uno de los pocos amigos que pude hacer en la universidad, cuando aún estudiaba, me presentó a uno de sus primos. Nada tendría de malo este hecho si es que el primo no hubiera sido gay y se hubieran conocido algunos años atrás por la conocida red social gay Manhunt. Lo cierto es que desde un inicio Arturo, aún no sé con qué intención quiso unirme a él. No puedo negar que todo entra por los ojos y es que estar parado al frente de un chico que tiene todo lo que uno puede esperar físicamente de otro, pues lo único que le queda a mi cerebro es gritar silenciosamente "hey mírame estoy aquí para ti ¿me harás caso?" Lo cierto es que cualquier persona normal hubiera expuesto esos sentimientos al quedarse solo con el chico de sus sueños, pero lo cierto es que los complicados chicos como yo, no lo hacemos y preferimos rechazar oportunidades de aceptar el amor idílico. 

Una vez una psicóloga me dijo que yo era de esa clase de chicos que tenía miedo a temer. No lo comprendí y preferí rechazar la ayuda profesional para solucionar yo mismo mis problemas personales, tuve que esperar algunos años para darme cuenta de qué se trataba. 

El chico que me presentó Arturo Jr. se llamaba Renato y era ese tipo de chico muy sobrado, algo presumido, orgulloso y bastante seguro de si mismo al que todo chico complicado con un sin fin de problemas mentales son gusta. Quizás no era el físico lo que me gustaba sino esa actitud desafiante que brotaba en cada paso que daba, la misma actitud que quería dominar y quería que se convirtiera en una de mis tantas novelas. Renato nunca me hizo caso y es que fueron muchas las veces en que lo desairaba y de una u otra manera lo dejaba de lado por ocuparme de otros "asuntos", sin embargo este desinterés no era gratuito, se debía a que Renato siempre terminaba escogiendo al peor "asunto" de la disco para usarlo por un momento y dejarlo como llavero colgando de sueños e hinchados de auto-estima, pues eso me enfurecía porque quería ser yo quien forme parte de esos "asuntos", sin embargo mi ego, mi orgullo, mi dominio y el poder que ejerzo sobre mi mismo no me lo permitían y me iba por el camino más absurdo, sin ningún resultado importante, el de demostrar que también podía ser igual o más basurilla que él y casi siempre me salía bien.

Estos juegos absurdos en los que me vi enredado cada vez que lo veía, quizás solo provocaron que sienta más curiosidad por él y esa actitud estúpida, pero uno sabe cuando hay esa química o conexión fantasiosa en la que las miradas pueden más que lo que realmente pasa, hicieron que me gustara, es difícil aceptarlo, pero es la verdad. Lamentablemente los juegos son solamente eso y siempre tienen un final, pero sobre todo tienen un ganador y un perdedor, no quisiera mencionarlo, porque ya es un cliché, pero el que se ilusiona pierde y yo no quería ser una vez más el perdedor de los muchos juegos en donde he participado o me he visto forzado en participar.

El juego termina definitivamente con la intervención de un árbitro sexual, en este caso, siempre es bueno tener un amigo lo suficientemente sexual para que te saque de los juegos fantasiosos y comiences a pisar tierra. Jerly hizo que el juego terminara acostándose con él y desenredando una tras una cada una de las fantasías que yo pensé Renato tenía, no solo en lo sexual sino también lo físico. Mi curiosidad cayó reducida solo a una y es quizás la única que mantendré en lo posible, oculta. Siempre se dijo que Renato besaba muy bien, pero lo lamentable de este hecho es que le dije, en un arranque, que jamás lo besaría, no me arrepiento. Al menos esta vez mi cinismo y mi absurdo miedo a ilusionarme me defendieron de alguien del que era obvio jamás iba a ser para mí.


En este juego no hubo un ganador ni un perdedor, pero sí muchos daños, yo terminé creando una careta de odioso y él una careta de indiferente. Nunca más volvimos a salir juntos con Arturo Jr. Yo puse la excusa que lo odiaba y él la excusa del ignorarme. Definitivamente no les recomiendo participar en estos juegos, aveces suelen ser divertidos, pero nunca terminas sacando nada bueno. Lo mejor es ser sincero con uno mismo desde el inicio, mostrando y expresando cuáles son tus sentimientos sin tener miedo al miedo que se siente al rechazo, que suele ser muy doloroso a veces, pero que al menos no te deja con una espina incrustada en la garganta cada vez que vez jugando a tu oponente en situaciones en las que no te gustaría encontrarlo. 

Muchas veces en el mundo donde vivo la gente prefiere ocultar estos sentimientos por el mismo hecho que los demás también lo hacen, pero de este juego al menos salí aprendiendo a reducir mis niveles de orgullo o temor para demostrar a los demás que también soy humano y que me pueden gustar sin tener que besarlos primero. No volveré a jugar estos juegos absurdos, porque aprendí que puedo valer mucho más una opinión que se aleja de lo que realmente soy.



Share:

0 comments:

Post a Comment